Tabaré Vázquez: el hombre al que pocos le dicen “no” que asumirá el domingo 1º por segunda vez la
Presidencia de la República

Es a todas luces un outsider de la política. La mayor parte de su vida pública había estado relacionada con la medicina luego de haber nacido en un hogar cuyo jefe era un modesto empleado de la petrolera estatal Ancap. No tuvo la escuela de José Batlle y Ordóñez (hijo de un presidente) ni de Julio Sanguinetti (ministro a los 33 años), los otros dos uruguayos que lograron dos mandatos como jefes de Estado.
Sin contar la Presidencia del club de fútbol Progreso y algunas otras actividades menores, a los 49 años Tabaré Vázquez aún no era un político.
Por el contrario: la oncología, la familia y la pesca con amigos ocupaban la mayor parte de sus energías vitales.
Pero todo cambió cuando comenzó a recorrer Montevideo en 1989 y, en contra de la opinión de la mayoría de los más experimentados políticos, entre ellos el propio general Líber Seregni, casi de manera mágica se convirtió —un socialista en plena crisis del socialismo— en el primer intendente montevideano del Frente Amplio, una coalición que poco antes había sufrido una fuerte escisión encabezada por otra figura oriunda de La Teja: Hugo Batalla.
El Vázquez que ya con 65 cumplidos llegó a Suárez y Reyes el 1º de marzo de 2005, además de sobrevivir al palacio de ladrillos de 18 y Ejido y a las muchas tormentas que se desataron 100 metros más abajo, en la sede del Frente Amplio, había atravesado dos derrotas como candidato presidencial: en 1994 frente a  Sanguinetti y en 1999 ante Jorge Batlle.
También se había revelado como un gran seductor, un hombre al que resultaba difícil decirle “no”.
Su carisma, la mayor crisis económica en años (una de las causas fundamentales para el desplazamiento de colorados y blancos del poder) y el crecimiento de la izquierda a escala continental ayudaron a que se convirtiera en el primer presidente de la historia electo por el Frente Amplio.


Muchos de los dirigentes de los partidos fundacionales pensaban que en sus manos de oncólogo, el gobierno directamente sería un desastre y que no podría conducir la nave del Estado. Incluso en la propia izquierda no pocos lo veían como un mesías autoritario, caprichoso y poco confiable desde el punto de vista ideológico. Él mismo entró a su nuevo puesto como si estuviera “pisando huevos”, porque si bien contaba con apoyos tan variados y pesados como la Iglesia católica, la masonería, un ex gerente de la Texaco (su primer ministro de Industria, Jorge Lepra), el movimiento sindical y los jefes de los principales partidos del Frente Amplio sentados en su gabinete, el desafío pudo parecer superior a las propias fuerzas que, se suponía, poseía.
Aunque se ganó enemigos a izquierda y derecha, Vázquez salió con alta popularidad gracias a la economía y una institucionalidad en orden.
Y si bien proclamó que su “biblia” serían la Constitución de la República y el Programa de Gobierno del Frente Amplio, pronto advirtió que no era Dios, ni un rey y no pudo cumplir con todas las promesas. De hecho, sus máximos logros, como el Plan Ceibal, salieron de una galera a propuesta del presidente del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu), Miguel Brechner, y no figuraban en los guiones previos antes del estreno.
En cambio, el Vázquez que llegará a Suárez el próximo domingo 1º, donde se siente más cómodo que en la Torre Ejecutiva, no tiene sector propio (se desafilió del Partido Socialista y no creó su propio grupo) pero cuenta con una experiencia y una seguridad en sí mismo de las que carecía cuando ocupó la Presidencia por primera vez. Esa veteranía en el cargo, que solo Batlle y Ordóñez y Sanguinetti pudieron exhibir antes, ha permitido que en esta instancia ya no sea tan importante el auxilio de los hermanos masones, de los curas salesianos y, hasta cierto punto, de los propios partidos.
El gabinete designado por Vázquez a escasas 48 horas de haber ganado el balotaje al senador Luis Lacalle Pou ha respetado cierta proporcionalidad política al interior del oficialismo, pero está basado en el propio criterio del presidente. Tan es así que Vázquez hizo la presentación pública de su novel gabinete antes de que muchos tuvieran tiempo de presentar todas las “carpetas rojas” con los currículums de los aspirantes.
Vázquez iniciará el segundo mandato con su probada “guardia vieja”, que, como él, carece de mayor fidelidad sectorial (Miguel Ángel Toma en la Secretaría de la Presidencia, Víctor Rossi en Transporte, María Julia Muñoz en Educación, Marina Arismendi en Desarrollo, Rodolfo Nin Novoa en Cancillería, Danilo Astori en Economía y Jorge Basso en Salud). Asimismo, contará con un grupo de técnicos “nuevos” que tampoco responden de manera estricta a los aparatos partidarios, aunque sean seguidores de Mujica, de Astori o de otros.
Una categoría especial parecen constituir los casos de Defensa e Interior. Dejar a Eleuterio Fernández Huidobro es una muestra de pragmatismo ante las Fuerzas Armadas, por más que eso les cause dolores de cabeza con algunas ONG promotoras del revisionismo sobre lo que ocurrió durante la dictadura militar que terminó hace tres décadas. Con el dúo compuesto por Eduardo Bonomi y Jorge Vázquez en Interior ocurre algo similar, por más que es evidente el nivel de máxima confianza que mantiene con su hermano.
Vázquez espera que el equipo encabezado por Bonomi y su hermano mejore la gestión policial y el combate a la delincuencia. En particular, el próximo presidente tiene como una de sus obsesiones la lucha contra la venta de drogas, el lavado de dinero y la corrupción, sobre todo a partir de la experiencia brasileña.
El Vázquez de 2015 mantiene algunas de sus características personales y políticas de antaño: se ha mostrado ordenado y algo distante, con don de mando y sin demasiada exposición pública, preocupado por la sobriedad y la discreción. Eso es exactamente lo contrario a José Mujica, el internacionalmente venerado caudillo tupamaro que el domingo 1º dejará el piso 11 de la Torre Ejecutiva y bajará a un supuesto “llano” en el Senado. “Supuesto” porque el presidente saliente ha advertido que seguirá tratando de imponer su fuerza política con su abultada bancada de parlamentarios a cuestas.
El presidente que llega con 75 años cumplidos es a la vez, según diversas fuentes políticas consultadas por Búsqueda, un hombre mucho más flexible y menos autoritario, más reflexivo y más permeable a las ideas ajenas que aquel que se estrenó en 2005.
Aunque dio señales claras de su capacidad de mando cuando la designada ministra de Industria, Carolina Cosse, quiso trancar fuerte con Astori en la designación del vicepresidente de Antel, durante la última reunión del futuro gabinete en el comando del Hotel Four Points dio muestras de mayor apertura al promover la discusión sobre la situación en Venezuela.
Las tensiones que produce el comienzo de la cuenta regresiva de 60 meses seguramente irán acentuando un aspecto u otro.
Vázquez aspira a mejorar las condiciones en la residencia presidencial de la avenida Suárez, donde mantiene un pequeño despacho en el cual sus interlocutores entran de a uno, casi como en un confesionario.
Vázquez, a diferencia de Mujica, es muy respetuoso de las formas y gusta de la compartimentación que caracterizó su estilo de conducción, pero también ha demostrado que combina seducción, método de “ordeno y mando” con cierta apertura a la discusión de los temas, algo más extraño en el pasado.

· Batllismo del siglo XXI. El veterano Vázquez quiere construir un gran pacto social que establezca políticas de Estado para 25 años. Para eso sedujo a no pocos batllistas, pero busca lograr aliados más allá de los propios partidos y a diferencia del que gobernó por primera vez, ahora quiere dejar un sello de mayor perdurabilidad en al menos tres áreas básicas: educación, infraestructura y política exterior.
Durante el discurso que ofreció en Maldonado durante el acto por los 44 años del Frente Amplio, mostró preocupación por la herencia política.
“¿Alguien se imagina un Universo sin un sol para iluminar la tierra? Imposible. ¿Alguien piensa que puede existir el Uruguay sin el Frente Amplio? Imposible también”, dijo entonces. Vázquez sostuvo que el Frente Amplio está ingresando en una nueva etapa de renovación. Por eso pronosticó que para el 2020 su generación, que comparte con Mujica y Astori, ya estará fuera de la carrera política y deberá dedicarse a apoyar a la nueva camada. Para Vázquez, esos relevos no pueden hacerse a “dedazo ni empujones”.
Fue el último discurso político partidario antes de asumir por segunda vez la Presidencia de la República. Después de agradecer a los militantes presentes por el apoyo en la última campaña, Vázquez dijo que la fecha no era importante únicamente para los frenteamplistas y destacó tres grandes generaciones en la historia de la coalición de izquierda. “La primera, la pionera, fundamental en la resistencia a la dictadura y para la recuperación democrática. Voy a nombrar a dos queridísimos compañeros: Liber Seregni y Juan José Crottogini”, dijo Vázquez. La segunda, representada por los dirigentes que lograron la llegada de la coalición al gobierno nacional. “Es la generación de ‘Pepe’ (José Mujica), de Danilo (Astori). Es mi generación y de tantos otros queridos compañeros que hoy están trabajando fuertemente por nuestro querido Frente Amplio”, explicó.
“Es la vida y no quiere decir que los que estamos en esta generación abandonemos a nuestro Frente Amplio. Estaremos ahí al firme apoyando a los nuevos y queridos compañeros de la tercera generación”, dijo.
Aunque, en teoría, su nuevo “buque insignia” será un Sistema Nacional Integrado de Cuidados, la gran apuesta es a cambiar de raíz el sistema educativo en crisis y a preparar aún más la infraestructura del país para competir, con “cautela estratégica”, en un mundo donde se pasa del “amiguismo ideológico al pragmatismo según los intereses del país”.
Los más optimistas piensan que el carácter y la capacidad de gestión de María Julia Muñoz, sumados a la solvencia técnica del subsecretario Fernando Filgueira, harán lo suyo en Educación, y que Víctor Rossi logrará dar un vuelco en las obras fluviales, aéreas y carreteras necesarias para que la producción salga a costos razonables hacia los mercados mundiales.
Vázquez confía en esas viejas piezas de su equipo pero también tiene preparado un relevo capacitado y joven de cuño socialista en el que destacan Álvaro García (futuro director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto), el vicecanciller  José Luis Cancela, el subsecretario de Ganadería, Enzo Benech, y el propio Filgueira.
Con esa “nueva barra”, Vázquez confía en volver a ordenar la casa y avanzar, como propone el programa.

 

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