Editorial

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Nº1940 - al de Octubre de 2017
Adela Dubra

Harvey Weinstein, de 65 años, era uno de los pesos pesados de Hollywood y del cine independiente. Además de haber subido a recibir varios Premios Oscar a Mejor película, es considerado el padre del cine indie y responsable de haber catapultado la carrera de directores como Steven Soderbergh. Casado hace muchos años, padre de cinco hijos, producía películas junto a su hermano. Decidía qué actriz iba a triunfar. Era amigo de gente con mucho swing como Quentin Tarantino.

Este año, The New York Times viene haciendo hincapié en reportajes sobre acoso sexual. Los editores se acercaron a dos periodistas y les dijeron: “¿Qué historia sobre abuso aún no se ha contado?”. El hecho de que Harvey Weinstein era un acosador de mujeres era un secreto a voces que llevaba 30 años rumoréandose. Las periodistas investigaron cuatro meses y el 5 de octubre publicaron su informe; The New Yorker también hizo uno propio.

En tres semanas, Weinstein fue hundido: lo despidieron de su propia compañía The Weinstein Company, su mujer lo dejó, el sábado, en una reunión de emergencia, la Academia de Cine de Hollywood, que entrega los Premios Oscar,  lo expulsó. Sus asesores, su hermano, sus amigos, todos salieron a decir públicamente que merecía toda la condena. Las primeras acusaciones sobre acoso han ido escalando y hoy tiene dos denuncias de violación. Su hermano Bob Weinstein aseguró que no tenía idea de “la clase de depredador que era”. “Tengo un hermano que está loco y es indefendible”, dijo Bob. “Quiero que reciba la justicia que se merece”.

El hombre tenía un patrón: citaba a una actriz joven a su hotel, supuestamente para hablar de trabajo. La esperaba en bata, le pedía que le hiciera un masaje, o que lo mirara ducharse, o le practicaba sexo oral sin su consentimiento. A Louisette Geiss le dijo que lo mirara masturbarse. Las que lo rechazaron aseguran que después sus carreras se vieron perjudicadas. Las citaba en el Peninsula Beverly Hills, el Savoy en London, el Hôtel du Cap-Eden-Roc cerca del Festival de Cannes en Francia y en el Stein Eriksen Lodge, cerca del Festival de Sundance.

Ashley Judd fue de las primeras en salir a decirlo públicamente, pero se han ido sumando otras, como Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie. Hasta este momento son más de 30 las mujeres que lo acusan, la mayoria diciendo que pasó cuando eran muy jóvenes y estaban empezando en sus carreras. Hubo desde secretarias hasta actrices, que accedían a sus favores sexuales a cambio de promesas para impulsar sus carreras profesionales.

Weinstein era muy generoso con todos, corrían los dólares o los ramos de flores. Pero, además, tenía todo muy bien orquestado: les daba trabajo a personas que pensaba podían ir contra él. Y también le daba mucho dinero a otra gente poderosa. 

Entre lo mucho que se ha escrito estos días vale la pena leer el artículo How Men Like Harvey Weinstein Implicate Their Victims in Their Acts (Cómo los hombres como Harvey Weinstein involucran a sus víctimas en sus actos) de The New Yorker. Hay que detenerse un momento en el relato de la actriz Asia Argento. Le dijeron que había una fiesta de Miramax, pero la recibió él solo en la suite del hotel. Le ponderó su trabajo. Salió del baño solo con un robe de chambre y crema. Cuando ella, a regañadientes, accedió a hacerle un masaje, él la forzó y le practicó sexo oral mientras ella le rogaba que frenara. “Fue una pesadilla”, contó ella al periodista Roman Farrow. Tiempo después ella accedió a su insistencia y terminó teniendo sexo consensuado con él en muchas ocasiones. Ahora Argento dice que el sexo oral para ella está “arruinado” y que ella se ve a sí misma como “estropeada”.

Jia Tolentino, de The New Yorker, escribió: “El caso ilumina la muy común realidad de ser una mujer joven con un deseo de triunfar, actuar, y agradar a otros, que es tomada como carnada por un hombre poderoso de su ámbito laboral, un hombre que apunta a usar su posición de una manera que afecte la carrera de ella”. Como dice la periodista, no hay manera de salir bien de un cuarto de hotel con Harvey Weinstein. Siempre vas a salir jodida. 

El caso puso sobre la mesa el hecho de que ya de por sí, la ecuación de la industria del cine es así. Oscura. Mujeres jóvenes y atractivas poniéndose frente a hombres que las juzgan y las eligen. Weinstein era un hombre fuerte psicológica y físicamente; ahora se sabe que tuvo episodios en los cuales golpeaba a alguien y aunque hubiera 30 fotógrafos esa foto no aparecía en ningún lado. Mucha gente trabajaba para él, y otra tanta esperaba hacerlo algún día. 

¿Va a cambiar Hollywood? Probablemente. Las compuertas se abrieron y estos días Instagram y Twitter están inundadas de mensajes de mujeres que usaron el hashtag #MeToo para difundir que sufrieron acoso o abuso sexual alguna vez. La campaña traspasó el mundo del cine y Bjork y Courtney Love también salieron a hablar.

Una vez más, el periodismo norteamericano demuestra que goza de buena salud y que sigue teniendo músculo para meterse con peces gordos y personas influyentes. Prepárense, señores grandotes y con poder: les llegó la hora.

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