Una nueva generación se abre camino en la zona más cotizada de la costa

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Elena Risso. Fotos: Leo Barizzoni

Es el lugar más exclusivo de la costa esteña. Turistas de todo el mundo se acercan hasta José Ignacio al inicio de cada temporada a descansar en sus playas, probar las opciones gastronómicas, y relajarse al caer el sol en casas o posadas. Algunos se alojan en el “el pueblo”, como lo llaman sus habitués, y otros llegan por unas horas desde diferentes lugares del Este.

Año a año, la Ruta 10, a la altura del kilómetro 183, es uno de los puntos más visitados de Maldonado. Pero el movimiento empieza tres kilómetros antes, sobre la laguna de José Ignacio, y se extiende otros diez, hasta la laguna Garzón, límite con Rocha. Hoy José Ignacio va más allá de las manzanas que componen la parte tradicional o histórica del viejo pueblo de pescadores. También la zona de La Juanita. ubicada un par de kilómetros antes, y los campos del otro lado de la ruta, que guardan chacras marítimas y urbanizaciones, son particularmente codiciados por uruguayos y extranjeros.

Lejos del lujo y la ostentación, en general quienes eligen José Ignacio buscan una opción rústica y el contacto con la naturaleza. No están bien vistas las fiestas ruidosas hasta altas horas de la madrugada, ni las luces estridentes, ni las bocinas, ni las marquesinas desproporcionadas.

Tratando de mantener esa línea en sintonía con la naturaleza y con la historia del lugar, jóvenes de la zona llevan adelante distintos emprendimientos. Algunos nacieron ahí, otros llegaron de la mano de sus padres, que años atrás impulsaron otros proyectos, y hay quienes lo hicieron a través de conocidos. Hoy forman parte de una nueva generación que tomó la posta, tratando de reconvertir viejas propuestas familiares o de promover nuevas iniciativas. 

Se conocen entre sí y algunos fueron compañeros de la escuela rural de la zona. Otros fueron y vinieron, y ahora de adultos eligieron afincarse en ese lugar de la costa esteña que resulta tan atractivo para los visitantes. Con algunos de ellos conversó galería, para conocer de primera mano en qué consisten sus propuestas para seguir construyendo la historia de José Ignacio.

Fiona Pittaluga y Maite Artagaveytia

Fiona Pittaluga

Cofundadora y directora del Festival de Cine de José Ignacio y socia de la productora Delfaro José Ignacio, 30 años

Cuando Martín Pittaluga llegó en 1993 a José Ignacio con el restaurante Eufrasio y la estación de servicio de Ancap, se inició el vínculo de Fiona con el pueblo. Su padre —uno de los dueños de La Huella— llevó adelante distintos proyectos en la zona y ella poco a poco fue vinculándose cada vez más al lugar.

Estudió cine en Buenos Aires y Nueva York, fue una de las creadoras de la productora Roberto Me Dejó Films y en 2011 fue una de las fundadoras del Festival de Cine de José Ignacio, que con los años se ha convertido en un clásico del verano. Este año —junto a su novio y socio en el festival, Martín Cuinat, y su amiga y wedding planer Laura Cóccaro— fundaron Delfaro José Ignacio, una productora de eventos culturales, comerciales y sociales. 

Fiona entiende que quien elige concretar proyectos en José Ignacio debe adaptarse a la “identidad” del lugar, manteniendo los “códigos locales”. “Hay que cuidar muchísimo la escala, para que José Ignacio siga siendo lo que es más allá del paso del tiempo y la evolución”, dijo a galería. Para eso, explicó que hay que respetar “de verdad” las ordenanzas vigentes y no buscar “la trampa”.

Maite Artagaveytia

Encargada de la cantina del Club del Mar y organizadora de eventos, 30 años.

Este año, con dos socias, se hizo cargo de la cantina del Club del Mar de José Ignacio, una urbanización de cien casas a la entrada del pueblo. Tenía antecedentes en ese rubro, porque junto a Nuria Ferro y Roxana Lorda hace un tiempo que abrieron en Montevideo la cafetería La Tienda de Chela. Además, con ellas, organiza eventos sociales y gastronómicos en la costa.

Maite llegó a José Ignacio siendo una niña de la mano de su padre Guzmán Artagaveytia, uno de los dueños de La Huella. De chica iba en verano, y a medida que fue creciendo comenzó a dividir su tiempo entre Montevideo y José Ignacio, donde trabajó en La Huella y también en La Caracola, el otro restaurante que tiene su padre junto a Marín Pittaluga. Vivió un tiempo en México y después abrió su emprendimiento en Montevideo.

La semana pasada inauguró la cantina del club, un proyecto que intenta mantener la línea estética y de calidad del pueblo. “Hay mucha fuerza de los vecinos para mantener José Ignacio con su esencia. Y eso lo mantienen las nuevas generaciones, para no volverlo un lugar como Punta del Este o La Barra. Es algo que nos transmitieron nuestros padres: hay que mantenerlo lindo y cuidado”, dijo a galería.

Fernando Gómez

Centro cultural Ferona, 37 años.

Conoció José Ignacio hace un tiempo por amigos. Hace cuatro años dejó su Buenos Aires natal —donde tiene un pub y un restaurante— y se instaló a vivir en La Juanita, para alejarse del ruido y el movimiento intenso de la capital argentina.

Hace dos años abrió Ferona, un espacio que define como un centro cultural, que combina gastronomía, arte, espectáculos, música y diseño. Ubicado en la calle Albatros, con vista sobre el bañado y la laguna de José Ignacio, abre sus puertas todos los días a última hora de la tarde hasta entrada la noche. Asegura que a ese lugar concurren personas de todas las edades, desde jóvenes de 20 hasta mayores de 70, que llegan a escuchar espectáculos de tango, y de todos los sectores sociales. “Trato de darle cultura musical al pueblo”, dijo a galería.

Fernando intenta que la decoración y el movimiento de Ferona guarden relación con el lugar en el que se encuentra. Además, él trata de contribuir con el medio ambiente, porque una de sus pasiones son los árboles y por eso está constantemente plantándolos en los alrededores de Ferona.

Joaquín Ruibal

Inmobiliaria Ruibal y centro cultural y gastronómico La Excusa, 29 años

Su relación con José Ignacio comenzó antes de nacer, cuando su padre Ignacio, uno de los pioneros del lugar, fundó Inmobiliaria Ruibal. Pasó su infancia en el pueblo e iba en pony a clases en la escuela rural. También por línea materna tenía relación con Maldonado porque su abuela, la argentina Patricia Cook, fue una de las primeras impulsoras de chacras marítimas de la zona y también responsable de Country Cook en Punta Ballena. 

Durante un tiempo, Joaquín vivió en Buenos Aires, donde se recibió de administrador de empresas. Al terminar sus estudios volvió a Uruguay y llevó adelante distintos emprendimientos, algunos relacionados con la producción y distribución de alimentos de calidad.

Este año, además de estar asociado a su padre en la inmobiliaria, abre las puertas de La Excusa, un emprendimiento gastronómico y cultural en la calle Las Garzas, frente a la plaza de José Ignacio. Allí habrá cerveza artesanal, tragos, picadas y pizzas gourmet, en un ambiente relajado en el que se podrá escuchar música, practicar yoga o participar en otras actividades culturales. La iniciativa busca mantener la esencia del balneario, en sintonía con la naturaleza y respetando el medioambiente.

Fernando Gómez y Joaquín Ruibal

Diego Machado

Restaurante Popei, 35 años

A Nibio Machado le decían “Popeye”. Cada día salía a pescar en su barco de vela —para no gastar en combustible— llevando en la cabeza un gorrito blanco. Nacido en José Ignacio hace 78 años, Popeye era un pescador artesanal que llevaba pescado a los restaurantes de la zona, hasta que en 1991 decidió abrir su propio local, que bautizó con ese apodo. Ahora está retirado de la pesca y del restaurante, y el timón del emprendimiento gastronómico lo tiene Diego, su hijo menor. 

Diego nació en San Carlos porque era el hospital que quedaba más cerca, pero al día siguiente volvió al pueblo. Estudio en la escuela rural de José Ignacio, en el liceo de Punta del Este, después incursionó en la gastronomía y viajó por el mundo. Hace cinco temporadas se hizo cargo del restaurante al que le hizo un cambio de imagen que ahora se llama Popei. “Se ajustaron algunas cosas al negocio familiar, sin perder la línea: que se siga comiendo rico, en familia, con precios accesibles para la zona”, dijo a galería.

Desde niño trabajó en el restaurante, primero ayudando a lavar copas, y a medida que fue creciendo cumpliendo distintas tareas. Después de un pasaje por la cocina hoy es el encargado y cara visible del lugar ubicado en Los Tordos y Las Garzas. Considera que es difícil frenar el crecimiento de José Ignacio y por eso cree que lo importante es intentar que el desarrollo del pueblo se haga de manera ordenada, tomando en cuenta las ordenanzas vigentes y los pactos no escritos que tienen que ver con respetar la iluminación y la discreción en la cartelería.

Juan Aispuru

Aispuru Bienes Raíces, 32 años

La relación de Juan con José Ignacio comienza con su abuelo, Manuel, que era capataz de campos de la zona. Sigue con su padre, José Luis, que nació ahí, aprendió el oficio de carnicero en Punta del Este y luego volvió a su pueblo natal, donde fue casero de Mirtha Legrand y después abrió la carnicería Manolo, uno de los lugares más característicos de José Ignacio. Al igual que ellos, él también nació y creció en ese lugar de la costa. Asistió a la escuela rural del pueblo, y durante seis años viajó a diario en ómnibus hasta Punta del Este para terminar el liceo.

Si bien desde chico estaba cerca de su padre en el comercio —que se llama así en homenaje a su abuelo—, a él le interesaba el negocio de la compra y venta de terrenos y propiedades. Con 20 años empezó a trabajar en una inmobiliaria de la zona y después abrió la suya en la calle Golondrinas y Cisne, al lado del almacén y carnicería que hoy atiende Gastón, su hermano mellizo.

Juan, que también integra la Liga de Fomento de José Ignacio, entiende que las nuevas generaciones tienen la “obligación” de cuidar al pueblo para mantener viva la esencia del lugar, algo que hicieron sus antepasados. “José Ignacio es sabio, la gente se aggiorna y heredamos el compromiso de cuidarlo. No pierde su identidad porque las nuevas generaciones tenemos el mismo compromiso que tuvieron nuestros padres”, dijo a galería.

Diego Machado y Juan Aispuru
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