Videojuegos: cada vez más uruguayos convierten un hobby en su profesión

Jugar para ganar

8min
Nº1950 - al
Florencia Pujadas

Estuvo más de dos horas para conciliar el sueño. Intentaba de descansar pero no podía dejar de pensar en movimientos, trucos y metas. Juan Ignacio Abdon sabía que al día siguiente tenía que competir contra un equipo mexicano y tenía miedo de fallar. Para calmar su ansiedad, se levantó y caminó hasta el dormitorio de uno de los cuatro compañeros con los que vive hace dos años. Todos estaban acostados. Volvió a su cuarto y dio vueltas en la cama hasta que logró dormir. 

A las 10 de la mañana sonó su despertador y corrió al comedor. Se sirvió un vaso de agua, prendió la computadora e inició sesión para jugar a League of Legends, el videojuego creado por Riot Games que está entre los más populares del mundo. Mientras esperaba que cargara una nueva partida, se colocó sus grandes auriculares azules y revisó WhatsApp para ver cómo estaba su familia. Es que hace dos años el joven uruguayo se mudó a Chile para convertir su pasatiempo en una profesión: se convirtió en jugador profesional de videojuegos. 

Abdon, que en el mundo virtual se hace llamar Manta Rraya, es uno de los dos uruguayos que forman parte del equipo de League of Legends en Chile (el otro es Jorge Pera) y compite en representación de América del Sur en torneos mundiales. Pero su pasión por los videojuegos comenzó por diversión. “Empecé a jugar con amigos en los ratos libres que tenía mientras iba al liceo en 2010”, cuenta el uruguayo, hoy de 23 años. “Solía jugar en ligas individuales y amateur, pero enseguida comencé a subir mi nivel”, recuerda. Siempre compitió en League of Legends, un juego en equipos formados por cinco personas. Al principio no conocía a sus compañeros y se acostumbró a estar en grupos con desconocidos.

Mauricio Reyes, Santiago Martínez y Rodolfo Pinto, integrantes de Dank Memers, equipo ganador en la final de la Copa Movistar del videojuego League of Legends disputada en mayo en Montevideo

En 2013, sin embargo, surgió la oportunidad de participar en torneos presenciales en distintas partes de Latinoamérica. “Eran campeonatos amateur, pero te premiaban con plata y empecé a hacerme conocido”, cuenta Abdon, quien formó un equipo con otros uruguayos para competir. 

Solía reunirse con sus amigos y practicar hasta quedarse dormidos. Los juegos se transformaron en su pasatiempo favorito y, a la vez, una forma de ganar dinero. Un año después, la empresa que creó el videojuego comenzó a organizar torneos profesionales en América Latina. “En ese momento exploté en el ránking”, dice Abdon y asegura que luego de eso se transformó en el “número uno en toda la región”. 

Por eso, decidió abandonar el último año del liceo y armó, junto a un grupo de amigos, la primera gaming house de Uruguay. En estas casas, nuevas por aquí pero populares en otras partes del mundo, viven jóvenes que acondicionan el lugar pura y exclusivamente para jugar a videojuegos. “Tres uruguayos, un compañero de Perú y otro de Mar del Plata vinieron para formar un equipo regional”, cuenta Abdon. Los resultados del intenso entrenamiento empezaron a notarse: el grupo ganó torneos en Argentina, Chile y Estados Unidos. “Pero el equipo duró poco. Luego de hacernos conocidos, partimos los caminos y yo me fui a otra gaming house en Buenos Aires”, dice el uruguayo. No fue una buena experiencia. 

El equipo no consiguió un buen ránking y Abdon regresó a Montevideo para terminar el liceo. “No tenía pensado seguir como gamer, pero enseguida me llamaron de Chile para que fuera a trabajar a otra gaming house”. Entonces, comenzó a profesionalizarse. Para poder competir en una liga oficial de Riot Games se mudó a la casa en la que vive actualmente. Junto a Abdon hay otros cuatro extranjeros que mensualmente reciben un sueldo que está pautado y controlado por la empresa estadounidense. 

“A los jugadores nos contratan los equipos que tienen que estar clasificados en la liga regional. Además de recibir dinero por cada torneo, Riot Games le paga a cada grupo”, cuenta Abdon que, al mismo tiempo, recibe dinero de otros sponsors. “Algunas marcas interesadas en los videojuegos nos pagan por publicidad en nuestra indumentaria”, explica.

Juan Ignacio Abdon convirtió su pasión por el juego League of Legends en su profesión

Un hogar de gamers. Abdon vive en una casa de dos pisos junto a sus compañeros. Ideada para albergar a los jugadores profesionales, tiene más de siete dormitorios en los que los integrantes del equipo duermen, practican y pasan sus ratos libres. Con el uruguayo, además, vive el técnico del grupo y un analista que estudia el desempeño de los jugadores en cada partida. También trabaja un cocinero y una limpiadora, que se encargan de mantener el hogar en orden. “Lo único que tenemos que hacer es jugar”, resume Abdon. No es un trabajo fácil.

Los jugadores profesionales tienen que estar de siete a ocho horas frente a una computadora. Todos los días compiten con otros equipos para evaluarse y mejorar su rendimiento. “Es una tarea muy sedentaria, por eso nos recomiendan hacer ejercicio”, cuenta Abdon. Además del salario de Riot Games, los jugadores pueden ganar dinero por jugar partidas online. De hecho, este uruguayo está acostumbrado a jugar frente a miles de espectadores.

Los fanáticos de los videojuegos tienen la posibilidad de entrar a sitios como Twitch.tv y ver el desempeño de los expertos en distintas partidas. Sin importar la ubicación geográfica, usuarios de todo el mundo pueden sentarse frente a una computadora y, simplemente, observar a los profesionales dentro y fuera del juego. Además, pueden unirse a chat grupales y ver la respuesta en vivo del jugador, que participa a través de una cámara web. 

“Siempre contesto en las conversaciones para ayudar a otros jugadores amateurs”, cuenta Abdon. Aunque el sitio transmite de forma simultánea los movimientos del gamer dentro y fuera del juego, eso a él no lo incómoda. “Estoy concentrado en la partida y me olvido que puede haber miles de personas viendo lo que estoy haciendo”, cuenta el uruguayo, quien también recibe un comisión por la cantidad de visitas y emisiones diarias que realice. 

Un espectáculo. Raquel es una jugadora brasileña amateur que se presenta en Twitch.tv (página de videojuegos) como Paracetaamor. Es nueva en la plataforma y poco se sabe sobre su desempeño en League of Legends. Sin embargo, hay más de 15.000 personas que miran su partida un lunes de diciembre a las 23 horas. Según cuenta a sus espectadores, hace dos días que intenta subir de nivel, pero no es una tarea fácil. Por momentos se traba y se pone a cantar en inglés. Aunque la música no tiene nada que ver con la partida que juega, el chat con los espectadores se llena de mensajes donde le piden que siga. Al principio algunos están asombrados, pero luego continúan la conversación y el desempeño de la joven pasa a un segundo plano.

Según el representante de la Asociación Uruguaya de Juegos, Federico Pérez, esta escena demuestra que las partidas en vivo son un espectáculo en sí mismas. “El objetivo es entretener a la audiencia”, opina Pérez. A pesar de que hay fanáticos que siguen a jugadores profesionales por lo “bien que juegan”, la mayoría se entretiene por la personalidad del gamer. “Muchos se enojan cuando hacen un mal movimiento, se ríen en los chats grupales o escuchan los consejos de los espectadores”, apunta Pérez. 

En Uruguay la mayoría de los jugadores son amateurs. Por esta razón, la asociación crea ligas nacionales, torneos presenciales y eventos para los fanáticos. Además, promueve el patrocinio para los equipos que buscan profesionalizarse. “Hay mucho potencial que está desaprovechado en un país en el que es común juntarse a jugar a videojuegos”, dice Pérez.

Hace un par de años, un grupo de amigos que se reunían a jugar al fútbol virtual creó la primera liga de videojuegos del país. Desde entonces, la Federación Uruguaya de Fútbol Virtual se convirtió en una agrupación que reúne a 6.000 personas para jugar. Por lo general, hay partidos tres veces por semana y los jugadores se miden en tres categorías, integradas por casi 50 clubes. 

Al igual que en el deporte real, existe una Primera División con 16 cuadros y dos divisiones más bajas. Los equipos, además, están compuestos por 11 usuarios reales que se desempeñan en un puesto específico y que pueden ver su rendimiento en YouTube. Luego de que terminan los partidos, la federación sube los resúmenes de los partidos a YouTube. 

La explosión nacional. En 2010, por el crecimiento de la industria, la Universidad ORT sumó la licenciatura en Animación y Videojuegos. Entonces, el mundo virtual recién comenzaba a ser rentable. Juan Ignacio Abdon estaba a punto de empezar a competir en torneos amateurs y a la empresa de videojuegos Ironhide Game Studio le faltaban meses para abrir sus oficinas. "Había un terreno fértil para futuros trabajadores", asegura el coordinador de la carrera, Alejandro Erramún. Desde la primera generación, la cantidad de estudiantes “aumentó más de 200% y hoy hay al menos 50 alumnos por grupo", asegura Erramún.

Por el avance de la tecnología y la apertura de nuevas oportunidades laborales, muchos jóvenes uruguayos comenzaron a interesarse en el mundo de los videojuegos. "De forma casi equitativa, mujeres y hombres con distintos perfiles quieren convertirse en desarrolladores o programadores", cuenta el coordinador de la carrera, que se enfoca en el diseño, el arte y la producción. 

Según la experiencia, los hombres tienden a enfocarse en la programación y concepción del videojuego mientras que las mujeres se concentran en el área creativa. "Es un trabajo en el que se complementan los perfiles", explica Erramún. “La mayoría de las mujeres suelen enfocarse en el área creativa mientras que los hombres suelen dedicarse a la programación”. De esa manera “se forman equipos que se complementan y mejoran los productos uruguayos”, concluye.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.