8 de marzo

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Nº1960 - al de Marzo de 2018

Fue el acto público con mayor concurrencia de los últimos años. Sin banderas, sin discursos, sin proclamas partidarias, sin vencidos ni vencedores o festejos épicos. Nada de eso fue necesario para reunir en paz a cerca de 300.000 personas en la principal avenida de Montevideo. Alcanzó una fecha elegida previamente: 8 de marzo, y un motivo valedero: la reivindicación de los mismos derechos para las mujeres que para los hombres.

Hace exactamente un año que esa marea de gente sacudió la sosegada y siempre amortiguadora sociedad uruguaya. Algo muy importante está pasando, coincidían todos por aquellos días. Ahí no importaba ni la política, ni la religión, ni mucho menos el fútbol, los tres principales causantes de las guerras históricas y de las contemporáneas, siempre protagonizadas por hombres. Importaba la conciencia colectiva y un reclamo que se había iniciado como minoritario y que ahora se desarrolla como una verdadera revolución exitosa.

Marcha por el Día de la Mujer 2018. Foto: Nicolás Der Agopián

Fue la mujer la causante de tanta pasión y convicción popular. Al igual que hoy, un año después, es la mujer, esa que habita en forma mayoritaria nuestro mundo aunque hace siglos que se lleva la peor parte, la que genera uno de los compromisos más colectivos que asume la sociedad uruguaya en décadas.

Darse cuenta de este momento histórico es lo que nos parece importante destacar desde esta página editorial de Búsqueda. Hace 46 años que nos encargamos de procurar analizar la realidad desde nuestras convicciones más profundas pero también con la mirada periodística que nos caracteriza. Y por eso sentimos primordial decirles que estos son tiempos de suma relevancia para los uruguayos.

La libertad es nuestra trinchera y tenemos la certeza de que con todo esto se ha logrado un avance en su defensa. Es la mejor concepción de la libertad la que se está imponiendo con la lucha que iniciaron un conjunto de feministas y que hoy reivindican 300.000 personas en la calle. Igualdad para ser libres, reclamaban, y terminaron demostrando que, en las sociedades sanas, lo justo se termina imponiendo. De a poco, pero crece.

Libertad a las mujeres para poder decidir sobre su cuerpo y disponer de él de la misma forma que lo hacen los hombres, sin por eso ser condenadas socialmente ni catalogadas como si estuvieran tomando decisiones sobre algo que no les pertenece.

Libertad para que puedan elegir a su pareja basándose en sus preferencias, sentimientos y convicciones y para decidir terminar con la relación cuando les parezca necesario, sin tener que someterse así al riesgo de ser golpeadas o asesinadas por personas que representan lo peor del pasado y siguen viviendo en él.

Libertad para poder ejercer sus profesiones y sus oficios de la misma forma que lo han hecho los hombres por cientos de años y con las mismas remuneraciones salariales.

Libertad para ser feministas y gritarlo en la plaza pública y reclamar un lenguaje inclusivo y hablar de la igualdad de género y cuestionar cada una de las costumbres sociales y culturales centradas en el hombre.

Libertad también para no serlo y defender a las madres que se quedan en su casa a criar a sus hijos y que deciden abandonar su carrera profesional porque creen que así es mejor.

Libertad para ser iguales, sin más distinciones que los talentos y las virtudes, como establece la Constitución de la República.

Foto: Nicolás Der Agopián

Los uruguayos siempre reivindicamos que fuimos los primeros en América Latina en instaurar el voto femenino y en habilitar el divorcio y que tuvimos a las primeras egresadas de las carreras universitarias a las que en el resto del continente accedían solo los hombres.

Hoy estamos lejos de ser la vanguardia pero los tiempos están cambiando. Tenemos una vicepresidenta mujer, que reivindica su condición de ser la primera en su cargo en la historia aunque no se define como feminista. Desde ese lugar, al que llegó luego de la renuncia de un vicepresidente hombre, Lucía Topolansky pide que no haya “una guerra de géneros” y defiende los avances de la sociedad uruguaya en materia de igualdad entre hombres y mujeres.

En una entrevista con El País publicada el domingo 4, Topolansky explicó que cuando habla de “defender a la mujer” se refiere a la “igualdad” y que le gustaría que su pasaje por la Vicepresidencia de la República generara un hecho “simbólico” que empujara a más mujeres a ocupar los principales cargos de poder.

Ojalá que así sea. Que los principales lugares los ocupen los mejores hombres y las mejores mujeres y no solo hombres como hasta ahora, y que estar a cargo deje de ser sinónimo de “ponerse los pantalones”. Que la libertad siga creciendo como esa marea humana que se agita con cada luna del 8 de marzo, porque solo una sociedad libre puede ser más justa e igualitaria. Para eso seguiremos apoyando esta lucha, tratando de que nunca se transforme en una guerra.

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