Boarding House Reach, de Jack White

Apueste y gane

2min
Nº1964 - al de Abril de 2018
F. S.

Recuadro de lo nuevo en discos

¿Qué pasa cuando un tipo que adora controlarlo todo decide juguetear un poco? Pasa el tercer disco de Jack White. A medida que se suceden los temas de Boarding House Reach (Sony, 2018) va quedando claro que las intenciones del ex White Stripes son variadas y van desde el rock de estadio (la canción que abre el disco, Connected by Love) al rap funk de vieja escuela (Corporation y Ice Station Zebra), pasando por delirios electrónicos en clave vintage.

Si algo ha caracterizado la música de White es su pasión precisamente por los sonidos retro, focalizada sobre todo en el blues y en el rock de los 70, con su fuzz y su groove. En este disco, White produce y toca batería, guitarra, bajo, teclados; canta y rapea, exponiendo en el proceso una rica paleta de recursos tanto en la producción como en los arreglos. Una paleta que deja claro que tiene otros registros mas allá de los conocidos.

El disco cruza el melodrama que tienen algunos interludios con un cierto aire Beastie Boys en los temas más rítmicos, de la oscuridad a la luz en dos canciones. También hay lugar para momentos más abstractos como Hypermosophoniac, en donde el funk se funde con el jugueteo torcido de los sintetizadores. Si es por tener, hasta hay espacio para el “spoken word” y los guiños al Prince de Purple Rain.

Por encima de todo, un sonido gordo, lleno de fuzz, deudor del rock clásico, usado aquí para vestir canciones que solo podrían haber sido compuestas en el siglo XXI. Un sonido que es llevado al extremo de rotura analógica. Gente tocando canciones en una habitación, la batería ocupa el espacio que le dejan los arreglos y a veces hasta se empuja con los riffs para luego desaparecer como una serie de ruidos electrónicos. Cuando se muestran, las guitarras son retro y la “sobreproducción” (coros femeninos, cuerdas y ruidos) aparece solo en puntos elegidos, por lo general de arreglos despojados y minimalistas.

El principal reparo podría ser que esa búsqueda por romper el molde, por escapar del patrón hard blues de los White Stripes (y de sus vecinos Black Keys), logra que algunos temas tengan cierto aire inconcluso. Quizá sea el precio que White paga por ser un control freak intentando mostrar cuán diverso puede ser un disco que, partiendo del rock, el funk y el blues, llega a muchos sitios distintos.

En cualquier caso, poner el foco en eso sería injusto con Boarding House Reach y sus logros, que superan ampliamente cualquier reparo. White es un artista de rock completo, que no teme salirse del molde, que arriesga y que en este disco, sin dudas, gana.

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