Cardenal Daniel Sturla: “Al uruguayo le cuesta mucho expresar lo religioso”

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Nº1957 - al de Febrero de 2018
Elena Risso

El cardenal Daniel Sturla abre la puerta del Arzobispado de Montevideo y despide a dos veinteañeros que están haciendo el curso de novios para que los case por Iglesia. Son una pareja de exalumnos del Juan XXIII, una institución muy ligada a la vida de Sturla, primero como alumno y después como director. Por eso, en medio de una agenda cargada de obligaciones y reuniones, Sturla se hace un tiempo para casar a algunos jóvenes a los que conoció en su pasaje por ese centro de estudios.

Sturla es la cara más visible de la Iglesia local y tiene un perfil muy alto. Sus declaraciones aparecen con frecuencia en los medios de comunicación, donde opina sobre temas de actualidad cada vez que le preguntan. En poco más de una semana, por ejemplo, elogió la movilización de los autoconvocados de Durazno y arremetió contra lo que considera la imposición de una “ideología de género”, hecho que enfureció a movimientos feministas con los que tiene previsto reunirse en estos días para intentar calmar las aguas.

La semana pasada se entrevistó con la cúpula del Pit-Cnt en la sede de la central sindical, algo que ya ha hecho en otras ocasiones. A lo largo de estos años, se reunió con cámaras empresariales, partidos políticos, instituciones sociales, asistió a actos del Partido Comunista, a otro en memoria de soldados caídos a manos del Movimiento de Liberación Nacional en 1972, y también dialogó con integrantes de la Asociación de Familias de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans y Homoparentales del Uruguay.

En el tiempo que lleva al frente del Arzobispado, Sturla intentó sacar a los católicos de sus casas. Para eso organizó las multitudinarias jornadas de rezo del rosario en la rambla del Buceo, donde intentó sin éxito que se permitiera colocar una estatua de la virgen María. También promovió la colocación de balconeras alusivas a la Navidad, lideró una activa campaña en redes sociales, y viene llevando adelante acciones en los barrios periféricos de la ciudad para desmitificar la idea de que la Iglesia Católica solo representa a los sectores más pudientes de la sociedad. Por todo eso, su contacto frecuente con los jóvenes se ha ido limitando y cada vez es menor el número de parejas a las que puede casar. Según sus cálculos, no son más de 15 al año.

El martes de Carnaval, Sturla recibió a galería en la sede del Arzobispado, en la calle Treinta y Tres, donde reside desde hace algunos años. La casa está vacía, porque el personal concurre de tarde. Dice que eso responde a motivos económicos. Esos recortes también parecen afectar las instalaciones de la imponente construcción, donde algunas paredes lucen descascaradas. La casona, que se conecta con la Catedral Metropolitana, conserva intactos muebles de distintas épocas, entre las que se destacan dos sillas traídas por Mariano Soler de Tierra Santa a principios del siglo XX.

Sturla tiene 58 años y es sacerdote salesiano desde 1987. Es licenciado en Teología y tuvo un rol muy activo en el Movimiento Tacurú y en el Juan XXIII. Es profesor de Historia de la Iglesia en el Uruguay en la Facultad de Teología, autor de varias publicaciones y de dos cartas pastorales. 

Después de la reunión de autoconvocados de Durazno, usted destacó el sentido de“unidad nacional” de la movilización. ¿Qué le llamó al atención?

Vivimos en una sociedad que se va fragmentando y esto fue una movilización obviamente defendiendo los intereses propios, pero donde la bandera nacional era lo que primaba, donde había productores de distinto tamaño, trabajadores del campo y donde lo que se dijo no era tanto con un color partidario sino planteando una situación. Y además, los autoconvocados, o sobre todo los primeros, tuvieron un fuerte sentido de querer hacer algo pacífico. Y ese campo que quedó absolutamente limpio después de que estuvieron 40.000, 50.000 personas, es una señal muy importante para el país.

¿Por qué destaca el hecho de que haya quedado limpio el predio?

Acá en Montevideo hicimos el rosario (de Bendiciones para la Familia) en la rambla del Buceo con 15.000 o 20.000 personas, se fueron y parecía que no había pasado nada. Es una cultura del cuidado y tiene que ver con eso que dice el papa Francisco de cuidar la casa común, de ser conscientes de lo que hacemos con la naturaleza, con los lugares públicos, es parte de una responsabilidad. Hemos crecido en la consciencia, pero hay lugares de la ciudad que realmente dan pena. Y ahí todavía hay una cultura del descuido. En ese sentido estas manifestaciones han sido re positivas.

¿Le sorprende la adhesión que han tenido las convocatorias a los rosarios?

Me sorprende por un lado, pero por otro lado refleja que hay una necesidad de Dios, una necesidad de espiritualidad muy grande en mucha gente. También en barrios populares. Este año estuve en el Cerro, en el Barrio Lavalleja, en 40 Semanas. La respuesta de la gente fue muy grande, hicimos cerca de 40 bautismos en la costanera del Arroyo Miguelete. Hay una necesidad de Dios muy fuerte tras esa capa agnóstica o laicista que muchos uruguayos tienen. 

Hace cuatro años, dijo a Búsqueda que había una preocupación en la Iglesia Católica por la disminución en la cantidad de católicos en los barrios de Paso Molino hasta Santa Lucía, porque iban menos jóvenes a parroquias y había menos casamientos. También dijo que eso tenía que ver con problemas de comunicación en la Iglesia. ¿Cambió en algo la situación?

Ese sigue siendo el gran desafío para la Iglesia Católica en Montevideo. En este momento tenemos una Iglesia Católica muy viva en la costa y en el Prado y una Iglesia Católica a la que le cuesta más llegar a las barriadas populares. Llegar con el mensaje del anuncio evangélico, porque en esas barriadas populares hay muchas obras sociales de la Iglesia Católica, pero la dimensión más religiosa es la que cuesta comunicar. Pienso, por ejemplo, en Aparicio Saravia entre Maroñas, Bella Italia e Instrucciones. Ahí hay una densidad de presencias católicas muy fuertes: obras sociales, Tacurú, oficios Don Bosco, Casa Luna, Los Pinos. Pero a la hora de la presencia en la misa, ahí está muy flojo. Muchos participan en las obras sociales pero después la dimensión religiosa la buscan por otros lados. Quiere decir que la Iglesia no llega con un lenguaje accesible. Estamos trabajando en eso fuertemente.

¿Por dónde tendría que ir ese lenguaje?

Creo que tendría que ir por un lenguaje accesible y también por una cultura que necesita mucha cercanía. Una Iglesia grande, medio fría, donde la gente no se siente bien recibida, donde la parte musical no está acorde con el sentir de la gente, creo que no llega. Estamos trabajando para hacer encuentros más pequeños, donde la gente se sienta más partícipe, donde la gente asuma los cantos como propios. Es un cambio que queremos hacer y en algunos lugares se está haciendo.

En esas zonas lejos de la costa ustedes compiten en el mercado, por decirlo de alguna manera, con otro tipo de iglesias que cada vez tienen más presencia. ¿Ellos sí saben llegar con el mensaje?

Hay cosas que hay que aprender de otras iglesias que sí han llegado. Hay iglesias que son excelentes, que hacen un anuncio de Cristo y que ayudan a la gente a salir adelante de situaciones de dificultad. Y después están los grupos que, aunque tengan nombre de iglesia, son más tipo secta que pueden engañar a la gente. Hay grupos evangélicos que llegan con un mensaje más cercano a la gente y tenemos que aprender de ellos. No para competir, sino porque mucha gente se siente más identificada con la Iglesia Católica pero encuentra que ha estado lejos de ella en lo religioso.

La Iglesia tiene relación con centros educativos como Los Pinos o el Liceo Jubilar, instituciones que son criticadas por algunos sectores porque se consideran elitistas y porque rechazan que empresas que los financien después descuenten impuestos. ¿Qué opina?

Esas críticas son ante todo injustas. El bien que le hacen las instituciones esas son fantásticas. No tienen nada de elitistas, han ayudado a salir adelante a cantidad de chiquilines e incluso a su familia. A mí lo que más me gusta de la experiencia del Jubilar es que los padres han pedido un liceo para adultos. Eso significa que se crean vínculos virtuosos: los chicos que salen adelante empujan a sus padres a hacer todo un camino de crecimiento cultural. Más que criticar, acercarse y conocer. Los Pinos en ese sentido hace un trabajo buenísimo, porque invita a gente de muchos sectores políticos y gremiales a visitarlo. Hace poco Richard Read dijo que era el Harvard o algo así de Casavalle. Y él está haciendo algo parecido (con los institutos de la FOEB). Como dice el Evangelio: vengan y vean. Y realmente uno aprende, porque además en este Uruguay tenemos el drama de los adolescentes de sectores vulnerables, que quedan al margen del cambio y eso es una bomba social. Todo lo que se haga a favor de ellos, bienvenido sea. Veamos si se pueden replicar o si podemos aprender de estas propuestas que son serias.

¿Tiene buena relación con el presidente Tabaré Vázquez?

Lo he visto muy pocas veces personalmente, pero cuando lo veo tengo buena relación.

¿Y con su señora, María Auxiliadora Delgado, y su hijo Álvaro?

A ellos los he visto más, porque han participado en algunas actividades que hemos invitado. Son católicos ambos, entonces tengo más contacto y muy buena relación.

Hace poco se reunió con el Pit-Cnt, algo que ha hecho en otras ocasiones, en esta oportunidad para hablar de tolerancia y paz. ¿Incide en ese vínculo que Fernando Pereira sea cristiano?

Sí, aunque en realidad ahí él tiene muy claro que representa a una institución. Además creo que al Pit-Cnt, a la Iglesia, a casi todos los uruguayos nos preocupa que haya mayor tolerancia y paz en la sociedad que vivimos. Y creo que ahí todos nos vamos a encontrar. 

¿De qué hablaron en la reunión?

Fue un diálogo bastante abierto, pero uno de los temas por los que la pedí fue para tratar de limar alguna aspereza con todos los grupos feministas. Y como los grupos feministas se reunían en el Pit-Cnt, quise de algún modo expresar que lo que nosotros queremos es tratar de tener un diálogo, que fue lo que yo le propuse a (la presidenta de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual) Teresa Herrera. En estos días se concretará la reunión. La Iglesia quiere dialogar con toda la sociedad y el hecho de que en algunas cosas tengamos discrepancias es parte de la pluralidad de la sociedad democrática. Pero tener discrepancias con otro no quiere decir que voy a levantar el dedo acusador diciendo cosas que no corresponden.

Foto: Adrián Echeverriaga

¿Pero qué quiso decir en la reunión del rosario cuando dijo que se quería “imponer una ideología de género”?

Lo que pasa es que ahí hay dos cosas. A partir de ahí se me tildó de que estaba contra o que favorecía la violencia de género. Lo que creo es que hay una visión que tiene varios años y de la cual hay varios teóricos que defienden el hecho de que el género es una construcción cultural que no tiene que ver con lo biológico, que no hay ni varón ni mujer, sino que uno se va haciendo y que además puede ir cambiando de género. En este sentido las cosas han evolucionado de tal modo que en algunos lugares se habla de 14 géneros y en otros de hasta 31 géneros. Tras esto, el papa Francisco habla de que hay una colonización ideológica, porque es una ideología que de algún modo surgió en Estados Unidos para algunos, otros dicen que tiene su origen en la conferencia que hubo en Pekín. Esta ideología que crea esa separación de algún modo ha querido imponerse en la educación primaria con una guía de educación sexual que nosotros criticamos fuertemente y que el gobierno de Vázquez puso en un cajón. Se proponían ejercicios que creaban una confusión a los niños en el respeto a toda persona humana más allá de su orientación sexual. Y eso tiene que quedar clarísimo, creo que todos en la sociedad uruguaya hemos crecido en el respeto más allá de la orientación. Nosotros estamos en desacuerdo con crearle a un chico una confusión. Lo importante es que el chico se desarrolle libremente, que la educación, como dice la Constitución de la República en el artículo 41, es un deber y un derecho de los padres, y no que se imponga de algún modo una ideología que además no responde a lo que la mayoría de las familias uruguayas quieren. O aunque no sean la mayoría, muchas familias uruguayas no quieren que se imponga esa visión de la sexualidad separada del sexo biológico y como construcción cultural. En aquella primera guía se decía que había que deconstruir el imaginario de familia tradicional. Nosotros creemos que no. Aparte, cuando la Constitución habla de que la familia es la base de la sociedad y de que el Estado propenderá su estabilidad, está pensando en la familia de tipo tradicional. Lo dije expresamente en el Rosario de Bendiciones: la Iglesia no es nunca club de perfectos, la Iglesia es casa de puertas abiertas para todas las personas y todas las familias, sea cual sea su constitución. Pero decir eso no quiere decir que haya un ideal de familia que aunque sea minoritario no deja de ser el ideal, que yo creo que en el fondo la inmensa mayoría de las personas tenemos una familia constituida por mamá, papá y los hijos.

¿Quiénes son los que quieren imponer eso en Uruguay?

Por lo pronto hay grupos que lo proponen abiertamente, como por ejemplo el Colectivo Ovejas Negras, que tuvo mucho que ver con la anterior guía de educación sexual.

Todo esto tiene que ver con la nueva agenda de derechos. ¿Cómo observa eso?

Cuando hablamos de derechos tiene que ver con la dignidad de la persona humana y la Iglesia está ahí. El tema es cuando a veces se proclaman derechos sin tener en cuenta deberes o a los más débiles. Pongo un ejemplo clásico para nosotros los cristianos, que compartimos con otros: el tema del aborto. Ahí también ha habido un cambio que señalé que nosotros debíamos estar atentos. Nosotros despenalizamos el aborto. Es un delito que no se penaliza hasta los tres meses. En realidad, lo que se hizo fue ampliar las despenalizaciones que ya existían desde la ley del año 38. Pero cuando se pasa a hablar del derecho al aborto, ahí estamos cambiando el concepto, porque si yo despenalizo quiere decir que no voy a castigar hasta los tres meses a mujeres que cometen el aborto y a aquellas personas que lo realizan. Pero cuando estoy hablando de derecho estoy hablando de algo que tengo que promover. Creo que esa diferencia de concepto es muy importante. No solo de la Iglesia. El doctor Tabaré Vázquez, presidente de la República en su primera presidencia vetó la ley del aborto por razones médicas, científicas. Entonces yo digo: ¿eso no se toma en cuenta? Si decimos no es una persona humana podemos discutirlo, ¿pero no es una vida humana? ¿Alguien puede decir que no hay vida humana? Todos sabemos que sí, la ciencia nos dice que sí. ¿Entonces no lo vamos a defender? ¿No tiene derechos? Ahí no nos vamos a poner de acuerdo. Uno piensa distinto de otros y está bien. Yo trato de no usar palabras hirientes hacia los otros, pero sí defiendo lo que la Iglesia entiende que hay que defender, que en este caso es a los más débiles, como son los chicos sin nacer.

Es frecuente que cuando la Iglesia se pronuncia sobre estos asuntos la respuesta de algunos sectores es contraatacar hablando de los sacerdotes pedófilos refiriéndose a que “deberían ocuparse de lo que pasa adentro de su Iglesia”.

Primero: eso impide el diálogo. Segundo: esa realidad la Iglesia la ha afrontado con valentía. Al menos desde hace diez años la Iglesia sabe qué hacer en estos casos que han sido muy dolorosos. Que haya pasado en la Iglesia es una tragedia, que haya habido sacerdotes que hayan cometido este tipo de actos es aberrante. Pero es un drama humano. Basta ver las estadísticas de los casos que ha habido de abuso en Uruguay el año pasado. Es un drama humano que también ha tocado a la Iglesia y que la Iglesia ha afrontado, con mucha vergüenza, con mucho dolor, pero que tiene protocolos en todas sus instituciones para tratar de que no pasen nunca más. A veces pasa también que a la Iglesia le sacan la Inquisición, las cosas contra la ciencia. Pero me pongo a dialogar con gente de los distintos partidos del Uruguay. ¿Acá no hubo matanzas? ¿No hubo la afrenta que se le hizo a los charrúas en Salsipuedes? ¿No hubo el crimen de Paysandú? Si cada vez que vamos a dialogar con personas que piensan distinto, cada uno le va a sacar las culpas del pasado de sus grupos, es imposible. La otra vez hablando de no sé cuál tema se sacó la noche de San Bartolomé. El doctor Sanguinetti habló de la noche de San Bartolomé. Está todo bien, ¿pero qué tiene que ver la Iglesia Católica uruguaya con eso que pasó en Francia hace siglos? ¿Entonces yo voy a sacar los crímenes de la Revolución Francesa y se los voy a endilgar a los liberales uruguayos?

En el pasado usted estuvo identificado con el Partido Nacional, por su militancia juvenil y por su hermano, el fallecido diputado Martín Sturla. Si bien hace años que está alejado de la política partidaria, ¿siente que cuando habla se lo mira como si fuera blanco?

Estoy orgulloso de mi familia y de la actuación pública de mi hermano. Pero en 1978, cuando tenía 19 años, fui en dictadura al acto del 10 de setiembre por la muerte de Aparicio Saravia. Y como estaba con la decisión vocacional dije “este es el último acto político en mi vida”. Y creo haber sido fiel a eso. Me considero una persona que está lejos de una opción política pública. Acá me he relacionado con gente de todos los partidos.

En los últimos años a la presencia masiva de gente en las jornadas del rosario se han sumado otras acciones, como por ejemplo las balconeras navideñas o las movilizaciones a favor de la instalación de la estatua de la virgen en el Buceo. ¿Hay más gente que se sumó a la Iglesia o hay menos miedo a mostrarse?

En este país, por muchas razones, históricas, entre otras, el decirse católico no es bien sonante en la sociedad. Por ahí me digo cristiano y queda mejor, pero decirme católico suena mal. Creo además que en ese sentido hay una discriminación hacia la Iglesia Católica. El caso de la virgen María en la rambla fue un típico caso de discriminación hacia la Iglesia Católica.

¿De parte de las autoridades?

La Intendencia aprobó, fue la Junta Departamental. La embajadora de Israel me decía “nosotros encendemos las velas de Janucá en plena rambla”. Fue un acto de discriminación hacia la Iglesia Católica sobre el cual poca gente tomó nota. Es una sociedad donde decirse católico cuesta. Creo que eso es precisamente lo que estamos tratando de impulsar: ser católicos no achicados ni acomplejados, tampoco agrandados. Simplemente contentos de ser lo que somos: católicos. Es una de las instituciones fundadoras del Uruguay. Estamos preparando un libro que va a salir este año que habla de los 400 años de presencia ininterrumpida de la Iglesia en Uruguay. La Iglesia es partera de la patria, estuvimos desde la evangelización de los indios, la fundación de las ciudades, las murallas de Montevideo las construyeron los jesuitas con los indios de las Misiones. Tantas ciudades se fundaron por parte de sacerdotes: Florida, Trinidad, Santo Domingo de Soriano, Mercedes. Y podríamos seguir. La Iglesia ha estado presente en Uruguay con cantidad de instituciones sociales y educativas, ha fundado sindicatos, tiene los cottolengos con chicos y chicas que hay que ir a ver lo que son. La Iglesia está en todos los barrios, ha estado en la atención de los ancianos, de enfermos de Sida en una institución de Florida. 

¿Entonces falla la comunicación y por eso sigue generando rechazo en tantos sectores? ¿O tiene que ver con la idiosincracia uruguaya?

Creo que sí falta comunicación. Al principio del siglo XX hubo un intento de descristianización de la sociedad que en muchos casos fue exitoso. Pero creo que desde el retorno de la democracia hasta ahora, si uno saca afuera el tema de la virgen de la rambla, hubo un crecimiento en la relación Estado-Iglesia, Iglesia-sociedad muy positivo. Mientras la Iglesia hace obras sociales, educativas, está bien, pero cuando aparece en una actividad más misionera, eso es lo que choca. 

Hay quienes hablan de la aparición de una camada de “nuevos católicos”, que, por ejemplo, participan en las peregrinaciones a Salta, casi como si se tratara de una actividad turística. ¿Usted fue alguna vez?

Una vez antes de ser obispo fui invitado por un chico, porque iban varios alumnos míos del Juan XXIII. Me parece que ha hecho mucho bien a la gente que fue, más allá de la realidad o no de las supuestas apariciones. Por ejemplo, estuve la otra vez en la virgen de Lourdes, o el 19 de abril en el Verdún, o cuando uno va a otros países a lugares santos, que tienen como una carga de espiritualidad muy fuerte. Le ha hecho mucho bien a mucha gente, sobre todo a jóvenes. Al uruguayo le cuesta mucho expresar lo religioso porque precisamente el dogma del jacobinismo ha sido que lo religioso pertenece al ámbito de la conciencia individual. Eso los uruguayos, aún los católicos, lo tenemos medio incorporado. Los jóvenes que han ido a las jornadas mundiales de la juventud vienen con un impulso grande porque sienten que no son cuatro gatos locos, sino que son muchos y gente de todo tipo, que cree y que expresa con alegría la fe. Y esto hace mucho bien.

¿Cómo han sido estos tres años como cardenal?

Son cosas distintas. Como arzobispo es más la tarea del día a día. Como cardenal dos o tres veces por año tengo que ir a Roma y participar en encuentros distintos que se dan de las comisiones que integro, o invitado por el Papa a participar del Sínodo de las familias. Siento que aprendo mucho, que soy en eso un aprendiz de cardenal. Y por otro lado siento la responsabilidad muy fuerte que supone estar en esos ámbitos de la Iglesia Católica. Pensemos, por ejemplo, que conozco a otros cardenales de distintas partes del mundo, que un día posiblemente me toque estar en un cónclave para la elección de un Papa y por eso es importante conocer a las otras personas. Cuando uno va a Roma la preocupación deja de ser solo la Iglesia uruguaya para ser la Iglesia universal, que es tan grande y con tantas realidades diversas. Es una alegría enorme y un sentido de responsabilidad muy fuerte.

▪ “El Papa tiene su corazoncito en esta zona”

¿Cómo es su relación con el papa Francisco?

Muy cordial. Siempre me manifestó muchísima cordialidad en los encuentros. He tenido cuatro audiencias personales con él, conoce nuestra Iglesia, tiene gran cariño y aprecio por la Iglesia uruguaya. Sabe que somos una Iglesia pobre y libre en un contexto muy laico. Creo que eso al Papa le significa mucho. Creo que nos sigue, dentro de lo que es la Iglesia universal. Él tiene su corazoncito en esta zona.

Se lo critica por ser un Papa peronista y que toma partido en temas de su país. 

¿Qué opina?

Está más allá de los temas político partidarios. El hecho de que sea argentino hace que todo gesto sea interpretado en su país políticamente, y más en un país polarizado como es Argentina. Es evidente la influencia que tuvo Juan Pablo II en Polonia. Entonces es natural que un Papa tenga una influencia mayor en la nación a la que pertenece. Pero creo que él está más allá de lo político y que trata de cuidarse de no ser instrumentalizado políticamente.

También están los que critican su informalidad, porque algunos consideran que en ese tipo de cargos el hábito hace al monje y hay que cuidar determinadas reglas de protocolo.

Todos los últimos Papas, quizá menos Benedicto XVI por su personalidad más tímida, se han tratado de alejar del protocolo. Juan Pablo II muchas veces le causaba problemas a sus guardias de seguridad. Cuando lo balearon en 1981 acababa de tener a una niña en sus brazos. Creo que a Francisco le sale muy espontáneamente y en un estilo mucho más rioplatense que los Papas europeos, que tenían una tradición más fuerte de lo que es un obispo. Me pasó una vez en la estación de Termini, en Roma, que estaba luchando con mi valija y uno me vio con la cruz y me preguntó si era obispo. “Ah, pero no es europeo”, me dijo. “No”, le respondí, “de América Latina”. “Ahora entiendo”, comentó. Porque un obispo no iba a estar en la estación cargando su valija. La imagen al menos es esa.

▪ Divorcio y homosexuales

Usted es considerado un hombre abierto, adaptado a las realidades sociales, pero hay determinados preceptos de la Iglesia con los que debe cumplir. Por ejemplo, ¿qué le dice a alguien que se va a divorciar?

Uno tiene que tratar de salvar la vida matrimonial, pero a veces hay situaciones que son imposibles de mantener. Ante todo que se sienta, si es católico obviamente, parte de la Iglesia. Lo digo muchísimas veces: la Iglesia nunca es club de perfectos. Todos los bautizados tienen que sentirse parte, la Iglesia es madre de todos, más allá de la situación en la que viven.

¿Puede comulgar alguien divorciado?

No puede comulgar un divorciado que vuelve a tener una segunda unión, porque si su casamiento primero es válido esa es la norma de la Iglesia.

¿Y qué ocurre con los homosexuales?

En ese campo toda la sociedad ha crecido en comprender una realidad que hace 20, 30 años, no se comprendía tanto. Un homosexual si es católico, es católico. No importa si es homo, hetero o lo que sea. Es un miembro de la Iglesia y como tal tiene que vivir su vida cristiana. También está llamado a cumplir sus mandamientos igual que un heterosexual. El tema no es si es homo o hetero. Si sos miembro de la Iglesia, sentite amado por Dios y parte de esta realidad de vida que es la Iglesia. Los mandamientos son para todos.

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