Cuando tres es demasiado

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Nº1972 - al de Junio de 2018
por Andrés Danza

Algo importante pasó hace un tiempo en la política uruguaya. Fue como un rayo cayendo sobre una roca agrietada por los años y partiéndola al medio con virulencia, dejando bien lejos los dos pedazos entre sí. Algunos festejaron y otros lo lamentaron. Pero casi nadie lo incorporó como una ruptura traumática, con consecuencias negativas para todos los involucrados.

Ahora sí empezaron a verlo. A casi cuatro años de aquel día en el que se terminaron de quebrar los lazos, hay dirigentes que entienden que no fue una buena cosa, que le hizo mal al país, que destruyó lo poco que quedaba de armonía como para tratar de construir una salida en conjunto para los temas más importantes.

Es a la mayoría parlamentaria de más de una década a lo que me refiero. Esa mayoría parlamentaria le hizo mucho daño al sistema político uruguayo. Tres períodos consecutivos con más de la mitad de los legisladores pertenecientes al partido de gobierno generaron un enfrentamiento excesivo entre distintas visiones y retiraron de la agenda política palabras fundamentales como diálogo o negociación o coalición o concesión al discrepante, por más mínima que sea. Y ese es un problema mayor que en gran parte explica lo que ocurre en estos días.

En los dos primeros períodos de gobierno la mayoría dio resultados concretos al oficialismo y eso la puede hacer más justificable. En 2005, el Frente Amplio debutaba en el Poder Ejecutivo y necesitaba de ese empuje como para hacer los cambios que entendía necesarios. Así llegaron, en el acierto o en el error, las reformas tributaria y de la salud y el Ministerio de Desarrollo Social. En el segundo período también así se votaron algunas leyes controversiales pero históricas, como la despenalización del aborto o el matrimonio homosexual o la legalización de la marihuana. Pero lo de la actual legislatura fue un exceso con casi ningún resultado concreto.

Así lo ven en la oposición pero también lo entienden algunos de los principales dirigentes del Frente Amplio, que por lo bajo ya preparan un escenario en el que deberán reconstruir los puentes derrumbados durante los últimos años. “Vamos a entrar a un nuevo tiempo: el de los grises. Es necesario prepararse para eso”, me dijo un dirigente frentista que desde su lugar en el Parlamento cada vez más golpea despachos de legisladores de otros partidos.

Así también lo entienden los blancos, que tienen posibilidades serias de ser gobierno sin mayoría, y también los colorados, los independientes o los del Partido de la Gente, que se imaginan como el fiel de la balanza y planifican sus estrategias con ese incentivo en el horizonte. Todos buscan a los mejores postulantes para ocupar el centro, que hoy se hace tan necesario.

Es bueno que eso ocurra, se mire por donde se mire. Porque tanto gobierno como oposición se acostumbraron a algo que se prolongó demasiado y que es tiempo de cerrar. El Parlamento dividido en dos mitades y el mundo político en función del negro y el blanco generaron una división por tribuna de los uruguayos, como ocurre en el fútbol. Unos frente a otros, gritando insultos a la distancia, glorificando sus batallas ganadas como si estuvieran en una guerra y no mezclados, mirando el mismo partido, como ocurría antes: ese es el verdadero problema.

La culpa es de todos y lo peor es que nadie la asume. Como tampoco nadie se hace cargo de la situación, fenómeno típico de tiempos sin compromiso ni diálogo. De un lado dicen que el gobierno no contempla ni una sola idea de la oposición y que tanto poder lo llevó a marearse y a prescindir de la otra mitad. Tienen razón. Y también un poco de razón tienen los representantes del oficialismo que se quejan por la cantidad de interpelaciones o debates repetidos o falta de espíritu constructivo.

Y mientras las recriminaciones van y vienen, las políticas de Estado brillan por su ausencia y problemas como la seguridad y la educación siguen muy lejos de solucionarse. Todos coinciden en que la salida debe ser consensuada, que llegó la hora de caminar un poco más juntos pero, mientras se mantenga la situación actual, el gobierno no necesita de la oposición y la oposición tampoco del gobierno.

Quizá por eso las encuestas ya muestran que este tercer período consecutivo de mayoría parlamentaria es el principio del fin. Y es una muy buena noticia. Uruguay tiene antecedentes de un partido con más del 50% en el Palacio Legislativo en varios períodos, aunque no seguidos. Durante el siglo pasado, solo los colorados lograron mantener una mayoría parlamentaria dos legislaturas consecutivas, la iniciada en 1950 y la siguiente en 1954. El Partido Nacional contó con la mitad más uno de los legisladores únicamente en 1958. Casi siempre entonces se vieron obligados a buscar las semejanzas con al menos algunos de sus adversarios, un ejercicio que tanta falta hace en la actualidad.

Ojalá que el Mundial de fútbol, que se inicia la próxima semana, traiga muchos goles de esos que gritan todos los uruguayos. Allí quedarán atrás las diferencias y hasta capaz que la avenida 18 de Julio se vuelve a convertir en peatonal por un día, como en julio de 2010, cuando la selección se ubicó entre las cuatro mejores del mundo. Ojalá que así sea.

Pero al día siguiente casi todos volverán a su tribuna a prepararse para el año electoral que comenzará con un país partido al medio. Volverán los fanáticos a estar más pendientes de que pierda el rival que de que gane su equipo. Volverán los obsesionados por destruir al que está enfrente en lugar de disfrutar del partido.

El problema que tendrán por delante es que no habrá claros ganadores en esta oportunidad. Y es allí donde necesariamente cambiará la forma de mirar la realidad. Cuando esto ocurra, los que unen serán mucho más importantes que los que separan. Seguro que habrá varios interesados en instalarse otra vez en la Tribuna Olímpica. De ellos dependerá el futuro.

✔️ El imperio de los números

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