De casa

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Nº1900 - al de Enero de 2017
Daniel Gianelli

Esta noticia es de casa. Después de trabajar en Búsqueda durante 35 años y tres meses, exactamente, se jubila Daniel Gianelli. Ello no significa que vaya a desvincularse del semanario, por cuanto seguirá escribiendo su columna de opinión política. Eso sí, va a ausentarse de la Redacción, donde su aporte ha sido siempre valioso por muy buenas y precisas razones.

A riesgo de usar una expresión trillada, diremos que Gianelli es un “periodista de raza”. Hace más de cinco décadas que transita en los medios de comunicación, con reconocida solvencia profesional.

En la juventud, abandonó sus estudios de Derecho para abrazar el periodismo por un imperativo vocacional. Según recuerda con frecuencia, durante su pasaje por la Universidad de la República hizo una militancia gremial que —afirma— le sería útil luego en su actividad en la prensa, a la hora de evaluar los hechos políticos.

Su primera ocupación en los medios la obtuvo mediante concurso en el Informativo de Canal 5 (Sodre), donde estuvo desde 1964 a 1968. Sin perjuicio de esto, en 1965 se incorporó al matutino “BP Color” durante los preparativos de la primera edición y trabajó en esa empresa hasta su cierre, por motivos económicos, en enero de 1971. Meses después, se empleó en la oficina local de la agencia EFE, donde permaneció hasta 1976. Desde 1972 había sido cronista de “El País”, rotativo en el cual permaneció hasta 1977 para ingresar en la agencia The Associated Press, primero a efectos de atender el turno de la noche, y desde setiembre de ese año para quedar al frente de la corresponsalía, cuando el titular anterior fue trasladado a Buenos Aires.

En Búsqueda, Gianelli se desempeña desde 1981. Al principio, y por espacio de un decenio, lo hizo en simultaneidad con su tarea en AP. Así, hasta setiembre de 1991. Cuando en 1981 Búsqueda dejó de ser una revista mensual para convertirse en semanario, el artífice de esta transformación, Danilo Arbilla, lo convocó a fin de que ejerciera el oficio como columnista y, a la vez, trabajara en el área específica de la información política. Renunció diez años después a la corresponsalía y, desde noviembre de 1991, hasta hoy, se dedicó exclusivamente a su labor en el semanario.

En su currículum consta, asimismo, que en los comienzos del diario “El País” de Madrid colaboró con el envío de notas sobre la situación política de Uruguay, así como que hacia fines de los 90 escribió para el suplemento “Enfoques” del matutino “La Nación”, de Buenos Aires.

Como todo periodista del tiempo en que él se inició, Gianelli hizo un exigente aprendizaje en las propias redacciones, donde era prudente escuchar y emular a los que sabían, al igual que demostrar las aptitudes para seguir adelante. Gianelli fue de los que en esa forja del informador pusieron de relieve sus condiciones holgadamente. De ahí en adelante cumplió una carrera tan extensa como fecunda, en cuyo devenir se advierten dos factores principales: un afán permanente por estar actualizado y una irrenunciable honestidad intelectual.

Si, como suele afirmarse, el estilo es el hombre, en su trayectoria sobresale un modo de ser cimentado en la autenticidad, tanto en lo profesional como en lo estrictamente personal. Existe, cabe afirmar, una perfecta sintonía entre ambas esferas.

Ocioso sería resaltar la calidad de su columna, técnicamente impecable en cuanto a la forma, y sustanciosa, bien informada, asistida de un sólido back ground, en cuanto concierne al contenido. En ella se transparenta la experiencia de quien es un observador agudo del acontecer político, junto con un sentido del equilibrio, de la ponderación, que —aunque no desdeñe el matiz irónico— jamás condesciende con el concepto hiriente o vulgar. Por eso, si algo cabe imputar cordialmente a Gianelli es el hecho de que no haga concesiones al mal gusto, tan al uso en este tiempo. Y si algo debe reconocérsele en especial, es la lucidez de sus enfoques, se compartan o no, que contribuyen a orientar al lector en un terreno donde está en juego nada menos que el supremo interés público. Pero también son destinatarios de sus mensajes los propios políticos, conscientes —aquellos que lo conocen personalmente— de que la intención es invariablemente constructiva, dado que la mira de Gianelli está puesta en el bien común, motivo por el cual sus puntos de vista van más allá del juicio adverso, el señalamiento favorable o la discrepancia de fondo.

En el cumplimiento de su tarea entre nosotros, este profesional ha sido uno de los pilares de la Redacción. Su aporte, decíamos, fue valioso por varias razones. Aparte de entregar con rigurosa puntualidad la columna, editaba material periodístico y las cartas de los lectores, permanecía los miércoles hasta el cierre y, si era necesario, no tenía ningún inconveniente en cubrir una noticia.

Su último cierre fue el del número 1.899 del semanario, el 28 de diciembre pasado.

Nadie dude que vamos a echar de menos a Daniel en esta casa, donde, por añadidura, puede afirmarse que también ejerció la docencia. En efecto, no han sido pocos los jóvenes a los que ayudó a formarse en el periodismo, en una generosa contrapartida de lo que él recibiera en sus comienzos.

Antes sostuvimos que hay en Gianelli una notoria consonancia entre su estilo profesional y su conducta como ser humano. Es que Daniel cree en los valores éticos y morales, hoy en general tambaleantes, y se apega a ellos sin transigencia posible. Para definirlo desde este ángulo, hemos de decir que es leal, sensato, criterioso, ajeno por entero a una eventual salida de tono: en suma, un caballero de los que ya van quedando pocos. Este constituye, creemos, el rasgo más acusado de su personalidad.

Acaso alguien pueda pensar que somos pródigos en el elogio. Pero a quien conoce a Daniel Gianelli le constará seguramente que tal vez nos quedamos cortos en nuestras palabras de estima hacia él.

Al entrañable Daniel —colega y compañero, pero principalmente amigo— le deseamos un feliz retiro en compañía de su familia. Nos place saber que continuaremos teniéndolo como columnista, pero ya empezamos a extrañarlo en esta Redacción de Búsqueda, a la que dio lo mejor de sí con una entrega que jamás supo de retaceos ni claudicaciones.