Edad: 40 • Ocupación: Comunicador • Señas particulares: Su primer trabajo fue a los 14 en una textil, le gustan las motos japonesas, su destino pendiente en Uruguay es San Gregorio de Polanco •

Diego González: "Mi límite es la honestidad"

4min
Nº1934 - al de Septiembre de 2017
Luisina Ríos
El tuitero y comunicador Diego González recuerda qué tuvo que ver con la foto en la ducha de Daisy Tourné. Foto: Leo Barizzoni

Decís que tenés buena memoria. ¿Un sonido, un aroma y una postal de tu infancia en la curva de maroñas? Sonido: el pito de las 13, así lo llamábamos en casa. Era un barrio de curtiembres y ese pito era un silbato de tren que tenían las fábricas para anunciar la hora del almuerzo. Si estaba en mi casa y lo escuchaba era que llegaba tarde a la escuela. La postal tiene que ver con eso también, porque después de ese sonido la calle se llenaba de miles de personas que salían a comer, y la imagen era alucinante. Un aroma: yo vivía a espaldas de La Mallorquina, entonces tuve una infancia con olor a galletitas, bizcochos y pan dulce.

Tu mejor experiencia laboral fue trabajando en el depósito de Nuvó. ¿Qué tenía de especial? Tenía 19 años. En ese momento el depósito era como la ONU, había representantes de todos los estratos de la sociedad y de todo el país. Conocí a mucha gente del interior, muchos estudiantes universitarios; conocí a gente de Carrasco, del Cerro, de La Teja, todos trabajando en lo mismo. Ese trabajo agrandó mi realidad, que hasta ese entonces se reducía a la Curva.

¿Cuál fue tu primer concierto de rock? Uno de La Tabaré, fue la banda que más vi en la adolescencia. Después, a partir del 97, seguí a Los Redondos. Viajé con mi barra de amigos a casi todos los shows en Buenos Aires, Mar de Plata, Córdoba y Montevideo. Me compraba discos de Los Redondos y después los vendía para poder ir a verlos de nuevo. Era una locura.

Trabajaste cuatro años en la producción de Malos Pensamientos. ¿Te arrepentís de algo que publicaste? No recuerdo nada espeluznante. Uno va aprendiendo con los años que las sensibilidades e interpretaciones de unos no son las de todos. Yo fui el que publicó la foto de Daisy Tourné en la ducha, la que ella había subido a su Facebook. Petinatti no quería. Hice un pensamiento más Internacional y dije: “En cualquier país del mundo una foto de la ministra del Interior en la ducha con ese gesto de espanto sale en la tapa de los diarios. Entonces por qué no lo vamos a hacer nosotros”. No había nada ilegal, el programa era de humor. Pero todo lo que se generó después no me gustó nada. Y capaz que hoy, en 2017, no la hubiera puesto.

Sos uno de los uruguayos con más seguidores en Twitter. ¿Qué es la red para vos? Una fuente laboral que no empezó como tal. Twitter lo arranqué en un año que me quedé sin hacer radio por viajar, y para mí el programa diario es la manera de estar ágil. Sobre todo en el tipo de programa que hacemos nosotros, que estás cuatro horas hablando de nada, y hablar de nada es redifícil. El desafío en Twitter era poner una buena idea, chiste u opinión en 140 caracteres. Al tiempo me volví usuario bastante activo y me llegaron ofrecimientos de empresas. Mi límite es la honestidad, es publicar cosas que yo publicaría de por sí. No promociono nada que perjudique.

¿Tu segundo apellido es González? Sí. González González. Soy puro.

¿Por qué llamaste Tina Turner a tu perra? Se la dejaron, junto a siete hermanos, en la casa de un amigo en Solymar. La elegí por foto, porque tenía la manito blanca. Cuando la fui a buscar, como no había timbre, aplaudí y ahí apareció ella, con un andar particular que lo mantiene hasta ahora: su cuerpo adelante marcha bien, pero atrás tiene como una especie de meneo al caminar. Cuando la conocí, yo vivía en Palermo, y dije: “Ta, es negra, baila, tiene lindas piernas, el nombre está cantado”. Al principio le iba a poner Tina Ferreira, pero terminó siendo Tina Turner.

Te gustan las motos. ¿Qué modelo tenés?  No sé nada de motos pero me encanta manejarlas. Ahora tengo una que siempre quise y nunca me la había podido comprar: una Honda XR 150 Motocross. Tengo un pacto con mi esposa de que la moto no sea mi vehículo de todos los días. Porque ando con nueve tornillos en una pierna por un accidente que tuve a los 20 y que me dejó casi un año sin caminar. 

¿Cómo fue? Pisé un gato con una Vespa.

Sos un fundamentalista de la milanesa. ¿Qué sí y qué no? He derribado muchas barreras con esto de mejorar la alimentación; antes para mí la milanesa al horno no era milanesa, merecía otro nombre, y solo era válida la de carne de vaca. Después tuve que ampliar el espectro. Ahora como hasta de zapallito.

¿Qué cambió en tu cocina desde que estás en MasterChef? Incluí una cantidad de cosas impensadas. El otro día me hice una ensalada de endivias, naranjas, almendras, aceite de oliva y yo qué sé. Mi señora copada, porque a ella le gusta probar cosas raras, sanas y exóticas.

Victoria, tu señora, era tu dentista. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas enamorado? Estaba cubriendo el Mundial (Sudáfrica 2010) y en un momento me veo en un local de artesanías comprándole una máscara roja y negra que eran los colores que le gustaban. El productor que estaba conmigo me preguntó con asombro: “¿Le vas a comprar una máscara a tu dentista?”. Y ahí me di cuenta de que el regalo era una excusa para hablar de algo que no fueran los dientes. Ahí me di cuenta de que estaba enamorado.

¿Qué significan tus tatuajes? Mi mejor amigo es tatuador, así que no tengo límite económico ni de tiempo. Su primer tatuaje me lo hizo a mí, me dolió pila y esa es una carta a favor. Fue una letra china que tengo en algún lugar de la pierna. De todos los que tengo, el último que me hice en el antebrazo izquierdo es el único que tiene significado, todos los demás son enchastres. Es una rosa con golondrinas. Las golondrinas son un símbolo reviejo que está buenísimo: son aves leales; los egipcios pensaban que ellas trasladaban los espíritus de los seres queridos, y los marineros desde épocas milenarias se tatuaban una por cada puerto que pisaban.