Editorial

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Nº1934 - al de Septiembre de 2017
Adela Dubra

Me gusta creer que la clase política uruguaya, como suele decir el gran historiador José Rilla, es un lujo. En especial si se tiene en cuenta la región, la mayor parte de nuestros parlamentarios tienen prestigio y nivel. La uruguaya es una película democrática: pone dificultades a las dinastías, los linajes, los antecedentes. A diferencia de lo que ocurre en otras partes de América y Europa, los políticos hijos o nietos de políticos deben pasar por el escrutinio y el filtro de un partido. Si este no los acepta, difícilmente puedan caminar.

Todos tenemos progenitores y abuelos pero, para bien o para mal, somos autónomos, distintos, y de otra generación. Nos gusta que el hijo sea distinto al padre. Gerónimo Batlle y Julio Eduardo Sanguinetti, nietos de Jorge Batlle y de Julio María Sanguinetti, respectivamente, son los entrevistados de este número de galería

Batlle, Bordaberry, Ferreira, Sendic, Lacalle, Sanguinetti, Michelini. En Uruguay hemos tenido casos de políticos que quieren limpiar su apellido, otros que fueron el hijo que no llega a la estatura de su padre, los que creyeron que el apellido era un atajo y quienes intentaron completar lo que su progenitor no logró.

Gerónimo y Julio Eduardo se criaron en la política. Mamaron y habitaron la política. En estas páginas aparecen las fotos que los muestran acompañando a sus abuelos a votar, en una clara demostración de cómo una familia transmite con firmeza que el momento de emitir el voto es casi un acto sagrado. Uno tiene 19 años, estudia y es vocalista en una banda. El otro tiene 26, trabaja y ya está militando en política.  

Son jóvenes, Gerónimo y Julio Eduardo, millennials y sinceros: admiten que, como la mayoría de su generación, no son lectores. Cuentan en la entrevista con Elena Risso que en muchas conversaciones con pares defienden a sus abuelos. Pero también tienen, sobre todo Gerónimo, por su edad, quizá, la frescura de recuerdos graciosos de cómo hablaba Batlle por teléfono y cómo se enojaba mirando los partidos de fútbol. 

La política y su arte también se aprenden en la casa, en el entorno de uno. Debe nutrir mucho criarse en una familia donde uno de sus integrantes fue presidente de la República. Quien nace en ese hogar tendrá alguna parte del camino hecho. Es prematuro e irrespetuoso vaticinar el futuro de estos chicos. Pero en esto, o en lo que elijan hacer, salvo contadas excepciones, siempre se arranca casi de cero.