Editorial

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Nº1947 - al de Diciembre de 2017
Por Adela Dubra
Adela Dubra.

Me gustó la paleta de colores y ese tono dulce y melancólico de Gigante. Me emocionó La vida útil, de Federico Veiroj, sobre todo la escena en la que el protagonista da unos pasitos de baile en las escalinatas. Linda película: declaración de amor que afirma que la vida no se agita en las salas de cine, sino allá afuera. De Mal día para pescar, de Álvaro Brechner, todavía guardo en mi memoria la refinada composición de arte y fotografía. Flacas vacas, con Verónica Perrotta, es una muestra salvaje y genial de la parte escondida de las vacaciones, esa que no sale en las fotos. Clever es interesante. Entre los documentales me gustó mucho La sociedad de la nieve (de Gonzalo Arijón), Hit (de Adriana Loeff y Claudia Abend), Destino final (de Mateo Gutiérrez, que este año volvió con Wilson). Como soy muy hincha de Jaime Roos disfruté mucho 3 millones, sobre su ida al Mundial de Sudáfrica 2010 con su hijo. 

Este número nuestra tapa es Nicolás Furtado. Este uruguayo de 29 años está haciendo una carrera estupenda fuera del país. Hace cinco años se radicó en Buenos Aires. Es muy buen actor (recomiendo ver en Netflix la serie El marginal, donde hace de Diosito). Le escapa al papel de galán. Está manejándose con inteligencia. Me animo a decir que tiene una brillante carrera por delante. Furtado está aquí rodando una película dirigida por el uruguayo Cali Ameglio y producida por Mariana Secco. 

Hay otros proyectos interesantes en la vuelta, pero en términos generales, el cine nacional, o las películas que se ruedan acá, parecen de capa caída. Hace un año que en los diarios leemos de los conflictos que tiene Asoprod (Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay) con el ICAU (Dirección del Cine y Audiovisual Nacional). Piden la renuncia del principal. Mandan cartas a los medios. Se pelean productores y exhibidores sobre los horarios y semanas que dejan una película en cartel. Leemos sobre Egeda (Entidad de Gestión Colectiva de Derechos de los Productores Audiovisuales de Uruguay) y los reclamos por los derechos de autor. Todos quieren imponer su posición. Pero nunca leemos buenos números de taquilla ni sobre muchos premios en el exterior para nuestros cineastas.

Hubo años muy malos en cuanto a cifras de espectadores que eligen ver cine hecho acá. En 2015, 11 estrenos nacionales llevaron casi 36.000 personas, lo cual es poquísimo. Nos solemos comparar con Argentina, donde las películas locales son taquilleras. Tienen actores, tienen a Ricardo Darín y a Julio Chávez, producen series, sus largometrajes ganan premios importantes en el extranjero. Claro que eso tuvo que ver con una política del gobierno de subsidiar la industria, y hasta en ciertos momentos ponerle barreras al cine extranjero. El resultado es que el cine argentino explota. 

Los liberales a ultranza sostienen que ningún gobierno debería subsidiar la cultura. Si la gente prefiere ver blockbusters norteamericanos, que vea. A “la gente de la cultura” eso le pone los pelos de punta. Para mantener nuestra idiosincrasia es que pagamos la Comedia Nacional, entre otras instituciones y fondos que sostiene el Estado. Lo cierto es que vemos poco cine nuestro. Argentina es la campeona de la región en eso, pero Colombia también tiene una industria vigorosa y Chile va bien. Para quienes creen que el cine es, además de una industria interesante como generadora de PBI, un aporte a la cultura de un pueblo, es malo que aquí no haya un plan a futuro sobre qué queremos hacer con nuestro cine. 

Uruguay da sus talentos y por eso vemos que César Troncoso filma regularmente afuera y con éxito, Federico Álvarez está instalado en Hollywood con una carrera que va viento en popa y Álvaro Brechner está radicado en España. Furtado dice en la entrevista que le hizo Patricia Mántaras que va a vivir donde se le presenten buenos papeles. 

Se discute la ley de cine, se discute lo de Egeda... y al público uno lo percibe lejos. Cada vez que le digo a mi madre de ir a ver una película uruguaya me mira con cara de pereza y me propone otra. Para un sector de la población el cine uruguayo es aburrido, bajoneado y marrón.

En 2012 se estrenaron diez películas uruguayas; en 2013 y 2014 fueron 14 cada año; en 2015, 10; y en 2016, 11 títulos. En público, 2016 fue el mejor año: los estrenos nacionales representaron 50.449 espectadores (un 1,6% del total), según datos del ICAU. Aún no se han hecho públicos los números definitivos de este año, pero hay indicios de que el cine uruguayo casi duplica el número de espectadores en salas en este 2017. 

Los canales uruguayos no producen ficción y en contadas ocasiones emiten contenidos de aquí. La taquilla manda y es comprensible. En ese contexto, los festivales tienen sus vaivenes, con años mejores que otros. Rara vez descuellan. Soy una entusiasta del cine nacional y suelo ir a estrenos y premières. Reconozco que le pongo viento a favor. Pero también debo reconocer que no son eventos que brillen. Y se necesita de un star system si se busca atraer. Necesitamos hablar de la formación de públicos. La pregunta es si se quiere o se puede lograr algo así.

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