Editorial

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Nº1942 - al de Noviembre de 2017
Adela Dubra

Es curioso Uruguay. Un país con una gran tradición de artistas y con un gusto por las artes visuales relativamente bajo. Es una excepción encontrar gente que colecciona arte. En los vernissages se ven casi siempre las mismas caras. Y las mismas expresiones. Gestos de estar viendo, sí, claro, las mismas caras.

La causa de esta suerte de apatía tiene varias explicaciones. Los artistas no están reunidos en Uruguay bajo ninguna forma de organización. No se suele tener en cuenta al espectador (no hay buenas visitas guiadas, no es común encontrar niños pintando como en los museos de otros países ni hemos llegado siquiera a las audioguías-). Hay pocos premios y estos no tienen demasiada resonancia. En Inglaterra, el artista que gana el Turner es tapa de varias revistas y por unos días es centro de atención. Es tema de conversación.

Los coleccionistas uruguayos salvo excepciones como Clara Engelman de Ost, que además decidió abrir la colección al públicocompran cuadros de artistas que ya murieron. Prefieren comprar consagrados. No hay prácticamente revistas dedicadas al arte.

Sería muy distinto si hubiera festivales o ferias, como arteBa en Buenos Aires o Artbo en Bogotá. La llegada de EsteArte al calendario de ferias es una buena noticia para nuestro país. Lo que hacen en Miami es un buen ejemplo de sumar sinergias, ambos suceden al mismo tiempo: la gran exposición de diseño Design Miami y Art Basel Miami.

En ese sentido, galería, que no es ni será una revista de arte, sí tiene ya un camino recorrido como la publicación que difunde la obra de nuestros artistas a través del trabajo de los diseñadores de interiores. Desde hace seis años dedicamos un número especial al Interiorismo y regularmente seguimos el trabajo de los creadores. Estos días hicimos una alianza con Casadeco y la semana pasada organizamos una mesa redonda en Kibón titulada “4 + 4”. Reunimos a cuatro artistas visuales de prestigio y cuatro interioristas. Además de ver obras y conversar sobre arte, todos los expositores coincidieron: fue un encuentro que marca un mojón, porque, entre otros detalles…, ni siquiera se conocían entre ellos. Se hizo un streaming online, aunque siempre es mejor haber estado allí. Por eso deseamos seguir profundizando en esa línea y hacer encuentros abiertos al público en general. Es necesario el diálogo entre artistas e interioristas. Es necesario y vital para educación visual. Para que existan mejores museos y muestras montadas de una manera atractiva.

En este número mostramos la obra de Gonzalo Fonseca —junto con Francisco Matto, mis dos alumnos preferidos del Taller Torres. Lamentablemente, para los uruguayos es casi imposible esperar ver aquí las esculturas de Fonseca, porque por el peso y la altura de las piezas son muy costosas de trasladar. También hay dificultades en Uruguay para conseguir seguros adecuados para piezas de esa magnitud.

Nunca es lo mismo ver el original, pero en estas páginas al menos acercamos algo de lo que es la exposición y en unas semanas podrá verse el documental que se hizo sobre el artista. Los uruguayos que tengan la oportunidad de viajar a Nueva York no deberían perdérsela. En Montevideo hay una pieza estupenda, pero está en el Parque de las Esculturas (contiguo a lo que era el Edificio Libertad, hoy sede de ASSE, la Administración de Servicios de Salud del Estado). El lugar está abandonado y es una vergüenza, las esculturas están grafiteadas y algunas rotas, pero si alguien tiene ganas de ver un Fonseca original, es una piedra vertical, Rumi-Saïko, ese es el lugar. La de Matto, que era de madera, y a la que le faltaban varios pedazos, tuvo que ser retirada. Triste pero cierto.

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