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El desafío de la inteligencia artificial es lograr que los robots comprendan la complejidad y los matices del lenguaje humano

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Nº1938 - al de Octubre de 2017

Boris Johnson, político conservador inglés y secretario de Estado de Asuntos Exteriores y del Commonwealth, desató el debate hace 20 días. Dijo que el Reino Unido le entregaba a Bruselas (sede de la Unión Europea) por semana 350 millones de libras esterlinas (£), el equivalente a unos 465 millones de dólares, y que al salir de la unión lo podría destinar a la salud pública.

¿Suena bien? Parece que no del todo. El dato es impreciso, hasta roza lo incorrecto y es, por lo pronto, engañoso. Serían unos £ 250 millones aproximadamente los que llegan cada semana a la Unión Europea. Pero parte de este dinero vuelve porque el Reino Unido recibe subsidios para las zonas más empobrecidas y para el sector agropecuario. Esto implica que de los £ 250 millones que se van por semana regresan al menos £ 90 y Bruselas se quedaría con unos £ 160 millones, una cifra bastante menor que los £ 350 millones planteados por Johnson. Por otra parte, el gobierno ha prometido mantener estos subsidios al agro al menos hasta 2020 y podría extenderse más aún, pese a la salida de la Unión Europea. Esto quiere decir que la abultada cifra de Johnson no podrá ser destinada a la salud pública de manera tan lineal: de hecho, está inflada.

Cuando alguien habla, emite un mensaje y puede haber diferentes interpretaciones de lo que dice, por la manera en que lo dice, y por la forma en la que otro lo recibe. También puede haber intención deliberada de ocultar datos o de plantearlos de manera tendenciosa. Los malos entendidos en el lenguaje humano están a la orden del día. Las diferencias culturales pueden jugar un rol importante en esto. Sin embargo, ocurre tanto entre culturas como dentro de ellas.

En el caso de Johnson y el dinero destinado por el Reino Unido a la Unión Europea, hay una “intención de transmitir su versión de la verdad, o la opinión, subjetiva”, dijo a Búsqueda Huma Shah, profesora titular de la Escuela de Computación y Electrónica y Matemática de la Universidad de Coventry en el Reino Unido. Shah investiga en temas de inteligencia artificial y comprensión del lenguaje natural.

En una época en la que la tecnología avanza rápido, la inteligencia artificial es un apuesta a futuro. Investigadores en distintas partes del mundo destinan todo su esfuerzo al desarrollo de robots que puedan comportarse como humanos, que puedan hacer las veces de un recepcionista —como el que funciona en un hotel de Japón—, que puedan limpiar, convertirse en un asistente personal, comprender el lenguaje, aprender de experiencias pasadas y utilizar este saber para responder y actuar en consecuencia. Pero todos por igual enfrentan un desafío.

¿Podrán algún día incorporar la información sobre los aportes económicos del Reino Unido a la Unión Europea, sobre la normativa vigente, sobre la reglamentación que rige la administración del sistema de salud y solos darse cuenta de que lo que ha dicho Johnson es impreciso?

“El desafío más grande del desarrollo y la construcción de estos robots es lograr que ellos comprendan la complejidad del lenguaje humano con todos sus matices y, por ejemplo, aprecien un juego de palabras y diferencien una broma”, detalló Shah.

“Gran parte del lenguaje está cargado de malos entendidos”, los humanos saben convivir con ello y son capaces de interpretar un mensaje irónico, pero ¿podrán hacerlo los robots? A medida que el desarrollo de la inteligencia artificial avanza, los investigadores se ven obligados a enfrentar estos desafíos. “El lenguaje es lo más difícil de programar. En términos de las leyes de la robótica, hay muchos conceptos atrás de las palabras que tienes que inculcarle a la máquina. Están atrás de esas leyes y oraciones, es uno de los desafíos de la inteligencia artificial para que, por ejemplo, no terminen lastimando a un humano”, dijo Shah durante su participación en el curso Latinoamericano Evolución del Cerebro y la Mente del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, que se realizó en setiembre.

Los humanos viven, a grandes rasgos, bajo 10 mandamientos básicos. Sin entrar en la religión, la vida en sociedad se suele regir por ciertas normas comunes como no matar o no robar. “Necesitamos embeber estar reglas en los robots para regular sus comportamientos”. Estos son parte de los “dilemas de diseño” que han empezado a surgir con el avance de la inteligencia artificial, señaló la especialista.

Trump y Kim Jong-un.

Hay otros aspectos que el ámbito científico hoy está discutiendo y aún no ha saldado. El área está en pleno desarrollo pero rumbea hacia algunos rincones filosóficamente complejos. ¿Puede un robot tener conciencia de sí mismo? “La inteligencia artificial es el futuro, es de los que hoy son estudiantes (los jóvenes), ¿qué quieren ellos para su futuro?, ¿quieren un robot así?”, cuestionó Shah. ¿Tendría el robot opiniones propias? ¿Serían acertadas? ¿Qué es acertado? ¿Sabrá discernir entre el accionar de Donald Trump y de ver su peligroso y conflictivo relacionamiento con Kim Jong-un? ¿Qué hará luego?

“Los humanos podemos ser seres humanos desagradables, somos emocionales, y los robots son lógicos. Si ponemos algo de emoción ahí, de empatía (como el sentir pena), igualmente estarán más basados en lógica y matemática”, agregó.

De todos modos, debería haber casos en los que haría falta agregarle la cuota emocional. “¿Por qué querríamos humanizar a un robot que hace minería de carbón? Tenemos que preguntarnos para qué los queremos”, cuestionó Shah.

La especialista ve en la inteligencia artificial una oportunidad para realizar los trabajos más “sucios” y mejorar la calidad de vida de los que hoy realizan esta tarea. ¿Por qué no pensar en robots que trabajen en las profundidades de minas de carbón? ¿Por qué tienen los humanos que estar en contacto con la basura electrónica muchas veces contaminante para poder extraer lo reciclable de ella? Podrían hacer los robots los trabajos insalubres.

“No me gusta predecir el futuro, pero necesitamos que todos los niños del mundo tengan acceso a la educación, los que viven en África Subsahariana, en campos de refugiados en todo el mundo o en zonas de bajo nivel socioeconómico. Si los niños de estos lugares están realizando trabajo infantil, necesitamos que los robots tomen su lugar”, aventuró Shah. Pero claro, es casi una utopía, el desarrollo de estos robots todavía requiere millones de dólares de inversión en investigación y desarrollo; aún no ha llegado el momento tan álgido como para lograr una baja en los costos. “Sospecho que los niños pobres son más baratos de emplear que los robots…”, lamentó Shah.

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