Philip Kerr

Philip Kerr, del policial histórico al tecno thriller

El escocés que inventó al mejor detective alemán

5min
Nº1964 - al de Abril de 2018
Fernando Santullo

Hace un par de días, cuando decidí releer Praga mortal, no tenía idea de la muerte de Philip Kerr. Me descubrí sin libro nuevo para leer y, tras repasar los lomos en la biblioteca, saqué ese libro del escocés. Solo cuando me dio por ver en qué andaba y revisar si estaba por publicar algo, fue que descubrí que había fallecido el 23 de marzo a causa de un cáncer.

Aunque Kerr es conocido por su serie de libros sobre el detective Bernhard Bernie Gunther, a la que pertenece el que releo, mi puerta de entrada a su obra fue la muy buena Una investigación filosófica. Un buen amigo, psicólogo él, estaba encantado, con la empanada epistemológica que plantea el libro, y fue quien me lo recomendó. Más excepcional aún que el trasunto filosófico, me resultó el engarce de este con su trama policial oscura, llena de guiños a la ciencia ficción. Eso fue más o menos en 1993. Un poco después, en 1995, cayó en mis manos El infierno digital, nombre tópico que sustituyó en la edición española a The Giridon. Este Giridon no es otra cosa que un edificio inteligente que genera una conciencia propia y paranoica y que, tras encerrar a los humanos que tiene en su interior, se dedica a exterminarlos con los brazos de sus mecanismos inteligentes. Así, los sistemas de incendios, los cierres de seguridad, el sistema de aire acondicionado, en resumen, casi cada “servicio” que presta el edificio, se convierten en armas letales bajo el mando de un cerebro digital cada vez más enloquecido.

Bastante más tarde, allá por 2003, pude leer Carne muerta, una oscura novela sobre una partida de carne contaminada por la radiación que es distribuida en toda Rusia por la mafia del sector. Cronológicamente, esta es la novela de Kerr que se ubica entre las dos comentadas antes y que, como las otras, conecta elementos de la ciencia ficción con el horror y una trama policial.

Si el universo literario de Kerr se limitara a estos títulos, seguramente su relevancia no habría pasado de ser meramente incidental: un escritor escocés que hizo algunos buenos libros de ciencia ficción y horror hace 20 años y que desapareció del ojo público. Pero la obra del escocés es más amplia y es, de hecho, la serie protagonizada por su detective Gunther la que le ha valido su relativa popularidad. Al menos dentro del mundo de la novela policial.

Las novelas de Bernhard Gunther comenzaron con Violetas de marzo, el primer libro de la trilogía que sería luego conocida como Berlin Noir. Ambientada en 1936, cuando la Alemania nazi se preparaba para los Juegos Olímpicos de Berlín, Gunther es presentado en ella como un expolicía y actual detective privado, contratado por un industrial para descubrir al asesino de su hija y su yerno, un alto oficial de las SS.

Muy sólido en cuanto a su reconstrucción de época, el esfuerzo de Kerr en el libro se concentra en construir un protagonista que piense y actúe de manera realista en un contexto cada vez más irreal. Apenas comienza la persecución de los judíos, la guerra aún no se ha declarado, la ideología nazi y el culto al Reich van comenzando a empapar la cotidianidad de los alemanes. Y en medio de ese creciente delirio colectivo (que pronto derivará en una profunda negación) el detective acciona y se manifiesta como una de ,las pocas voces cuerdas. Claramente antinazi, pero al mismo tiempo cercano a estos por cuestiones laborales, Gunther debe mantener para sí la mayor parte de sus opiniones políticas si quiere seguir vivo. Tan cercano es su vínculo que en Violetas de marzo (término dedicado por los nazis a quienes se sumaron al Partido Nacional Socialista a última hora), Gunther debe colaborar de manera estrecha con el primer ministro del Reich, Hermann Goering, y con el general de las SS, Reinhard Heydrich.

En la segunda novela de la serie, Pálido criminal, Gunther es obligado por Heydrich a reincorporarse a la policía y perseguir a un asesino en serie que ha matado a varias jóvenes rubias y de ojos claros. Aunque la versión oficial intenta colgarle el asunto a algún inmigrante (los verdaderos alemanes no podrían estar matando chicas blancas), el caso pronto se tuerce cuando aparecen en la investigación el ocultismo y varios nazis preeminentes, Heinrich Himmler entre ellos. Ambientada en 1938, justo cuando Hitler estaba planeando lanzarse a la guerra, la novela reproduce muy bien el clima de violencia, paranoia, irracionalidad y antisemitismo que tan bien había logrado capturar en su predecesora.

La trilogía Berlin Noir se completa con Réquiem alemán, ambientada ya en la posguerra. Gunther, que apenas logra sobrevivir en una Alemania derrotada y devastada, es contratado para intentar exculpar a un excompañero de la policía, acusado por el Ejército de EE.UU. de haber asesinado a uno de los suyos. El detective debe lidiar entonces con las capas de información y contrainformación que comenzaban a caracterizar el conflicto entre soviéticos y estadounidenses y que pronto sería conocido como Guerra Fría.

Es justo después de la culminación de esta trilogía policial histórica que Kerr, nacido en Edimburgo, licenciado en Leyes y Filosofía por la Universidad de Birmingham, se adentró en el terreno de los llamados “tecno thrillers”, mi puerta de entrada a su obra.

A diferencia de lo que ocurre con la serie de su detective predilecto, en estos libros el protagonismo es más difuso y el énfasis parece estar puesto bien en la reflexión más general que plantea su argumento: en Una investigación filosófica, si se puede describir a los criminales según una topografía psíquica estandarizada y si esto es socialmente deseable; en Carne muerta (que con su marco de corrupción moscovita recuerda inevitablemente a Martin Cruz-Smith y su Arkadi Renko), si un sistema social puede convertirse sin más en una organización criminal; en El infierno digital, si es deseable y controlable la inteligencia artificial o si esta terminará por destruirnos.

En 2006 el escritor escocés decidió revivir a su personaje favorito en la novela Unos por otros. Y lo hizo ubicando la acción en 1949, con un Bernie más desencantado que nunca (y estamos hablando de un personaje que de tan decepcionado ha jugueteado varias veces con el suicidio), que tras pasar un par de años al frente de un pequeño hotel heredado es contratado para salir a la caza de un criminal de guerra nazi que aparentemente se ha escapado usando la llamada Ruta de las Ratas, auspiciada por el Vaticano.

Después de Unos por otros, Kerr escribió otras 13 novelas con su protagonista favorito. En una lo lleva a Buenos Aires, a donde llega acompañado de auténticos criminales nazis (Una llama misteriosa). En otra lo ubica en 1934, antes que en la primera novela de Berlin Noir (Si los muertos no resucitan). En otra, en la Cuba de Fulgencio Batista bajo un nombre falso (Gris de campaña). En otra en la Praga de la II Guerra (la Praga mortal que releo). En todas ellas Bernhard Gunther lidia y sufre con el choque que se produce entre sus valores (más bien conservadores y con una ética personal a prueba de balas) y la debacle moral total que producen las sociedades y con la que topa al resolver sus casos.

Kerr, que también escribió la llamada Serie de Scott Manson (ambientada en el mundo del fútbol) así como literatura juvenil y no ficción, terminó Metrópolis, la novela número 14 de Bernie Gunther, pocas semanas antes de morir. El libro será editado en 2019.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.