Estadio Defensores del Chaco

El histórico Defensores del Chaco cumple 100 años

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Nº1943 - al de Noviembre de 2017
escribe Fernando Santullo

Se lo puede ver entre el verde de los inmensos árboles de mango y aguacate. Azul, con su techo de escalones invertidos trepando hacia el celeste del cielo. El barrio está pegado por los cuatro costados, no debe ser fácil para los vecinos cuando se juega un clásico. Y justo hoy se juega uno: Olimpia contra Cerro Porteño. Partido serio, con pelea por pegarse al liderato del torneo y por volcar el balance de victorias en el clásico guaraní. Las cercanías del Defensores del Chaco se van llenando a medida que avanza la tarde de este domingo, justo en el año en que cumple cien.

Su nombre es atractivo, está cargado de épica, de orgullo y también de dolor. Y sin embargo el estadio, su emplazamiento, es mucho más antiguo que su nombre, que le viene del año 1972, cuando fue bautizado en homenaje a los soldados paraguayos que pelearon en la Guerra del Chaco. En esa guerra, librada contra Bolivia entre los años 1932 y 1935, Paraguay tuvo 30.000 bajas y Bolivia 60.000.

Construido en 1917 en el barrio Sajonia de Asunción, el Defensores del Chaco es el reducto de la selección paraguaya desde hace ya muchos años. Si ya de por sí los rocosos equipos paraguayos son un desafío mayor para cualquier rival, jugando en casa son aún más difíciles. En esta eliminatoria mundialista, sin embargo, ni la épica ni la entrega que les viene de fábrica a los jugadores paraguayos fueron suficientes para clasificar a su selección al Mundial de Rusia.

El barrio Sajonia fue creado y desarrollado entre finales de siglo XIX y comienzos del XX por los alemanes Christian Heisecke (quien era precisamente de Baja Sajonia) y Eduardo Schaerer, y es considerado uno de los barrios más tradicionales de Asunción. Barrio sobre todo de casas (como la mayoría de Asunción), en él se alternan las mansiones de más de cien años con viviendas de clase media y otras más modestas. Como en casi toda la ciudad, salvo las avenidas, buena parte de las calles están en mal estado y circular por ellas requiere de una buena dosis de pericia.

Para 1915, Schaerer ya no era solo promotor inmobiliario sino también presidente de la República. Y es en unos terrenos que él mismo dona a la recién creada Liga Paraguaya de Fútbol que comienza la construcción del recinto. Las obras se prolongaron durante todo 1916 y fueron seguidas de cerca por el presidente de la Asociación Paraguaya de Fútbol, el doctor Enrique Pinho, quien personalmente se dedicó a facilitar y acelerar el proceso. El estadio fue inaugurado un año más tarde bajo el nombre de Estadio de Puerto Sajonia, con capacidad para 10.000 espectadores.

El partido inaugural se jugó el 4 de noviembre de ese año y fue entre Olimpia y Libertad. Se trataba de la final de la recién unificada liga paraguaya y el estadio estaba lleno, tanto de aficionados como de autoridades. El primer gol en la historia del estadio lo anotó Rufino Gorostiaga, jugador del Libertad, en el minuto 38 del segundo tiempo tras cazar de volea un rebote. Según una crónica de la época, escrita por Miguel Ángel Bestard, tras el gol “el público enloqueció” y del palco oficial se arrojaron sombreros a la cancha “que fueron devueltos galantemente” por los “emocionados jugadores”.

El estadio, que también era conocido como el Estadio de la Liga, pasó a albergar los partidos más importantes que se jugaban en Asunción. Y unos años más tarde, en 1925, fue rebautizado como Estadio Uruguay, en reconocimiento a la gesta de la selección celeste en los Juegos Olímpicos de Colombes y también gracias a un intercambio curioso. En 1924, Paraguay era el responsable de organizar el campeonato suda­mericano. Sin embargo, sabedores de que su país no contaba con la infraestructura adecuada, los paraguayos propusieron que el torneo se llevara a cabo en Uruguay. La propuesta fue aceptada por la Confederacion Sudamericana de Fútbol y tal decisión resultó clave para el estadio. Y es que gracias al dinero obtenido en el torneo y al que se sumaron los viáticos que la Confederación aportaba a cada equipo, la Asociación Paraguaya de Fútbol pudo ampliar el tamaño del recinto, mejorar sus instalaciones y, de paso, rebautizarlo.

La Guerra del Chaco comenzó apenas siete años más tarde, en 1932, y el recinto deportivo fue utilizado como centro de reclutamiento de los soldados que iban a pelear al frente. Durante los cuatro años que duró el conflicto, el estadio quedó en desuso y decayó de manera alarmante. Tan así que para 1935 estaba completamente en ruinas. Su reconstrucción duró hasta 1939 y se reinaugura el 15 de agosto de ese año, con un partido del torneo amistoso Copa Chevallier Boutell, en el que la selección guaraní jugó contra Argentina. El puntapié inicial de ese match lo dio José Félix Estigarribia, quien ese día juró su cargo como presidente.

Y sin embargo, tampoco sería ese el estadio que hoy se levanta entre las frondosas calles de ese barrio de Asunción. Habría que esperar hasta 1956, cuando el otra vez denominado Estadio Puerto Sajonia se construye con su estructura actual, como forma de celebrar los cincuenta años de la Asociación Paraguaya de Fútbol. Es en esta nueva etapa que se construyen las graderías denominadas Campeones de Lima, en homenaje a los jugadores paraguayos que habían salido campeones de América en la capital peruana en 1953. Es también en 1956 cuando la selección paraguaya juega en el estadio una serie de partidos contra distintas selecciones suda­mericanas, y en los que cimienta su fama de equipo especialmente difícil y aguerrido jugando en este campo.

Tras una breve remodelación en 1968, en 1970 la Liga Paraguaya traslada al recinto sus oficinas. Finalmente, en 1972  el estadio recibe su denominación actual, la de Defensores del Chaco, en homenaje a los caídos en esa guerra con Bolivia. En 1979, Paraguay se proclama nuevamente campeón de la Copa América, tras derrotar a Chile en el Defensores del Chaco por 3 a 0 en el primer partido, caer por 1 a 0 en Santiago y empatar a cero en el partido desempate, celebrado en Argentina, coronándose así gracias a su mejor diferencia de goleo.

Desde hace unos 15 años, el estadio es sometido a permanentes actualizaciones para adaptarse a las normas que marca la FIFA a los estadios que albergan partidos internacionales. Así, con la instalación de las gradas con asientos que pide la federación internacional (y que mejoran las habituales gradas de cemento), la capacidad del estadio se vio reducida de 50.000 localidades a 40.800. En 2006 se inauguró el Museo del Fútbol Paraguayo y en 2008 se construyeron diversas estructuras como el palco de honor, una nueva sala de prensa, así como baños y vestuarios más cómodos y modernos. La última gran actualización del Defensores del Chaco fue en el año 2012, cuando se cambió por completo el césped y se mejoró el alumbrado para cumplir, nuevamente, con las condiciones que demanda FIFA. Actualmente tiene capacidad para 42.354 espectadores.

Las calles se van llenando de a poco de gente, a medida que se acerca la hora del partido. Y es justo el momento en que el sol decide picar en serio sobre Asunción. La policía, que estaba a la sombra desde hacía rato, empieza a acercarse a las barreras. Algunos vecinos cierran los postigos y otros aprovechan para venderles algo a los hinchas que siguen llegando. Frente a sus casas, cruzando la calle, se levanta el estadio de cemento áspero y feo, con sus gradas cargadas de historia y lucha. Capaz que por eso el clásico lo gana Olimpia, de atrás y en la hora. Porque la épica debe ser contagiosa en el Defensores del Chaco.