El pescante

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Nº1939 - al de Octubre de 2017
por Antonio Pippo

—La subió al coche, le dijo que no se asustara, volvió a unir los labios a los de ella y después, aconsejándole que subiera la ventanilla para que no entrara el aire frío, subió al pescante. —¡Un momento, mi amor! —gritó la joven. —¿Qué sucede? —gritó mi tío desde el pescante. —Quiero hablarle, solo una palabra. Solo una, querido mío. —¿Bajo? —preguntó mi tío. La dama no respondió, pero volvió a sonreír. ¡Qué sonrisa, caballeros! Convirtió al otro en nada. Mi tío bajó del pescante en un santiamén.

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