Gerardo Matos Rodríguez en Europa.

Nacida como una marcha carnavalesca, compuesta para pagar deudas estudiantiles, regalada por su autor por pocos pesos, y disputada en un litigio, "La Cumplarsita" —que también se llama “Si supieras”— se estrenó el 19 de abril de 1917 en el desaparecido bar La Giralda

El primer siglo de la eterna melodía

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Nº1914 - al de Abril de 2017

Desde 1998, “La Cumparsita” es, por ley, “himno cultural y popular de la República Oriental del Uruguay”. El famoso tango cumple ahora un siglo, si se considera que fue estrenado en abril de 1917. Sin embargo, hay quienes sitúan la fecha algo antes, en los “carnavales de ese año o en el correr de 1916. Este no es el único equívoco existente alrededor: se discute si ya nació siendo tango o una marcha estudiantil y algunos suelen creer que es argentino. Lo que nadie duda es que su origen está en una pieza musical pergeñada, durante la segunda década del siglo XX, por el estudiante uruguayo Gerardo Hernán Matos Rodríguez, al piano, que animaba las veladas de la Federación de Estudiantes del Uruguay, en una casona de la calle Ituzaingó 1282.

Matos, nacido en 1897, estudiaba Arquitectura en la entonces Facultad de Matemáticas y lo apodaban Becho. Su padre, Emilio, era dueño de un cabaret, el Moulin Rouge, en la Ciudad Vieja.

Aficionado a la música, Matos tocaba el piano de oído. Tenía 20 años cuando se le ocurrió crear una melodía que, afirman Oscar Natale y Roberto Selles, iba a ser tocada en Carnaval por “Los luchadores”, un subgrupo de la Federación. Interpretando aquella página esperaban conseguir el dinero con el que “pagar a la firma Castellano y Regules las cuotas de los muebles comprados para la sede”. Esto habría ocurrido en 1916 o a principios de 1917.

La portada de la partitura de “La Cumparsita” recuerda el origen de la melodía que surgió como una marcha estudiantil

Basándose en documentación familiar, Rosario Infantozzi Durán, sobrina nieta de Matos, sostiene en un libro publicado en 1992 que “La Cumparsita” fue estrenada, como tango, el 19 de abril de 1917. El título, que lógicamente debió haber sido “La Comparsita”, cambió a causa del “gracioso cocoliche de un mozo italiano de la Vaquería del Parque Urbano (actual Rodó), que cada vez que veía a Matos y sus bullangueros amigos anunciaba: ‘Llegó la cumparsita’”, según consta en el libro “Cien tangos fundamentales”, de Óscar del Priore e Irene Amuchástegui.

Otros entendidos sostienen que el título lo idearon Matos y sus amigos teniendo presente el destino de la composición: iba a ser una marcha carnavalesca tan sin pretensiones, que su nombre iría en diminutivo y, además, con una grafía deliberadamente equivocada.

LOS ORÍGENES. En 1922 fue demolido en la esquina de 18 de Julio y Andes el espacioso local que ocupaba el café La Giralda. En su lugar se alzó el Palacio Salvo, inaugurado en 1928. Pero antes de eso, en La Giralda se oyeron por primera vez las notas de “La Cumparsita”. Técnicamente, Matos no estaba en condiciones de llevar las notas al pentagrama. Se dice que, a su pedido, lo hizo un pianista español de apellido Ruiz que tocaba en la sala del Ideal, un cine frente a la Plaza Independencia. Otros aseveraron que fue el músico uruguayo Carlos Warren. Y están los que la atribuyen al compositor, pianista y director argentino Roberto Firpo. Lo cierto es que el autor había compuesto solo las dos primeras partes.

Ubicado en una esquina del espacio que ahora ocupa el Palacio Salvo, La Giralda fue escenario de las primeras notas de “La Cumparsita”

A finales de marzo de 1917, el cuarteto de Firpo inició su segunda temporada en La Giralda. Junto con el director tocaban el bandoneonista Juan Bautista Deambroggio y los violinistas Agesilao Ferrazano y David “Tito” Roccatagliata.

Según Emilio Sisa López, Matos hizo llegar a Firpo la partitura, incompleta, de “La Cumparsita” por intermedio de un empresario teatral, Manuel Barca. “Barca o Barqueta, no recuerdo bien su apellido, venía con unos quince muchachos, jovencitos estudiantes, y me dijo: ‘Vea, aquí le traemos una marchita —una marchita, así como digo— y queremos que usted la arregle. Hay que hacer un tango”, dijo Firpo, en la última entrevista que concedió, en 1969.

“Como había compuesto” “La Gaucha Manuela”, en 1906, y “Curda completa”, le puse unas partes de esos tangos que no habían tenido éxito alguno”, contó en esa entrevista que Firpo le dio a Aníbal Curutchet. “A la noche lo toqué con Tito Roccatagliata y Juan Deambroggio”, añadió el músico, “y lo que menos me imaginaba fue la apoteosis que se avecinaba. Lo corrieron a Matos (aquel 19 de abril de 1917) y lo llevaron en andas”. En otras ocasiones, Firpo había declarado que incluyó hasta un pasaje de la ópera Miserere, de Verdi.

LA CASA DE LA AGUADA. “La Cumparsita” fue llevada al disco poco después por un cuarteto uruguayo integrado por el pianista Alberto Alonso, el bandoneonista Minotto di Cicco y los violinistas Juan José Castellanos y Juan Tróccoli. Sisa cuenta que en mayo habían ido a Buenos Aires para grabar veinte temas en los estudios de RCA. “Llevaban realizados diecinueve registros y, cuando estaban en la duda del último, el gerente Dell’Acqua sugirió: ‘¿Por qué no hacen ese tanguito de Matos?’. Quizá más apremiados por el tiempo que por el entusiasmo, aceptaron; así surgió la primera grabación de ‘La Cumparsita’”. La etiqueta de esa placa primigenia lleva la inscripción 69579-A.

Matos Rodríguez vivió sus últimos años en una casa en la Aguada, ubicada en Nueva York 1415. Allí murió el 25 de abril de 1948, con poco más de 50, tras sufrir una parálisis progresiva.

Firpo le dijo a Curutchet que ofreció a Matos asociarse para cobrar los derechos de autor. Pero el joven se negó y se los vendió por 50 pesos y 30 ejemplares de la partitura, una vez impresa, a la casa Breyer, en Buenos Aires. Becho, que era un fuerte apostador en el hipódromo, perdió aquel estipendio en las patas de un pingo. Después dejó de estudiar y se dedicó a componer. Registró más de 70 títulos, entre los que figuran “Mocosita” (letra de Víctor Soliño) y “Che papusa, oí” (Enrique Cadícamo), grabados por Gardel, y “La muchacha del circo” (Manuel Romero), un clásico de Magaldi.

Hombre del turf, con stud y caballos propios, cónsul uruguayo en Bremen (Alemania) y corresponsal de un diario porteño en Europa, Matos fue apreciado en los círculos sociales. Cuando volvió al país, fijó su domicilio en una casa del barrio de la Aguada, ubicada en Nueva York 1415. Allí murió el 25 de abril de 1948, con poco más de 50, tras sufrir una parálisis progresiva. La casa, hoy casi abandonada, es propiedad del exfutbolista Luis Garisto y su esposa, quienes la compraron en 1988, la restauraron y abrieron en 1996 una tanguería, que funcionó hasta 2001. Garisto, de 71 años, está enfermo; ni él ni su cónyuge pueden devolver a la finca su antiguo esplendor.

Recientemente, el edil colorado Alfonso Iglesias pidió a la Intendencia la “protección y posterior expropiación del inmueble”. En Búsqueda Nº 1.903 se informó: “En su muro de Facebook, la compositora y cantante Estela Magnone, directora del Museo de Agadu, llamó la atención sobre el abandono de esta finca histórica: ‘Aviso para las autoridades que empiezan a festejar los 100 años de La Cumparsita: la casa de Matos Rodríguez de la calle Nueva York 1415 está cerrada. Sus dueños, el Sr. Luis Garisto y Sra., que la habían restaurado, no pudieron mantenerla. Y no lograron que el Ministerio de Cultura o la Intendencia de Montevideo se hiciera cargo de ella. El que tenga oídos para oír, que oiga’, remató”.

EN LITIGIO. Matos recuperó los derechos de “La Cumparsita” cuando la casa Ricordi adquirió el fondo de Breyer y acordó pagarle en lo sucesivo un porcentaje. Pero el pleito grande lo tuvo con Pascual Contursi y Enrique Maroni, después de que ambos adosaran una letra al tango de Becho, introdujeran cambios en la partitura para que  rimara y hasta cambiaran el título, poniéndole “Si supieras”. La pieza modificada se dio a conocer en Buenos Aires, cantada por el vocalista Juan Ferrari, en junio de 1924. Poco después, Gardel la  grabó con el nombre de “Si supieras”. El toque gardeliano tuvo efectos notables. Sobre todo en el ánimo de Matos, quien rechazó indignado la letra de Contursi y Maroni, y en 1926 escribió una propia, de cinco estrofas, haciendo que la editorial publicara solo estos versos con la música original.

El libro de Rosario Infantozzi recoge estas palabras de Becho: “Se me otorgaron ciertas ventajas, no totales aún, pero lo más importante fue que pude mandar una nota a la Sociedad de Autores (la argentina Sadaic) en 1926, pidiendo que se prohibiera tocar, ‘La Cumparsita’ con letras o versos que no fueran los originales. Era lo único que podía hacer por el momento. Ya para entonces la moda del tango-canción exigía que ‘La Cumparsita’ tuviera una letra para reemplazar la otra (la de Contursi y Maroni). Por lo tanto, con el espíritu del amo que prefiere sacrificar él mismo a un animal marcado, así me decidí, me encerré una noche y le escribí una. Un espanto. Fue una letra mal parida, escrita sin ganas, a regañadientes. ‘La Cumparsita’ nació sin letra y así debió haber seguido, pero no tuve otro remedio. El 9 de noviembre de 1926 depositaba en la Biblioteca Nacional un ejemplar de mi tango, con letra y música mías”.

El largo litigio culminó en 1948 con un fallo que otorgó 80% de los derechos a los herederos de Matos Rodríguez y 20% a los de Contursi (fallecido en 1932) y a Maroni, quien vivió nueve años más. La letra de Matos, sombría, fue llevada al disco por el tenor italiano Tito Schipa, en 1930, y mereció otra versión grabada por los “ángeles del tango” (Ángel D’Agostino, pianista-director, y Ángel Vargas, cantor) en 1945.  Pero el “himno de los tangos” tuvo tres letras más: las firmadas por Alejandro del Campo y Roberto Salles, y la que escribió en 1937 (en inglés) la norteamericana Olga Paul.

Actualmente, el piano en el que nació “La Cumparsita” integra el acervo del Museo y Centro de Documentación de Agadu.

EL ÉXITO PERDURABLE. Desde el cruce de 18 y Andes, “La Cumparsita” se proyectó al mundo con gran ímpetu. En el cine hay varias películas en las que “La Cumparsita” es bailada o se la escucha total o parcialmente. Entre ellas figuran “Una Eva y dos Adanes”, con Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis; “Kika”, de Pedro Almodóvar; “Leven anclas”, donde la parte coreográfica corre por cuenta del virtuoso Gene Kelly; “El ocaso de una vida”, “Alice”, “Valentino”, y “Harry Potter y el prisionero de Azkabán”.  

La filmografía argentina incluye la cinta “La Cumparsita”, de 1947, protagonizada por el cantor, actor y luego director Hugo del Carril, y “Canción de arrabal”, de Enrique Carreras, en coproducción con España, de 1961.

Así como de Gardel se dice que “cada día canta mejor”, del tango de Matos Rodríguez suele afirmarse que “el tiempo pasa, las cosas cambian, ‘La Cumparsita’ queda”.