El principio de Peter

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Nº1968 - al de Mayo de 2018
por Andrés Danza

Parece que va a ser larga la lista de precandidatos para las próximas elecciones internas y esta es una buena noticia. Lo es para los electores, que podrán verse más reflejados en una de las alternativas; lo es para los políticos, porque la competencia genera un mayor esfuerzo por la calidad; y lo es para todos los que hacen del próximo año y medio su época de zafra, desde encuestadores hasta publicistas. Pero lo es especialmente para Laurence J. Peter, que podrá demostrar una vez más la solidez de su principio, divulgado en 1969 mediante el libro The Peter Principle.

El principio de Peter es prácticamente infalible y mucho más en una campaña electoral con tantos competidores primerizos. El asunto central es el momento en el cual se acciona: si demasiado tarde o todavía a tiempo como para evitar males mayores. Porque lo que el catedrático en Ciencias de la Educación de la Universidad del Sur de California describió hace medio siglo como regla sociológica, puede tardar más o menos, pero siempre aparece.

La explicación es bastante sencilla y podría resumirse en una frase: toda persona llega en una carrera laboral o profesional al máximo de sus posibilidades y cuando sube un escalón por encima de ellas queda en evidencia su ineptitud y cae estrepitosamente.

Peter lo basó en el “estudio de las jerarquías en las organizaciones modernas”, y concluyó que “las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, a tal punto que llegan a un puesto en el que no pueden formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, y alcanzan su máximo nivel de incompetencia”. En otras palabras, también de Peter: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse”.

Dicen que se basó en el filósofo español José Ortega y Gasset, que en la década de 1910 había escrito: “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.

Hasta ahí el principio de Peter, claro y contundente, y sus posibles inspiraciones pasadas. Pero lo más destacable es su vigencia y validez en casi todas las áreas y en especial en la política. Para demostrarlo, es necesario traerlo a Uruguay.

La campaña electoral es larga. Ahora todos se preparan para la siesta mundialista, en la que durante un mes el fútbol será el tema de conversación casi excluyente. Entre goles espectaculares y dudosos, jugadores que sorprenden o defraudan y series clasificatorias hasta tener una selección campeona del mundo, se irá junio y parte de julio. Y después sí, se encenderán los focos en el escenario virtual que atraerá las miradas durante un año y medio.

Allí arriba habrá varios debutantes, según lo que hasta ahora se sabe. En el Frente Amplio los intendentes Daniel Martínez y Yamandú Orsi se expondrán a la luz más intensa sobre las tablas de la política uruguaya por primera vez, al igual que la ministra de Industria Carolina Cosse. En el Partido Nacional habrá algunos experientes gladiadores pero también de los nuevos, con la senadora Verónica Alonso y el intendente Enrique Antía como los más probables. Lo mismo ocurrirá con el Partido Colorado con el economista Ernesto Talvi y el diputado Fernando Amado. También Edgardo Novick será debutante.

Así el panorama actual: casi una decena de nuevos actores buscarán un desempeño sobresaliente con sus mejores vestuarios y discursos para tratar de alzar los brazos triunfantes ante una multitud el último domingo de noviembre del próximo año. Y así también el principio de Peter, que volverá a extenderse sobre ese escenario como una enorme tela blanca que sacará visibilidad a algunos y dejará con más relieve a otros.

El gran problema, la gran duda que surge ante esta carrera con mucho por conocer en poco tiempo, es hasta qué punto quedarán verdaderamente expuestos esa decena de nuevos actores protagónicos. Cuando muchas personas se mueven en un único espacio limitado, algunas consiguen pasar inadvertidas y esquivar, al menos por un tiempo, a Peter y sus reglas.

Hay muchos ejemplos pasados que muestran al principio enunciado en todo su esplendor, derribando candidatos presidenciales que ya preparaban hasta su discurso de asunción. Les pasó a los blancos a mediados de la década de los 90, a los colorados a principios del siglo XXI y es probable que ahora sea el turno del Frente Amplio. En todas esas oportunidades gobernantes de mediana edad y con relativo éxito en sus gestiones públicas fueron por el premio mayor y Peter se encargó de correrlos del camino.

Pero también hay otros ejemplos en los que las teorías del catedrático estadounidense demoran un poco más en llegar. Eso sí, aunque con retraso, aparecen. El caso más reciente como para ilustrar este segundo grupo es el del ex vicepresidente Raúl Sendic. Con una buena campaña electoral, una gestión poco cuestionada en Ancap y hablando solo lo necesario, Sendic llegó a ser el número dos de la política uruguaya y convenció a muchos de que su destino era el primer puesto. Pero una vez que quedó menos acompañado sobre el escenario, los focos se trasladaron hacia él. Y entonces: un error primero, después dos y tres y cuatro… Y Peter otra vez triunfante, provocando una caída estrepitosa.

Así que mucho trabajo le espera al catedrático del norte y a su principio, hasta ahora triunfante en Uruguay. Capaz que demasiado. Por eso, un deseo: que la siguiente elección nacional no sea la excepción que confirma la regla.

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