Edad: 39 • Ocupación: periodista • Señas particulares: conserva una espada de su abuelo combatiente en la I Guerra Mundial; se retiró de las canchas de fútbol por una rodilla rota; le gustan las películas de guerra y cowboys

Entrevista: Juan Hounie

4min
Nº1956 - al de Febrero de 2018
Bernardo Wolloch
Foto: Santiago Ascorreta

¿Cómo nace Suena Tremendo? Trabajé en Del Sol desde el 2000 hasta el 2005. En ese año hicimos con Sapo (Diego Zas) la primera versión de Suena Tremendo para un piloto que fracasó y no logró quedar en ninguna radio.

¿Y cómo llegó a salir al aire? A fines del 2010, Sapo ya estaba trabajando en El Espectador y lo llama Lucía Massa, la hija de Javier Massa, y lo convoca para hacer un programa nuevo para la tarde. Le encomendó que se encargara de con quién le gustaría conducirlo, los columnistas, el programa, el nombre, todo. Ahí me llamó. Así fue que nació Suena Tremendo. En marzo de 2011 debutamos en El Espectador. 

Tenés cinco hermanas, sos el penúltimo. ¿Cómo influyó eso en tu formación? Cuatro hermanas son bastante más grandes que yo y muy pegadas en edad entre ellas. La más cercana me saca ocho. Tengo una más chica a la que le llevo 11 años. Creo que influyó en que yo me crie viendo a mis hermanas más grandes con su universo y fui construyendo el mío propio, de alguna manera cuasi de hijo único, porque no tenía con quién jugar.

¿Jugabas al fútbol con cartoncitos? Sí, una bolsa llena de cartoncitos doblados. Les cortaba a las cajas de whisky unos rectángulos, le doblaba una punta y generaba un equipo de 11 cartoncitos. Le pintaba las camisetas y los números con mucha perfección e iba armando selecciones. Tenía más de 30 selecciones. En algunos casos no conocía la camiseta de los equipos y las hacía en función de los colores de la bandera. Armaba campeonatos mundiales de 24 equipos con seis series de cuatro. Los jugaba yo y duraban casi 20 días. Armaba un calendario con fecha y hora de partidos. Anotaba los resultados hasta que hubiese un campeón. La pelota era de papel aluminio y los jugadores tenían su posición.  

¿De dónde surge tu interés por la historia? La historia estuvo presente en mi casa a partir de muchos libros, pero había tres tomos grandes y gruesos que son una recopilación de artículos que hizo la Reader’s Digest cronológicamente, desde el ascenso de los nazis al poder hasta que se firmó la paz con los japoneses. Luego quería conocer toda la historia. Y si te gusta la historia es inevitable que te guste la política, porque en definitiva es la manera en que nos organizamos para que la historia exista.

¿Qué películas te gustan? Me gustan todos los géneros y los subgéneros, pero los westerns y las de guerra son las que más me gustan porque me encanta la historia.

¿Sos un gran asador? Creo que soy un asador que se fue haciendo a base de una enorme experiencia acumulada. 

¿Cómo terminaste ocupando ese rol? Cuando dejé de vivir con amigos y tenía un medio tanque en la azotea de una propiedad horizontal, me reencontré con el asado. En el grupo quedé como el asador oficial y de a poco fui agarrando esa manija que me sirvió para ir mejorando mi calidad. Hoy ya puedo decir que soy un asador consumado.

¿Llevás la vida de un rockero? No, no. La barrera de las tres de la mañana casi que ya no la puedo romper. Básicamente, por aburrimiento. Llega un momento en que te cansa físicamente y mentalmente. Es divertido juntarse con amigos y emborracharse en un asado, pero más no. Todos tienen hijos y responsabilidades.

Sos de carácter temperamental. ¿Es cierto que te dicen “petiso calentón”? Petiso compadrón, me dicen. También Pepe Cortisona, saco de plomo, porque tengo el tórax grande. Soy calentón. Me caliento pero no con cualquier cosa. Lo que más me ofusca es cuando algo no funciona, cuando me veo superado por la tecnología. Ahí me caliento en serio.

¿Rompés cosas? Sí, claro. He roto teclados, una torre. Controles remotos... los tiro a la mierda. 

¿Qué dice tu señora? Me mira como quien mira un documental en YouTube donde un neandertal está enfrentando por primera vez a una herramienta primitiva que no logra hacer funcionar con su intelecto limitado y, por ende, termina rompiéndola y tiene que venir otro neandertal un poco más inteligente a, razonablemente, solucionar los problemas. 

¿Te gustan las motos? Siempre me gustaron. Más que nada los modelos clásicos que fueron utilizados en la II Guerra Mundial o en la primera. Indian, Harley, Triumph, Royal Enfield. El lema de Royal Enfield, la que tengo, es Made like a gun.

¿Cómo conociste a tu señora? Gracias a mi amigo y ahora cuñado, Nicolás Etcheverry Linn, conocido como Naka, o como la Rockola Humana. Nos conocemos desde que tenemos 14 o 15 años. Tuvimos bandas durante el liceo. Era una amistad fuerte. Cada tanto iba a su casa y ahí conocí a su hermana. Comenzamos a hablar. Éramos jóvenes, 20 y 18 años. 

De toda la música que escuchás, ¿te atraen especialmente los Beatles y Buenos Muchachos? Si tuviera que elegir una banda con la cual tengo un compromiso existencial en este lugar es con los Buenos Muchachos. La conocí ni bien salió Aire rico en 1999. Para mí, la Buenos Muchachos, sin exagerar, son una de las mejores bandas del mundo. Y los Beatles es una cuestión que viene de mi infancia. Van pasando los años y redescubro cosas en sus discos, entonces siempre están presentes. Es una constante universal.

¿Cuál es el género que más te gusta? El blues. La gran mayoría de mis discos son de ese género. En los últimos años me fanaticé con el blues rural, el delta blues.

¿Ópera o música clásica? Antes la detestaba. Casi de soslayo terminé escuchándola cada tanto. Ojalá tuviera más tiempo para hacerlo. Si vivo algunos años más, y me convierto en un viejo ermitaño, voy a aprovechar la oportunidad. 

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