• Edad: 26 • Profesión: tenista • Señas particulares: Es hincha del Club Atlético Vélez Sarsfield. Regenteó el quiosco de su padre. Nunca fue a un casamiento

Entrevista: Martín Cuevas

5min
Nº1960 - al de Marzo de 2018
Bernardo Wolloch
Foto: Luciano Dogliotti

¿Cómo surge el apodo Bebu? Gran parte gracias a mi hermano Pablo. Como soy el más chico de mis dos hermanos y de los siete primos, siempre fui el bebé de mamá. Tenía seis años y todavía no sabía hablar mucho o lo hacía poco. Cuando tenía cuatro años seguía con el chupete. Pablo me empezó a llamar Bebu y quedó. 

¿El 2017 fue el mejor año de tu carrera? Sí, totalmente. Venía de seis meses sin jugar por una lesión en una muñeca y posteriormente una operación que tuve en la mano. En 2017 intervine en muchos torneos y no padecí dolores ni molestias. El segundo semestre de 2017 fue cuando gané cuatro Future seguidos. Había ganado dos a mitad de año. Sumé mi mejor ránking ATP, el 306, que es el que tengo actualmente. 

¿Qué cambiaste para tener un buen año? Di un paso en el torneo en Uruguay cuando perdí contra (Carlos) Berlocq. Ahí me di cuenta de que estaba jugando bien. Venía de semanas anteriores de ganar partidos a nivel Challenger y cuando bajé a jugar torneos Future me di cuenta de que estaba para ganarlos. Tenía tranquilidad mental. Esa es la clave: 80% del tenis está en la cabeza. Me mantuve tranquilo y con confianza.

¿Por qué mental? Es muy individual. En el fútbol, por ejemplo, si no estás en tu día podés mentir un poco más, pero en el tenis si no estás en tu día no hay quién te cubra. Es uno contra uno. A veces te toca jugar acá y otras no. Tuve la posibilidad de ganar torneos en Rumania, pero también de perder en una primera ronda, estar solo en el hotel y al otro día levantarme a entrenar. Esas cosas te fortalecen, te vuelven más duro pero también te enfurecen.

¿Siempre fuiste profesional? Obviamente que cuando decidí jugar al tenis empecé a cuidarme más con las salidas. Mañana tengo un casamiento de uno de mis mejores amigos y no puedo ir. Nunca fui a un casamiento. A un cumpleaños de 15 habré ido dos veces en mi vida. Hay que privarse de algunas cosas. Cada día que pasa se vuelve más profesional a escala mundial. Ahora está de moda comer sin gluten. Hay que ir acomodándose. Me cuesta, pero trato de hacerlo lo mejor posible. 

Tu padre tiene un quiosco. ¿Alguna vez estuviste a cargo del negocio? Me tocó durante algunas tardes cuando iba a Salto. Hace cuatro o cinco años cuando mi padre se iba a dormir la siesta me quedaba a cargo. Lo hacía con mucho placer. 

Tu padre fue un importante activista sindical. ¿Alguna vez te interesó la política? Él militaba cuando vivía en Argentina. Acá en Uruguay no tuvo dedicación política. Nunca lo oí hablar de política uruguaya. Mi madre que es uruguaya tampoco. Se habla de política argentina. A mí nunca me interesó. 

¿Se sienten fronterizos, argentinos o uruguayos? Yo nací en Concordia, Argentina. De chico, cuando mis abuelos atravesaban un mal momento, la familia decidió irse a vivir a Salto. Cuando tenía 8 años y me iba bien en los torneos la Asociación (Uruguaya de Tenis) me invitó a participar en un Sudamericano. Ahí elegí nacionalizarme por Uruguay. Desde ese día me siento uruguayo. Mis amigos son de Salto y mi hermano y toda su familia viven acá. A los 15 años me fui a vivir a Buenos Aires. Allá tengo amigos, un apartamento. También me siento un poco argentino.

¿Sos hincha del Club Atlético Vélez Sarsfield? Sí, es el cuadro de mis amores. 

¿Seguís a algún equipo uruguayo? Simpatizo con Peñarol, pero soy más hincha de Vélez.

¿Cómo recordás el penal errado de Santiago Silva en la Libertadores de 2011? Fue terrible. Ayer conversaba con un amigo hace cuánto no ganábamos la Libertadores. Hasta el día de hoy, el hincha de Vélez lamenta ese penal porque teníamos un gran equipo y un gran técnico. Ahora, vernos tan mal, la verdad que duele.

¿Puede ser que te gritaron el penal en la cara? Es verdad. Estaba en Brasil con mi entrenador de aquella época, Felipe Macció. Cuando el Tanque Silva erró el penal me lo gritó porque él es simpatizante de Peñarol.

¿Sos calentón? Hace dos años me calentaba más. No rompía una raqueta por torneo, pero por año se me iba una o recibía un warning por partido. Aprendí un poco de mi hermano, que es bastante calmo, hasta a veces le decimos que festeje un poco más. Me enseñó a manejar la ira y, también, al ver a buenos tenistas te das cuenta de que no sirve calentarse ni mostrarle al rival que estás nervioso. Hay que mantenerse tranquilo.

¿Cómo manejás las derrotas? Cada vez mejor. Irte a la otra punta del mundo y perder obviamente me calienta más que perder acá, rodeado de familia y amigos. Convivo todas las semanas con la derrota, es un deporte que terminás el año con 10 o 15 partidos perdidos por encima de los triunfos. Al otro día hay que seguir, no se puede pensar mucho en eso.

¿Cómo es entrenarse con Pablo durante diciembre y enero en Uruguay? Siempre me entrené con Pablo. De chico, cuando volvía de practicar le pedía para jugar. Íbamos a la vereda o hacíamos frontón. En diciembre, antes de ir a Australia, cuando se junta la época de entrenamiento fuerte, hacemos pretemporada juntos. Intento aprovecharlo al máximo. 

¿Qué beneficios te da vivir en Buenos Aires? Me da la oportunidad de entrenarme con jugadores como Pablo. Tuve la suerte de hacerlo con Del Potro, Nalbandian, Pico Mónaco, Berlocq, el enano Schwartzman. Entrenar con Del Potro es increíble, vienen todas las pelotas iguales, te hace jugar a un gran nivel. Son todos grandes profesionales. No existe más el gordito talentoso o el canchero, ahora hay poco boludeo.

¿Por qué se dice que el tenis vuelve a los jugadores egoístas? Lo hablé con mi hermano. Creo que la alta competencia te concentra cien por ciento en vos. Te olvidás un poco del afuera y pensás en el ganar. No hacés foco en otro cosa.

Vas a jugar dobles con Pablo por Copa Davis. Eso está increíble.  

¿Mirás tenis? A mi hermano lo miro siempre y sigo su carrera. Antes, cuando perdía o le iba mal me ponía triste y me costaba entrenarme. Hace un par de años entendí que es difícil y que él hace todo lo mejor que puede. Conozco a muchos argentinos y cuando juegan también los veo: Schwartzman o Berlocq-; también a Roger y Rafa. Esos partidos los veo completos. Ahora, si juega Murray contra un eslovaco o serbio que está 90 en el ránking ATP, no lo sigo.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.