Nombre: Martín Sarthou • Edad: 47 • Ocupación*: periodista • Señas particulares: de chico quería ser ciclista y dentista, la bicicleta es su medio de transporte, conversa mucho con su hija Abril.

Entrevista / Martin Sarthou

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Nº1926 - al de Julio de 2017
Carolina Villamonte

¿Tiene alguna manía antes de salir al aire?

No, soy muy desprolijo. No siempre llevo conmigo el auricular y tengo que andar pidiendo. No tengo la ropa preparada para todos los días, y he llegado a salir con camisas dos talles más chicas de algún otro compañero. Lo único que no puedo tener es mucho papel sobre el escritorio. Me siento solo con el libreto, y me quedo por las dudas con el teléfono por si pasó algo. No leo, las experiencias que tuve de teleprónter fueron nefastas. No me formé en el periodismo, lo aprendí como oficio, trabajando en diario, y tengo vocación para contar y explicar, o tratar de transmitir.

¿Cómo llegó al periodismo?

En 1994 trabajaba en la comisión uruguaya para Unesco. Había estudiado Relaciones Internacionales, me había ido a Canadá, a una beca en un encuentro mundial de jóvenes. Después me quedé por una beca para estudiar nacionalismo y terrorismo. Antes de irme a Canadá había llevado a El Observador un currículum porque veía que a la información internacional le daban un giro más de análisis. Estando allá me llamaron, y cuando volví me enganché, hasta 1999. Fue una experiencia de las más enriquecedoras, sobre todo por lo formativo. Aprendí a valorar, entender, querer y a sentirme periodista.

Liberando la imaginación, ¿a quién le gustaría entrevistar?

Más que a una persona me gustaría hacer un reportaje de Chernobyl. Después, a algún dictador sanguinario o un líder terrorista en la clandestinidad. Me gusta descifrar la cabeza perversa, porque creo que la bondad está en todos, y buscar el bien común está en todos, y buscar la armonía creo que es un principio esencial de cualquier persona humana. Entender la cabeza de la gente que lleva adelante determinados actos me resulta desafiante. En Irlanda del Norte logré ir al penal de Maze, donde estaban la mayoría de los presos del IRA, y a la vez de los unionistas protestantes. Entrevisté a mucha gente que había cometido atrocidades. Ellos mismos son muy reveladores de por qué lo hacen, buscan la trascendencia.

¿Qué tan diferente es de la persona que era hace 10 años?

Tengo algunas diferencias sustanciales. En 2007 mi hija tenía apenas cinco años y todavía no había conocido a Victoria (Zangaro). Vivía en un monoambiente con una valija a medio hacer porque cualquier cosa que pasara sabía que me iba. Hoy ya no. Me importa mucho mi hija. Hace ya varios años comprende las situaciones, y pongo delante la estabilidad familiar.

¿Cuántos idiomas habla?

Oficialmente hablo inglés como único idioma además del materno, pero me arreglo bastante bien con el francés, el italiano, el portugués y el árabe. En Facultad de Derecho tenía siempre dos horas libres, me iba a la Biblioteca Nacional y estaba fascinado con aprender euskera. Me pedía un diccionario castellano-euskera y un libro en euskera. Leía el libro y escribía, y en un cuaderno me hacía mi propio curso de euskera.

¿Cuándo adoptó la bici como su medio de transporte?

Hace como 10 años. De chico quería ser ciclista y dentista. Mi papá me llevó a una práctica en el Club Ciclista Fénix, y me encantó. Tenía 12 o 13 años. Pero era por Camino Maldonado y yo vivía en Malvín. Me encantaba la vuelta ciclista. Armaba los equipos con papelitos, tiraba dados y me inventaba una vuelta ciclista. Era muy fantasioso y muy solitario.

¿Hasta dónde llegaría en bicicleta?

Lo último que hice a fines de abril, un día después de mi cumpleaños, después de comer ñoquis, un gran fondo de 88 km y lo terminé. A Punta del Este te voy.

Está en pareja con Victoria Zangaro. ¿Cómo es ser una pareja mediática en Montevideo?

Salimos más a desayunar que a cenar. Igual buscamos lugares que son como nuestros refugios, y no nos gusta que nos hagan sentir algo especial, que te inviten con algo, o si hay gente esperando que te den la mesa antes. Donde menos bola nos den, más cómodos nos sentimos. Nos ha pasado que alguno de otra mesa te saca una fotito de lejos. Prefiero que se acerquen y nos saquemos la foto juntos.

¿Es cierto que está escribiendo un libro?

Me propusieron hacer un libro. Ya me habían ofrecido antes y dije que no. Primero, soy pesimista y pienso que lo que tengo para contar no le interesa a nadie. Pero le tenía miedo a la crítica destructiva y mal intencionada, al prejuicio, que en Uruguay es una cosa demoledora. Hay gente que no va a abrir el libro y ya lo va a criticar. Eso me dolía. Y hoy todo se amplifica por las redes sociales. Estoy escribiendo sobre los viajes pero organizados por los sentimientos que tuve en cada lugar: miedo, nostalgia, resentimiento, indignación.

¿Cómo lleva la adolescencia de Abril?

Cumplió 15 y se fue de viaje con amigas a Estados Unidos. Es muy comunicativa y transparente, porque es muy sensible. Hay cosas que las conversa con Victoria y otras conmigo. Lo que me cuesta es el choque generacional, porque tengo ganas de ponerme a conversar y te dice “uf, qué pesado”. Y te sentís como un viejo. Ahora me lo tomo con más naturalidad. Igual yo me derrito, me tiene comprado.

¿Cuál es el mejor plan con ella?

Hacer juntos algo que ella llama una aventura, que puede ser subir un cerro o, estando de viaje, explorar un lugar. Se genera toda una complicidad. Son los momentos que tenemos como inol-vidables. 

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* Aclaramos que en la edición impresa se publicó por error que Martín Sarthou es licenciado en Relaciones Internacionales. Pedimos disculpas.