El domingo de Pascua, al salir de la misa en la catedral de Palma de Mallorca, la tensión entre Letizia y doña Sofía se hizo evidente cuando la reina intentó evitar que fotografiaran a su suegra con sus hijas.

El incidente en la Catedral de Palma de Mallorca el domingo de Pascua reveló que la madre del rey Felipe tiene que soportar, como tantas suegras, a una nuera antipática, maleducada y demasiado flaca

Estamos contigo, Sofía

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Nº1964 - al de Abril de 2018
Escribe Tessa García

Estos días, los admiradores de la reina Sofía de España le hemos estado enviando profusos saludos y palabras de aliento de forma telepática. Nunca antes le habíamos tenido tanta simpatía. Quisiéramos, más que nunca, sentarnos a tomar el té con ella y decirle que pocas veces se ve tanta sencillez en una persona, tanta sintonía con la vida. Que amamos su estilo de estar sin meter las narices, su naturalidad, su presencia tranquila, su grandísima realeza. 

Querríamos contarle que lamentamos mucho el incidente de conventillo que tuvo que soportar, a los ojos del mundo, con su nuera Letizia hace unos días a la salida de la catedral de Palma de Mallorca. Un episodio vulgar, con forcejeos, que podría haber sucedido en alguna vereda de Paso Carrasco, con la cara de la reina levemente desencajada y la falta de clase de Letizia brotando a flor de piel, quien, por alguna razón que ignoramos, no quiere que sus hijas salgan fotografiadas con su abuela.

El video, que circuló de forma viral en los medios de comunicación del mundo entero, llama la atención porque deja ver una situación de lo más ordinaria, que podría sucederle a cualquier abuela de barrio. En esas imágenes, Letizia personifica a la nuera que toda madre de un varón teme tener. La nuera malparida que no deja a la abuela tener trato con sus nietas. Que le pone horarios de visita, que nunca tiene el gesto de dejárselas un fin de semana entero, que se enoja porque la abuela les da a las niñas caramelos de anís cuando ella no está mirando. 

Sofía es una mujer real, a ella le ocurren las mismas desgracias que le ocurren a cualquier mujer. A saber, su marido le fue infiel toda la vida y ahora ya está viejo y achacoso del todo; una de sus hijas se casó con un patán delincuente estafador, y  su hijo varón, el hombre de su vida, se unió para siempre a una mujer antipática, maleducada y demasiado flaca. Duro como la vida misma.

Cuesta bastante asumir que la propia Letizia es reina… Su energía áurica no alcanza el mínimo de solidez necesario. Con ese cuerpo endeble y esa mirada acuosa flotando en neurosis ninguna mujer puede ser reina de nada. Una reina de verdad es amplia, pesada, apacible. No nerviosa ni anoréxica ni insegura. Grandota, con ojos grandes y centrados y piernas anchas o por lo menos bien torneadas. Eso es una reina. Recordemos a Máxima de Holanda. ¿Por qué Máxima sí es una verdadera reina? Por su ancha complexión ósea, su forma terrenal, la sonrisa francota, verdadera.

“No fui la primera en conocer la relación entre mi hijo y Letizia, pero sí la primera en adivinarlo”, contó Sofía en la biografía que escribió Pilar Urbano, La reina, muy de cerca.

La reina consorte Letizia debería ponerse ahora mismo a comer y reconsiderar su dieta vegana. Debería probar embutidos, puddings y whisky. Debería esconder para siempre esas piernas de pájaro tenso porque además ninguna reina en serio muestra las rodillas. Debería mejorar su vestuario para no lucir como una funcionaria bancaria de cierto rango. Si no tiene cuerpo pues debería armárselo con géneros ricos que no precisamente marquen su cintura de avispa. Letizia no sabe dónde está parada, no sabe que una reina no necesita tener cintura de avispa ni llevar la ropita de moda. Una verdadera reina está más allá de todo eso.  

Doña Letizia debería relajarse y aprender de su suegra, no ningunearla. La reina Sofía de Grecia y Dinamarca es hija de rey, esposa de rey y madre de rey. Ella sabe de qué va. 

La relación entre la reina Letizia y la actual reina emérita Sofía no siempre fue mala. Al parecer, las mayores desavenencias tienen que ver con la crianza de las hijas de los Reyes, Leonor y Sofía, y con la exposición pública de las niñas.

Pero parece difícil que la mujer del rey Felipe haga ese reconocimiento, pues ni siquiera está alineada consigo misma, a juzgar por su afición por las cirugías estéticas, que la están emparentando con Michael Jackson de una forma muy poco conveniente para los valores que quisiera transmitir la familia real.

A cada rato la vemos con un rostro diferente, falseado, intervenido, cada vez más inexpresivo. Empezó por rebanarse la nariz, que tenía un pequeñísimo caballete y que le hubiera ganado simpatías. A todos nos encantan los defectos físicos de los demás, nos hacen sentir cómodos. Pues no, ella quiere una carita de muñeca para revista gráfica. Se recortó el mentón y ahí sí dejó claro que no está ni estuvo nunca conforme consigo misma, ni con la herencia genética de sus padres, ni con el paso del tiempo, ni con la naturaleza, ni con nada. Eso no es una reina. 

Una reina de verdad cumple sus funciones con la gracia de una señora agradable que no tiene interés en verse atractiva, ni hermosa, ni a la moda, sino tal como es. La vemos tomar lo que la vida le da sin aspavientos sino poniéndose plenamente a su servicio. Ojo, que con Sofía se irá uno de los últimos ejemplos vivos de una reina, así que disfutémosla mientras podamos.

En octubre de 2002, el príncipe Felipe le pidió al periodista de TVE Pedro Erquicia que le presentara a la entonces reportera Letizia Ortiz Rocasolano. En noviembre de 2003 anunciaron su compromiso y el 22 de mayo de 2004 se casaron.

De la admiración a la tensión

La reina Sofía se ha quejado de que ve muy poco a sus nietas; la madre de Letizia, en cambio, se pasa en la casa

La bomba explotó, inconvenientemente, el domingo de Pascua. Pero lo cierto es que la relación entre la reina Letizia y la actual reina emérita Sofía no siempre fue mala. De hecho, fue buena, muy buena. Sofía  fue la primera en descubrir, hace ya 15 años, que el entonces príncipe de Asturias estaba deslumbrado con la periodista Letizia Ortiz. “No fui la primera en conocer la relación entre mi hijo y Letizia, pero sí la primera en adivinarlo”, contó Sofía  en la biografía que escribió Pilar Urbano, La reina, muy de cerca.

Una vez instalada en el palacio, Letizia siempre se mostró cercana a su suegra.

Es famoso el episodio en el que hizo su primer discurso ante la prensa, en el Palacio de El Pardo en 2004, y mandó callar a Felipe para agradecer a Sofía, en un claro gesto de complicidad. “A partir de ahora y de forma progresiva voy a integrarme en esta nueva vida con las responsabilidades que conlleva y con el apoyo y cariño de...”, dijo. Cuando el Príncipe la cortó, ella le pidió: “Déjame terminar... Con el cariño de los Reyes y el ejemplo impagable de la Reina”. 

Los reyes Letizia y Felipe viven en el Pabellón del Príncipe, situado a un kilómetro de distancia y en el mismo predio que el Palacio de la Zarzuela, en donde viven los Reyes eméritos Sofía y Juan Carlos.

Al parecer, el mojón que marca un antes y un después en la relación es cuando Felipe asume como Rey, en 2014, haciendo a un lado de la vida pública tanto a la reina Sofía como al rey Juan Carlos. Mientras hay quienes dicen que Letizia alteró algunas de sus rutinas, el distanciamiento con su suegra no se hizo visible al gran público. En el primer acto después del relevo de la Corona, hubo un pronunciado aplauso para la reina Sofía y Letizia se acercó a darle un beso en público. Luego, en junio de 2015, la esposa de Felipe VI le entregó a la madre del Rey un premio del Comité Español de Unicef y ambas intercambiaron palabras afectuosas. Letizia agradeció “de forma especial” a su “suegra” por haber dedicado “una vida entera al bienestar de los niños”. Luego de agradecer, la madre del Rey se dirigió a Letizia y dijo: “Ahora eres tú quien continúas con el trabajo que tanto me ha ilusionado. Te deseo lo mejor en esta maravillosa labor”. Otra forma de rendirle homenaje a su predecesora es usando vestidos y joyas icónicos de su colección.

Al parecer, las mayores desavenencias tienen que ver con la crianza de las hijas de los reyes, Leonor y Sofía. “Mientras Sofía está más acostumbrada a exponerse públicamente, Letizia cuida mucho la imagen de la familia. Así lo aseguró su íntima amiga, la periodista Inma Aguilar” y lo consignó El País de Madrid. Los Reyes eméritos y los Reyes de España residen en el recinto del Palacio de la Zarzuela en viviendas separadas solo por un kilómetro, lo que propiciaba que Sofía visitara varias tardes a la semana a sus nietas. Luego se le hizo ver que no era bien recibida, ya que alteraba la rutina de las niñas. Según consigna la prensa, la madre de Felipe VI se ha quejado en pequeños círculos de lo poco que coincide con sus nietas. Hasta que fue Rey, el propio Felipe se ocupaba de llevar a sus hijas a visitar los viernes a  Juan Carlos, quien tampoco tiene mucho trato con Leonor y Sofía.

Aunque hay dos institutrices contratadas, cada vez es más habitual ver a la madre de Letizia, Paloma Rocasolano, en La Zarzuela, ocupándose de las niñas cuando ella viaja.

En contrapartida, cada vez es más habitual ver a la madre de doña Letizia, Paloma Rocasolano, en La Zarzuela. Aunque hay dos institutrices contratadas, la Reina recurre a ella para que se ocupe de las niñas cuando ella viaja y así potenciar el tiempo de ocio en común.

A todo esto se le suma la “tensa relación” entre Letizia y sus cuñadas, “con las que nunca pudo hacer buenas migas”, agregó El País en una nota publicada hace algunos días. “Esta tensión se puso de manifiesto este fin de semana pascual: mientras el rey Juan Carlos no se reunía con toda la familia desde el 2013, Felipe VI logró convencerlo de que se acercara a Mallorca tras un viaje oficial a Arabia Saudita, para celebrar todos juntos. Sin embargo, ni los Reyes y sus hijas ni Juan Carlos pasaron la noche en la isla balear junto a la reina Sofía, sino que llegaron justo para la misa de Pascuas... y para el encontronazo que hoy preocupa a la Corona”.

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