Separata "Queridos Libros"

Ex libris

3min
Nº1906 - al de Febrero de 2017

“Mañana es tarde. Viaje en busca de la fauna amenazada del Uruguay”, Martín Otheguy y Ramiro Pereira

 Ediciones B. 198 páginas. 470 pesos

Hace unos años Martín Otheguy —periodista, escritor— se fue de viaje al Amazonas boliviano. Su amigo, el músico y humorista Leo Lagos, le prestó para la travesía el libro “Last chance to see” que publicaron el biólogo Mark Carwardine y el escritor Douglas Adams en 1990. Allí está el inicio de “Mañana es tarde”, un trabajo que Otheguy hizo junto con su amigo, el biólogo y guardaparque Ramiro Pereira, y que narra los viajes por el interior de Uruguay para conocer algunas de las especies con preocupantes problemas de conservación. Allí están el cisne de cuello negro, el coatí, el dragón, el margay, el sapito de Darwin, el Tucu-tucu de Río Negro, entre otros. Compuesto por una serie de crónicas que se leen de manera voraz y cuentan con el humor entre sutil y ácido de Otheguy, el libro es, también, un recorrido por las peripecias de tres amigos (Lagos se sumó para rodar 13 minidocumentales al respecto) por algunos de los lugares más hechizantes (y desconocidos por muchos) que tiene el país.

“La muerte de Ulises”, Petro Márkaris

Tusquets Editores. 176 páginas. 450 pesos

En “El País” de Madrid escriben que la especialidad de Petros Márakis —nacido en Estambul y residente griego desde los años 50— es “descuartizar la realidad con tajos precisos y no exentos de humor”. Así lo ha hecho en sus novelas que narran la crisis de Grecia (y también de Europa) a través de los periplos del comisario Kostas Jaritos. En su última novela, el autor vuelve a tomar presente y pasado de Grecia y Turquía al contar la historia de Ulises, un veterano griego que quiere que lo entierren en su amada Estambul.

“Cáscara de nuez”, Ian McEwan

Editorial Anagrama, 217 páginas, 490 pesos

El narrador no puede ver pero escucha, más de lo que quisiera. Es testigo silencioso e involuntario de un plan para asesinar a su padre. “Me considero inocente, pero al parecer formo parte de una intriga. Mi madre, bendito sea su corazón incesante que chapotea ruidoso, parece estar implicada”. Trudy, se llama ella, y Claude su cómplice, su amante, “un hombre que prefiere repetirse. (…) Sabe que sabes que se está repitiendo. Lo que no sabe es que no lo disfrutas como él”. Este hombre es, además, hermano de John, el marido de Trudy, un “hombretón” bueno y con manos afectadas por la psoriasis de quien ella heredará una mansión georgiana una vez que el plan se concrete.En lo que han llamado desde una “pirueta” hasta un “tour de force”, Ian McEwan construye un relato en primera persona —por momentos de intriga, por momentos con humor— desde el punto de vista del feto que, ya oprimido por la cavidad intrauterina, quisiera gritarle a su padre lo que se cocina fuera de ella.

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