Gerónimo Batlle y Julio Eduardo Sanguinetti: colorados, hinchas de sus abuelos y rebeldes

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Nº1934 - al de Septiembre de 2017
Elena Risso
Gerónimo Batlle y Julio Eduardo Sanguinetti. Foto: Adrián Echeverriaga

Gerónimo Batlle y Julio Eduardo Sanguinetti son muy distintos entre sí. El primero tiene 19 años, es muy alto y tiene pelo rubio tupido. Es tímido e introvertido, una imagen muy distinta a la que proyecta cuando aparece cantando en los videos de VAS, la banda de cumbia que lidera y es furor entre jóvenes. Estudia diseño y es hincha de Nacional. El segundo tiene 26 años, estatura normal y voz grave. Habla con fluidez y cuando quiere enfatizar algo, gesticula. Está cursando Educación Física y su fanatismo por Peñarol le generó un pico de presión cuando tenía apenas 20 años.

Gerónimo y Julio Eduardo tienen esas y otras diferencias. Pero hay algo que los une: son nietos de los últimos dos grandes líderes del Partido Colorado: Jorge Batlle era el abuelo de Gerónimo; Julio María Sanguinetti es el de Julio Eduardo. Ahora, con distintos grados de involucramiento, decidieron participar en las elecciones juveniles del Partido Colorado que serán el 4 de noviembre.

El viernes 18, Gerónimo y Julio Eduardo fueron dos de los jóvenes que asistieron a la Casa del Partido Colorado al lanzamiento de la campaña para esas elecciones. Julio Eduardo lo hizo como un militante más, pero Gerónimo tenía un papel especial: era el encargado de cerrar el acto tocando en vivo con su banda VAS (ver recuadro). Si bien fue convocado por su faceta artística, él también tiene relación con uno de los grupos que competirán en esa contienda.

A pocos días de ese acto, galería los citó a una entrevista conjunta en la Casa del Partido Colorado para conocer un poco más sobre los nietos de los dos últimos expresidentes y grandes líderes de ese partido, en un momento en que el futuro electoral se ve bastante adverso para los colorados. Ellos casi ni se conocían, solo se habían visto en alguna ocasión en actividades partidarias. Entre anécdotas que incluyeron charlas con sus abuelos y recuerdos de visitas a la estancia presidencial de Anchorena, los dos hablaron de sus vidas y de lo que imaginan para el futuro del partido.

Julio Eduardo es más político. Se nota cuando habla, no duda en opinar de temas polémicos y dice que se quiere dedicar a la actividad. Gerónimo tiene un perfil más bajo y hoy está enfocado en la música. Decidió sumarse a esta campaña de una manera menos visible, aunque defiende la gestión de su abuelo y sostiene que es necesario modernizar las raíces del partido que durante décadas lideraron sus antepasados.

Gerónimo Batlle tiene 19 años, estudia Diseño y es cantante de la banda VAS. Foto: Adrián Echeverriaga

ELLOS Y SUS PADRES. Batlle es el apellido que más se repite en la Casa del Partido Colorado. Está en documentos, fotos, carteles, pinturas y bustos que se distribuyen en los rincones de la casona ubicada en Andrés Martínez Trueba. Apenas se ingresa a la casa, está la sala José Batlle y Ordóñez, al fondo se ubica la inmensa sala de la convención que lleva el nombre de Jorge Batlle, y en el centro, la sala Luis Batlle Berres, donde Gerónimo y Julio Eduardo conversaron con galería.

Gerónimo es hijo de Raúl Batlle y María Helena Morador. Es parecido a su padre, alguien desconocido para el gran público pues los dos hijos del mandatario que murió en octubre del año pasado —Raúl y su hermana Beatriz— siempre tuvieron un perfil bajísimo, incluso durante su presidencia, a pesar de estar muy cerca en la intimidad familiar. Fue recién en el velorio y en el entierro del mandatario que los hijos de Batlle se hicieron visibles por primera vez para mucha gente. Dice Gerónimo que ahora, que usa lentes, en algunas ocasiones le dicen que se parece a su abuelo. Más allá de los rasgos faciales, comparte con el expresidente y otros integrantes de esa familia la estatura elevada tan distintiva de los Batlle.

El nieto de Batlle vive con sus padres y su hermano en Pocitos y cursa el primer año de Diseño en Comunicación Visual en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República. Antes fue al Ivy Thomas y al Juan XXIII. Desde hace un par de años es el vocalista de la banda VAS.

En otro salón de la Casa del Partido Colorado hay fotos de figuras de esa colectividad que tuvieron un papel destacado luego de la dictadura. Ahí se encuentran los dos abuelos de Julio Eduardo. Hay una imagen de Sanguinetti junto a Enrique Tarigo el 1º de marzo de 1985 y también hay un retrato de su abuelo materno: Eduardo Paz Aguirre, que fuera senador y también secretario político de Batlle Berres. Julio Eduardo dice que quienes lo conocieron le comentan que físicamente se parece más a Lalo —como le decían a Paz Aguirre— que a Sanguinetti, aunque su forma de gesticular y la manera en la que enfatiza algunos conceptos cuando habla son muy parecidas a las de su abuelo paterno.

Julio Eduardo —que lleva ambos nombres en homenaje a sus abuelos— es hijo del exdiputado Julio Luis Sanguinetti y Malena Paz. Vive con su madre y su hermana en Pocitos y trabaja en el área comercial de un gimnasio. Está terminando de cursar Educación Física en la Asociación Cristiana de Jóvenes y antes estudió Agroturismo en la Universidad Católica. Fue al Liceo Francés y al Elbio Fernández, la misma institución a la que concurrió su abuelo paterno.

Julio Eduardo Sanguinetti tiene 26 años, trabaja en el área comercial de un gimnasio y estudia Educación Física. Foto: Adrián Echeverriaga

RECUERDOS DE ANCHORENA. Gerónimo y Julio Eduardo se sienten locatarios en la sede partidaria, porque más allá de estar rodeados de cuadros de sus antepasados, es un lugar al que están acostumbrados a ir desde que eran niños. Nunca tuvieron una militancia demasiado activa, pero los dos recuerdan que desde pequeños daban una mano en instancias electorales, repartiendo listas, entregando volantes o llevando gente a votar.

Julio Eduardo está más involucrado en la actividad política que Gerónimo. El nieto de Sanguinetti tiene previsto ir con lista propia para las elecciones juveniles, y a veces viaja al interior para reunirse con dirigentes, en ocasiones acompañando a su abuelo. Sin embargo, aclara que también va a algunos departamentos por cuenta propia, como a Durazno, donde tiene “un grupito de gente” que lo apoya. “Intento abrir mi propio camino, que no me tomen solo como el ‘nieto de’”, comentó.

Gerónimo está más cerca de la música que de la política. Pero hace algunos meses, el dirigente Ramiro Tafernaberry lo llamó para sumarse a las elecciones juveniles y decidió aceptar el desafío, aunque no está en la primera línea de acción. “En algún momento tenía que participar y esta elección me pareció perfecta”, dijo. Cuando le comentó a su padre lo que iba a hacer, recuerda que le dijo: “Andá, probá a ver si te gusta”. “Mis padres nunca tuvieron ningún problema con lo que hago y acá estoy. Ahora estoy enfocado en las elecciones juveniles, organizando, sumando gente”, agregó.

Desde hace algunos meses, Julio Eduardo organiza reuniones con grupos de jóvenes con el objetivo de “empujar todos para el mismo lado”, en un momento electoralmente complejo para los colorados. Después de sumarse a la campaña le contó a su abuelo lo que iba a hacer. “Pero él ya sabía que toda la vida estuve metido en esto, porque desde chiquito acompañaba a papá y al abuelo también. Nací en el 90, así que la segunda presidencia la viví entre los cinco y los diez años. Iba a todos lados”, contó.

Julio Eduardo se ríe cuando dice que aquel era “un buen momento” para el Partido Colorado, en comparación con la situación actual de esa colectividad. “Ahí pasábamos bárbaro, estaba lleno de gente, todo el mundo contento”, comenta entre risas.

“Se extraña Anchorena. Era espectacular”, dice Julio Eduardo y le hace un gesto cómplice a Gerónimo, que asiente y responde: “Era lo máximo”. Sanguinetti y Batlle iban con frecuencia a la estancia presidencial de Colonia, en muchas ocasiones acompañados de sus familias. Por eso sus nietos guardan un recuerdo muy fresco de sus días de descanso en ese lugar. “Me acuerdo de los animales disecados, de las cuevas, de que había ciervos”, dice Gerónimo, a lo que Julio Eduardo suma las cabalgatas por el campo.

Ni Gerónimo ni Julio Eduardo tienen demasiados recuerdos sobre la residencia presidencial de Suárez y Reyes, donde vivieron sus abuelos en sus respectivos mandatos. Lo único que mencionan es el ascensor de la casa, que, según dicen, hacía un ruido muy fuerte y por eso les quedó grabado.

Julio Eduardo se refiere a Sanguinetti como “abuelo” y la relación que tienen es tan estrecha que cada mediodía va a almorzar con él y su abuela Marta Canessa a la casa de la calle Zorrilla, en Punta Carretas. Hay ocasiones en que esos encuentros son la excusa para charlas largas entre ellos, pero otras veces la comida se termina rápido porque Sanguinetti tiene algún compromiso agendado.

Batlle era Abú para Gerónimo. Desde chico tuvo un vínculo muy cercano con él, y una de las primeras cosas que le vienen a la cabeza cuando lo recuerda son los partidos de fútbol de la selección o de Nacional, cuadro del que era hincha el exmandatario. “La imagen que tengo de él es sentado en el sillón de casa con un café hablando mal de los jugadores”, contó sonriendo. También recuerda las charlas telefónicas. “No llamaba mucho, pero cuando llamaba estabas horas hablando. Empezabas hablando de cómo te había ido en el liceo y terminabas hablando de un barco de Gran Bretaña”, acotó.

FUTURO COLORADO. No siempre es fácil cargar con un apellido como Batlle o Sanguinetti. Gerónimo y Julio Eduardo se han cruzado con personas que cuando se enteran quiénes son les dicen que los conocen desde chicos, o les recuerdan anécdotas con sus abuelos. A veces para bien; otras, no tanto. “Me ha pasado que hablen de mi abuelo y digan que Jorge Batlle fundió el país. Hay gente a la que le explico; a otra no vale la pena”, contó Gerónimo.

Julio Eduardo es mayor que él y por eso le ha tocado vivir más situaciones en las que su apellido genera reacciones. “Tengo dos ejemplos de lo mismo, uno bueno y uno malo. Una vez me paró un policía diciendo que había cruzado en rojo y era mentira, había cruzado en amarillo. Estaba en la camioneta 

de mi abuelo, la libreta de propiedad decía Julio María Sanguinetti y la mía Julio Eduardo Sanguinetti. Me miró y me dijo: ‘¿Sos algo de Julio María? ‘Sí’, le dije, ‘el nieto’. ‘Ta, ta, dejá, no pasa nada, mandale saludos a tu abuelo’. Pero otra vuelta me paró uno y vio Julio Eduardo Sanguinetti y me puso todo, desde que llevaba una persona de más hasta que iba con una luz quemada”.

También le sucedió que en una oportunidad alguien empezó a hablar mal sobre su abuelo sin saber quién era él. “Cuando terminó de hablar él, empecé a hablar yo. Yo respondo. Siempre hay argumentos para responder, porque son muy básicas las cosas que dicen”, agregó.

Ni Gerónimo ni Julio Eduardo heredaron el gusto de sus abuelos por la lectura. El nieto de Batlle dice que lee diarios y que de chico tenía más interés en los libros que ahora. Recuerda que su abuelo en muchas ocasiones le decía “leé este libro”. Él lo agarraba pero no siempre lo leía. Muchos de esos ejemplares los conserva hoy por razones afectivas, a pesar de no haberlos leído. El nieto de Sanguinetti tampoco está muy interesado en los libros, pero sí en la lectura de artículos.

Tampoco se consideran excepcionales estudiantes, pero los dos se jactan de tener buena memoria. “Nunca fui de estudiar mucho, pero no por no estudiar, sino porque soy de prestar atención en la clase”, se justifica Gerónimo. Julio Eduardo ensaya una respuesta bastante parecida: “Nunca fui muy estudioso. Soy bastante distraído para algunas cosas, pero como me acuerdo de las imágenes de todo siempre la fui llevando¨.

Hay ocasiones en que las noches de Gerónimo son de trabajo, porque es ahí cuando canta con su banda en fiestas o boliches. Cuando eso no ocurre, le gusta quedarse en su casa, juntarse con amigos a tomar mate en la rambla o ir al cine. Fue gracias a VAS que estrechó su relación con la música, antes solo tenía conocimiento de temas de los 70 y los 80 por influencia de su padre.

A Julio Eduardo le gusta salir con amigos y escuchar todo tipo de música. Peñarol es una parte muy importante de su vida, como lo es para su abuelo, presidente honorario del club; para su abuela Marta, una hincha reconocida, y para su padre, que ocupó cargos en la institución. En el 2011 viajó a Buenos Aires a ver a su equipo contra Vélez por la Copa Libertadores y tuvo un pico de presión. Tenía 20 años. Desde ese momento está medicado y luego de un tiempo alejado de las canchas volvió a seguir a su cuadro.

Gerónimo y Julio Eduardo tienen claro que el Partido Colorado enfrenta hoy un presente muy complicado en lo que respecta al respaldo electoral, y que las perspectivas de ser gobierno en el mediano plazo por ahora no asoman en el horizonte. Pero son optimistas.

“Va a costar mucho, pero la idea es volver en algún momento. De alguna manera hay que sacar esto adelante, fue el partido que construyó este país”, dice el nieto de Sanguinetti. En la misma línea opina Gerónimo: “Hay que volver con cosas innovadoras para que crezca el país. Acá hay mucha gente en las elecciones juveniles que se dio cuenta de que este es el camino. La idea es empujar y tirar todos para adelante”.

Si bien estudia Educación Física, Julio Eduardo no se ve trabajando en esa actividad, porque cree que su futuro está en la política. “Hoy estoy haciendo lo que me gusta, esto me encanta”, dijo refiriéndose a la actividad partidaria. Gerónimo, en tanto, se imagina trabajando en algo vinculado al cine. Cuando era más chico le decía a su abuelo que iba a ser el próximo presidente Batlle. “Por ahora” no cree que esto sea así. Y con una sonrisa agrega: “Capaz en algún momento se me despierta de vuelta”.