Haciendo boca

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Nº1910 - al de Marzo de 2017
por Darwin Desbocatti

“¿Y ustedes cómo andan?”, me preguntaron el otro día, así, en general, en referencia a los uruguayos.

Nosotros bien, acá, cultivando el gerundio en todas sus formas: empujando la inercia, como quien dice, parecido a lo que hacen los corredores de karting en las rectas, ese gesto que se ve tan ridículo de afuera, bueno, somos especialistas en eso, empujando la inercia. Y metiendo gerundio, en eso también somos buenos, tirando pa no aflojar, peleándola, luchando por un mundo mejor desde el Facebook, contando si hay la misma cantidad de mujeres que de hombres en todos lados, que eso vendría siendo la igualdad, dicen. Contando turistas, también, desplumando algunos, otros no porque no vamos a andar abriendo un domingo los comercios para 300 viejas brasileras que vienen consumiendo lo que les pongan adelante. Estirando el verano, acostumbrando al organismo a levantarse temprano para despertar a los organismos más chicos que están empezando las clases, más o menos, recién están arrancando. Liberalizando la marihuana pero con el Estado controlando estrictamente (con los adverbios no somos tan buenos, no, la utilización del “mente” no se nos da tan fácil). En las farmacias no están vendiendo, no, se están preparando, lo que pasa es que la idea es ir desestimulando el consumo, parece… desde el Estado, vendiendo.

Disfrutando Montevideo, que salió en un ranking como la ciudad con mayor calidad de vida de Latinoamérica; lo que va a ser cuando la limpiemos, mamita, que se cuide Viena, ni bien le emboquemos al contenedor y la Intendencia recoja la basura con algo de eficiencia, nos metemos en el top20, ni hablar cuando tengamos veredas uniformes (capaz que conviene moquetear nomás, de una), y un tránsito medianamente predecible, ni siquiera ordenado, y cuando las probabilidades de ganar el 5 de Oro sean mayores a las probabilidades de que te roben mientras vas hasta el quiosco a jugar al 5 de Oro, tenemos destino de top10. El único que no está disfrutando el Montevideo protagonista en los rankings de calidad de vida es Tabaré, que está con la manía linda esa de recorrer pueblitos perdidos del país, arreando ministros, convenciendo al mundo de que es una política en sí misma, hasta nombre tiene: “gobierno de cercanía”, y la anduvo presentando en el exterior como tal, se la recomendó a Merkel. Es una política integral de proximidad social que consta de: 4 micrófonos de cable y un micrófono inalámbrico para que los habitantes del pueblo se lo puedan pasar entre sí y hagan preguntas (pueden ser 4 micrófonos de cable y 1 de cable más largo), dos parlantes, entre 10 y 12 sillas de plástico, una mesa larga en la que entren los ministros, un mantel blanco que cubra dicha mesa (y tape las patas de los ministros en lo posible), y un cartón pintado bien grande con la bandera de Uruguay pixelada de fondo.

Ahí va yendo la cosa. Metiendo y metiendo, parando cada tanto también, ojo al gol, porque parando también estamos educando, y estirando las patas, que es importante. Soñando con una tercera planta de celulosa que nos vuelva a dar el impulso que fue perdiendo la economía ahora que se acabó la fiesta de las materias primas, “ahora” es desde hace como cinco años ya, pero estamos viendo —otro gerundio, creo que estoy llegando al 100— cómo readecuar nuestros presupuestos a esta nueva realidad, mientras sigue creciendo el déficit fiscal y derritiéndose la educación, que cada vez está mejor pero nuestros niños y jóvenes se andan resistiendo a los planes de Netto, estoicos, impermeables a tanto avance educativo. Discutiendo falsas antinomias, como si la existencia de empresarios cagadores justifica que el Estado se entretenga quemando la guita en cualquier emprendimiento inviable, que prescinda de ellos y los sustituya (como empresario y como cagador). Puteando a Sendic cada vez que aparece en la tele o en el diario. Tratando de entenderle algo a Bonomi cuando habla, desde lo conceptual y lo fonético. Consumiendo con fruición todas las notas, películas, y homenajes que le hacen a Mujica por su discurso anticonsumismo, y festejando como si fueran goles uruguayos en el exterior. Evaluando, en el colmo de la inutilidad evaluatoria imposible, si la oposición es peor como oposición que el gobierno como gobierno. Esperando que se reactiven Brasil y Argentina que no terminan de arrancar (en el caso de Brasil primero tendría que poder frenar el carro alegórico en llamas descontrolado que cae al 3,5% del PBI por año, y después tratar de arrancarlo de nuevo para el otro lado), a ver si manoteamos algo de los rebotes de esas economías tan volátiles, inestables, perjudiciales para la nuestra que es un fierro. Aguantando el grado inversor como si fuera un empate, pateando pa adelante todo lo que se pueda: la deuda, el ajuste, las inversiones, las reformas, y que la baje como pueda al que le caiga. Hablando de fúbol, todo lo que es Nacional y Peñarol que es apasionante, o hablando de otras cosas pero con metáforas de fúbol, o escuchando hablar de fúbol, o mirando fúbol.

En definitiva: dándole de punta al gerundio, que es bien nuestro. Un verbo que remite a una acción, pero no define ni el tiempo, ni el modo, ni el número, ni la persona. No define nada, la patea pa adelante el gerundio, de puntín. Con el gerundio vamos viendo. Andá a saber si es un verbo el gerundio, ni verbo debe ser, a lo sumo será un verboide; y andá a saber cuándo fue la acción esa a la que refiere. No aclara nada el gerundio, la tira ahí más o menos y que cada uno la baraje como le parezca, flor de desprolijo, pero compañero el gerundio, acompaña en pila, rima fácil (por eso al poeta uruguayo le gusta el gerundio), da la sensación de movimiento, es tranquilo, no apura el tranco, y no sabés cómo se lleva con la inercia, de novela.