Cristina Lustemberg. Foto: Nicolás Der Agopián

Las mujeres tienen que rendir “más cuentas para llegar a determinados lugares que los varones”, dice Cristina Lustemberg, y agrega: “Si le ponés pasión, dicen que es porque sos medio histérica”

Hay frenteamplistas “desencantados” por la falta de “renovación política” y porque ven a personas sin “formación” en cargos de gestión

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Nº1959 - al de Marzo de 2018

El Frente Amplio está integrado por más de 20 sectores, mientras que hay otros que esperan su ingreso formal. La proliferación de grupos no impidió que Cristina Lustemberg decidiera crear otro —el PAR (Participar, Articular y Redoblar)—, porque cree que hay frenteamplistas independientes que no tienen lugar en la amplia oferta del oficialismo.

El nuevo sector está en “construcción”, dice Lustemberg, de 52 años. Añade que pretende formar un espacio para los “desencantados” con el gobierno pese a los logros que se obtuvieron. Cree que muchos se alejan del oficialismo por la falta de renovación y el poco espacio para las mujeres, porque ven gente sin formación que ocupa cargos de gestión solo por acuerdos electorales y porque los políticos no son “empáticos” con la sociedad.

“Los políticos tenemos que ser mucho más humildes y empáticos con los problemas de la gente”, dice Lustemberg, que abandonó el sector de Raúl Sendic en 2017 y meses atrás dejó la subsecretaría de Salud para ingresar al Parlamento.

¿Por qué crear un grupo político nuevo dentro del Frente Amplio y no sumarse a otro?

—Somos un grupo de frenteamplistas independientes que no se sienten reflejados en los sectores que hay. Queremos hacer acuerdos programáticos en diferentes áreas y participar en las comisiones programáticas del Frente Amplio y discutir hacia dónde queremos que vaya un cuarto gobierno.

—Más allá de la multiplicidad de sectores, hay quienes dividen el Frente Amplio en dos grandes bloques, uno vinculado al Frente Líber Seregni y otro al mujiquismo. ¿En qué lugar se para usted?

—Nuestro sector está en construcción, en etapa de juntar miradas de frenteamplistas independientes, que no se sienten representados ni por un eje ni por el otro. Después iremos viendo qué rumbo tomar. Claramente hay un perfil de renovación, de más participación de jóvenes en ámbitos de discusión real y con la decisión de discutir sobre políticas sociales. Estoy convencida de que aún queda mucho por hacer desde el gobierno en esas áreas.

—Las encuestas marcan que algunos desencantados del Frente Amplio cuestionan la falta de soluciones en algunas políticas sociales. ¿Es ahí donde están sus posibles militantes?

—Ahí hay un perfil. De hecho, se nos han acercado muchos frenteamplistas con esa inquietud. Somos muy críticos, sin dejar de reconocer todo lo que hemos conseguido. En política de infancia avanzamos muchísimo, por ejemplo. Se revirtieron desigualdades muy grandes con las reformas de la salud y la tributaria, el Plan de Equidad, la estrategia de infancia y adolescencia en momentos en que el país estaba realmente en emergencia. Realmente dimos un salto cualitativo y cuantitativo. En mortalidad materna somos el mejor país de Latinoamérica y el Caribe; en mortalidad infantil, el tema que más hemos trabajado, en 2005 unos 600 niños fallecían y hoy son 200 y pico. Ahora tenemos que dar un salto cualitativo más grande.

—¿Qué cambios ve necesarios?

—Estamos en una etapa de innovar, porque hay reformas que fueron hechas en determinado contexto social y que hoy debe revisarse. Lo menos que puede hacer una fuerza política de izquierda es estancarse en determinados avances o solamente en decir que antes estábamos peor. Siempre el foco es avanzar hacia la igualdad.

En primera infancia tenemos una dispersión y fragmentación de políticas. En el Parlamento estamos trabajando en un proyecto para lograr que cuando nazca un niño en este país, se active una red de contención que existe pero que está dispersa. Finlandia, después de la II Guerra Mundial, estableció una matriz de protección social que se mantuvo en el tiempo, basada en derechos, con políticas de salud sexual y reproductiva en manos de las mujeres. Eso los ha llevado a que las tasas de fecundidad sean homogéneas por sectores socioeconómicos. Los nórdicos hicieron un acuerdo político interpartidario fuerte y se mantiene. ¿Por qué no podemos lograrlo nosotros?

Pero además, hay que estudiar y evaluar bien las políticas que se aplican. Tenemos una burocracia muy instaurada que dificulta la gestión. Hay que modernizar el Estado para que no haya más funcionarios que se dedican a pasar un sellito y nada más. Donde hay expedientes que demoran años para decidir la inclusión de tecnología que, cuando finalmente la incluimos, ya está vetusta.

¿Lo sufrió en el Ministerio de Salud?

—Sí, lo sufrí. Y en eso sufro bastante, porque creo que es necesario un Estado más moderno. La gestión necesita también el compromiso de los funcionarios y de los que estamos ahí. En la política hay que estar para hacer cosas por las personas. Y sí, cuando uno gestiona, tiene que tener la mentalidad del Che (Guevara), que decía que hay que endurecerse sin perder la ternura jamás. Cuando me dicen que en política las mujeres no pueden llorar... Bueno, yo lloro porque me duelen los problemas de las personas, lloro a veces de impotencia. Creo en eso de ponerme en el lugar del otro, creo en una política que tenga mucho en cuenta la empatía.

—Si la situación uruguaya mejoró, como dice el gobierno, ¿se justifica que haya tantos desencantados con el oficialismo?

—Por más que sea crítica con muchas cosas, es indudable que estamos mucho mejor que antes. Dicho esto, la gente espera que a nivel parlamentario resolvamos los problemas que tienen. Estar en el gobierno es una cosa, y otra cosa es estar en la oposición; hay un desgaste cuando uno está en el poder. Tenemos que encontrar por qué surge el desencanto.

—¿Para usted, por qué es?

—Es variable, pero tenemos que volver a sentirnos parte de un proyecto político transformador, hay que volver a enamorar. Necesitamos también que haya generosidad política para alcanzar acuerdos multipartidarios sobre temas fundamentales como la educación y la salud. Cuando estaba en el Poder Ejecutivo, a veces sentía que estábamos en campaña electoral desde el vamos. A mí me preocupa, a nivel parlamentario, que se fragilice la política para obtener réditos inmediatos, porque es fragilizar la democracia, y en ningún lugar del mundo esos procesos han tenido un final feliz. Es verdad también que los políticos tenemos que ser mucho más humildes y empáticos con los problemas de la gente.

¿Siente empatía con los desencantados por los casos que cuestionaron la ética en el Frente Amplio?

—Siento empatía porque una fuerza política nunca puede alejarse de lo que siente la gente. Los problemas de la ética son cruciales, porque la ética es la esencia en la política. Hay muchas veces que sí, que la política desilusiona, pero hay que buscar herramientas que nos vuelvan a ilusionar. Si me desilusiono y me retiro de lugares donde puedo transformar las cosas, es peor. Hay desencanto cuando uno ve que hay mucha gente que no tiene formación y está en determinados lugares de gestión. Y eso pasa.

También lleva a un desencanto la falta de renovación en la política. Y la renovación va de la mano de una mayor participación de la mujer, no porque quede bien, sino porque esa inequidad está en todo. Solo el 19% de los cargos ejecutivos son ocupados por mujeres, cuando el 52% de los egresados universitarios somos mujeres. Yo soy diputada por la ley de cuotas, si no, no estaba acá. Las mujeres tienen que tener igualdad de oportunidades y, por eso, creo que tiene que haber una mujer en la fórmula presidencial del Frente Amplio. Y no partiendo de una mujer como vice.

—¿Sufrió en política por ser mujer?

—Sí, eso sí lo tengo clarísimo. Y a veces digo que me siento más feminista que las propias feministas.

¿En qué lo sufrió?

—En la cotidiana. Las reuniones son siempre de noche y yo tengo tres hijas, un hogar conformado. Lo sufro como política y cualquier mujer del ámbito sindical también. Las mujeres tenemos siempre que rendir más cuentas para llegar a determinados lugares que los varones tienen validados. Me tengo que preocupar por cómo estoy vestida. Si le ponés pasión, dicen que es porque sos medio histérica. Esas cosas son así, las vivimos. Y en Uruguay tenemos problemas graves.

—Habló de la fórmula presidencial. ¿Usted es una posible candidata?

—En este momento no me lo planteo.

¿Lo descarta?

—Sí, en este momento sí. Hay muchas mujeres calificadas vinculadas a la actividad política, como Mónica Xavier, Constanza Moreira, Liliam Kechichian, Macarena Gelman, Carolina Cosse.

—¿Cree que el Frente Amplio va a aplicar la paridad en todas sus listas?

—Sí. Sería inadmisible no tener una política de paridad que llegue al gobierno, a los candidatos, a las listas. Sería una mala señal que desde la política no avancemos por esa senda. Y sería bueno que se haga porque es sentido, no porque es un tema que queda bien.

—¿Qué sacó en limpio de su pasaje por la Lista 711?

—Fue mi primera participación a nivel partidario. Cuando Raúl, con quien nos conocemos desde que éramos adolescentes, me propone participar en el sector, me encontré con un grupo de técnicos de formación política muy bueno. La propuesta 2030 me gustó porque me gusta que haya una mirada prospectiva de largo plazo, además de la mirada a corto plazo. A mí me costaba mucho la sectorización, porque siempre fui muy independiente, pero entendí que es más fácil incidir en espacios de decisión política cuando uno está sectorizado. Después hubo cosas que me fueron alejando paulatinamente de ese proyecto, hasta que en enero de 2017 me alejé definitivamente.

—¿Qué cosas?

—Me alejó el funcionamiento interno. Algunas cosas vinculadas al comportamiento ético. No me sentí representada. Toda la situación del vicepresidente también. De hecho, hoy la banca la tengo por el sector y eso me llevó a una reflexión de qué hacer. Ahí aprendí cómo se forman las listas, cómo hay que participar más, porque si no las decisiones las toma otro.

—¿Pensó en dejar la banca?

—Pensé. Me generó una contradicción, pero después me fui asesorando de que la banca es de uno. Me encontré con gente que me decía que votaron la lista por votarme a mí.

¿Se arrepiente de haber estado allí?

—No, porque una las decisiones las hace en un contexto que fue el que les dije de construcción colectiva. Me sentí identificada al inicio y luego me fui alejando.

—Usted conocía a Sendic hacía tiempo. ¿Qué pensaba a medida que aparecían noticias del entonces vicepresidente que lo fueron llevando a renunciar?

—Creo que él tomó la decisión acertada. Ahora hay muchas cosas que están en la órbita de la Justicia y es el ámbito adecuado para resolverlas.

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