Entrevista con la poeta española Elvira Sastre, que estuvo en la Feria del Libro de Buenos Aires

“Internet es un mundo que me recibió muy bien”

7min
Nº1968 - al de Mayo de 2018
Fotos: Andrea Abril

BUENOS AIRES. Mariana Mactas.- Tiene 25 años, y según Wikipedia, escribió su primer poema a los 12. Se llama Elvira Sastre y es una chica muy seria, que se toma muy en serio esto de escribir primero y compartir inmediatamente después, y con el mundo entero, sentimientos en forma de versos. La segoviana, estudiante de Letras, traductora de inglés, radicada en Madrid, es una de las grandes responsables a la hora de afirmar, por frívolo que suene, que la poesía está de moda. En las jams de Buenos Aires y Montevideo, en los escenarios under de la capital española, adquieren cada vez más fuerza los clásicos del futuro, todavía secretos, que se animan a leer en público, performers de textos propios que se convierten en los de muchos.

Pero el territorio, para que sea fenómeno global, es Internet, claro. Y así como los youtubers se erigen estrellas de rock internacionales compartiendo sus intimidades adolescentes, el universo sentimental de la poesía de Sastre inspira a artistas consagrados —Sabina, Drexler, Benjamín Prado— que comparten escenario con ella, y la trae de gira hasta la feria del libro porteña. Como todos hablan de ella, su agenda está llena de pedidos de entrevista. Elvira escribe mucho, pero produce libros cada vez más breves, como breves, y precisas, son sus respuestas.

“El canal de difusión de la poesía ha cambiado, y eso ha permitido que llegue a mucha más gente, pero a mí, simplemente, me ha pillado en el lugar y el momento adecuados”, dice a galería, sentando las bases del lugar en que prefiere ubicarse para vivir su momento: con los pies en la tierra. “Pero sobre todo han sido las redes sociales. La poesía tenía un matiz clásico y aislado de la gente, pero al final habla de la emoción, de lo que sentimos dentro, así que es un género que es muy fácil que te llegue bien adentro”.

Serena y reflexiva, la chica parece haber crecido y madurado en la literatura. Esa que, cuenta, la ayudó a procesar todo lo que no se entiende bien en la adolescencia, a pasar zonas de turbulencia. “Empecé con las típicas cosas que escribimos todos cuando somos pequeñines, y a subirlo a Internet porque, en esa época, en mi clase, casi nadie escribía y casi nadie leía. Y en Internet encontré un mundo donde podía expresar lo que sentía y había gente que hacía lo mismo, y me daba seguridad y consejos. Internet es un mundo que me recibió muy bien. Es algo muy característico de los que se dedican al arte hoy, sean músicos, poetas o dibujantes: ahí tienes un canal directo para llegar a la gente, no necesitas a nadie que te descubra y luego lo haga por ti. Yo escribo un poema, lo subo, y en ese mismo momento está llegando a gente de otros países y de pronto estoy en un lugar como Argentina aquí hoy, hablando contigo.

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-Luego te empezaste a subir a los escenarios y los compartiste con Sabina, con Drexler, con grandes artistas, ¿cómo fue ese paso?
-Sí, con ellos coincidimos en la presentación de un libro de Benjamín Prado, con quien tengo muy buena relación, y fue algo espectacular. Al final, uno se da cuenta de que es uno el que tiene que difundir y promocionar su propia obra, así que empecé a hacerlo, al principio en salas muy pequeñitas.
-Veo que también hay mucha conexión de lo que hacés con la obra de autores latinoamericanos, ¿De dónde vienen esas lecturas?
-Pues de los viajes que he hecho a América Latina, que me permitieron conocer a Eduardo Galeano, a Idea Vilariño, a Alejandra Pizarnik. He ido entrando con otro tipo de poesía, distinta y a la vez igual a la que se hace en España. Aprovecho estos viajes para conocer cosas nuevas.
-¿Te mira de reojo la academia por esto de venir de las redes y ser una autora millennial­?, ¿te importa?
-Sí, bueno, siempre existe alguna crítica. Por ser joven, por las redes, por ser mujer. Y por vender mucho, lo cual no acabo de entender porque, si vende, es porque a la gente le gusta, y eso debería ser algo bueno, ¿no? Pero intento centrarme en la crítica que me ayuda a mejorar, la que me da los por qués, el porqué lo que hago no llega a convencer, así puedo utilizarla a mi favor. Las otras, las que son por que sí, la verdad es que intento apartarlas.
-¿Y los temas?, ¿el amor sigue siendo el gran tema de la poesía?
-Creo que, más que el amor, son las emociones, hay tantísimas y todas pueden confluir en el mismo momento, y una se sirve de la otra, y algunas no podrían existir si no existieran otras. A mí es lo que me mueve y creo que, al final, es lo que mueve el mundo. Y la poesía es un lenguaje que parte de la emoción.
-Escribís mucho. ¿Sos muy exigente contigo misma o lo que va saliendo queda?
-No, qué va, quizá mis primeras cosas eran más lo que sale, pero intento ofrecer cosas diferentes, siempre mejoradas, no caer en la repetición. Cada vez mis libros son más finitos: tengo menos que contar, pero lo quiero contar mejor. Así que tengo mucho cuidado con ello.
-Colaboraste también con ilustradores, como el uruguayo Emba (Emiliano Batista). Y viniste con Andrea Valbuena, es una especie de socia tuya. ¿Cómo es esto de trabajar de a dos?
-Me cuesta mucho escoger a mi pareja de trabajo, soy complicada. Pero en el caso de Andrea, somos amigas desde hace muchísimos años, la admiro mucho, que es la base para este tipo de cosas, me parece. A Emba lo descubrí por Internet, estaba fascinada, enamorada de su trabajo como ilustrador. Entonces le pedí que me hiciera la tapa de un libro, la hizo y sentí que no tenía que quedar ahí, así que ilustró otro libro mío. Me gusta mucho lo que hace y es muy fácil trabajar con él.
-¿Puedo pedirte, para cerrar, que leas algunos versos?
-Claro. Voy a leer un poema muy cortito, de mi último libro, que se llama La casa de otro.

¿Quién sería capaz de acostumbrarse a la tristeza ajena?
¿Quién, en su sano juicio, aceptaría vivir en las ruinas de un castillo asaltado
en donde ya no queda nada más que la espera eterna de otro
una soledad presa con miedo al abandono?
Soy incapaz de salir de este lugar
todas estas ventanas están sucias
todos los recuerdos llenan de polvo mis ojos
todos los días pasan tan despacio
que parece que los vivo dos veces
Perdoname si no abro la puerta
este dolor, lo único que tengo
es lo que me recuerda
que sigo viva.

Sobre La Manada, el feminismo y el aborto legal

Todo el mundo habla de ella y los pedidos de entrevista, en su paso por Buenos Aires, son muchos. Pero Elvira Sastre no vino sola. La joven Andrea Valbuena, su compañera de estudios, amiga de la vida, la acompaña y sube al escenario con ella en las presentaciones pautadas en una pequeña sala donde leerán sus textos.

“Compartimos esta afición y aprendemos mucho la una de la otra, nos enseñamos lo que vamos escribiendo, he tomado muchas cosas de Elvira, muchas de sus lecturas, que me hacen crecer como escritora”, dice Valbuena. “Somos dos voces, en el escenario nos vamos alternando, tenemos acompañamiento musical, tenemos invitadas que se suman a leer algún poema. Como compartimos mucho, tenemos temas comunes y reivindicamos las mismas cosas”.

“Son cosas que nos preocupan, que nos tocan —dice Elvira. Sobre feminismo y mujeres, por ejemplo. Y sobre lo que está pasando en España ahora, cuestiones que nos conmueven como lo de La Manada, el caso de la chica que violaron en los Sanfermines y ahora ha salido que la condena fue solo por abuso sexual. Porque sí nos dio alegría viajar aquí, pero a la vez la pena de que, cuando íbamos a coger el avión, un montón de gente, mujeres y hombres, salió a la calle, en muchas ciudades españolas, para reclamar por eso, y cortaron las calles. Y hubiéramos querido estar ahí.

Sabemos que en Argentina hay un movimiento feminista muy fuerte, que se está discutiendo el proyecto de legalización del aborto. Nosotras defendemos siempre el papel de la mujer y la libertad ante todo, y estamos siempre a favor de que la decisión de las mujeres sea libre, totalmente libre. Y aunque en España el aborto legal sea algo que hemos conseguido hace unos poquitos años, nos contagian la fuerza para seguir luchando y reivindicando todavía más nuestros derechos”.

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Dime, Carmelita,
dime qué piensas cuando el mundo
se hace tan minúsculo que cabe en
la arruga más pequeña y tus ojos se pierden,
se deshacen, y tú solo reconoces la lluvia.

Dime, Carmelita, cuéntame de qué color son tus manos,
que quién ladran los perros, quién enciende
la luz en este mar tan oscuro y tan tuyo,
cuéntame quién te salva cuando no puedes,
cuéntamelo, dime que lo sientes,
aunque no lo ves, dime que existen palabras
que te cuidan.

Dime, Carmelita,
enséñame que los verdaderos recuerdos no se borran,
que son más grandes que el olvido. Dímelo,
porque no te conozco y ya me has enseñado
que no importa la memoria, importa este temblor
que aparece en la puerta, momentáneo, como un rayo de luz.
Dímelo, tú que lo sabes, y protege este futuro
con tu pasado de sombras que se alejan.

Fragmento de Dime, Carmelita
Febrero 2018

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