“Mujica es un hombre que no tenía la estatura que yo creí que tenía y que él me decía en su momento”, dijo López Mena; en Pluna “se quiso tapar algo feo” y “lo agarraron a Juan Carlos, que es un crédulo”, aseguró el titular de Buquebus

Juan Carlos López Mena - “El estado sigue odiando al empresario”

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Elena Risso. Fotos: Leo Barizzoni

Juan Carlos López Mena dice que si volviera a nacer le gustaría ser jardinero. Se define como un apasionado por los árboles y las plantas y por eso cada año, durante casi dos décadas, plantó entre 500 y 1.000 ejemplares en el enorme parque que rodea la magnífica casa que tiene en la ruta 12, en la zona de Punta Ballena. Ahí está Eladia Isabel, la residencia que comenzó a construir hace 20 años y que lleva ese nombre en homenaje a su madre.

También en honor a ella López Mena llamó Eladia Isabel al buque más grande y emblemático de Buquebus, la compañía con la que se consolidó como uno de los empresarios más importantes de las dos márgenes del Río de la Plata, que cuenta con más de una decena de barcos, 1.500 empleados y concentra más de 80% del tránsito de pasajeros entre Uruguay y Argentina. La figura de su madre tuvo mucho que ver en los orígenes empresariales de este hombre, y por eso la tiene presente tanto en la tierra como en el agua.

López Mena pasa los fines de semana en Eladia Isabel, ubicada en la cima de un cerro de Maldonado, el  lugar del que se enamoró hace 20 años cuando vio los paisajes campestres y las vistas del mar. En ese sitio, el empresario nacido hace 74 años en Argentina —y nacionalizado uruguayo— descubrió su amor por la naturaleza, que intentó transmitirles a sus diez hijos y ahora a sus diez nietos.

Durante la entrevista con galería ingresó al escritorio de López Mena, su nieta Isabel de 20 meses.

También fue ahí donde se dio cuenta de “el valor de la piedra”, un elemento que, según sus palabras, “tiene una vida y una fortaleza especial”. Por eso, cuando decidió edificar la casa resolvió no partir las piedras y construyó la residencia tomando en cuenta los desniveles del cerro.

Para llegar hasta la casa del propietario de Buquebus hay que atravesar un enorme portón de metal que se abre desde adentro, y enseguida aparece una garita de seguridad con un soldado armado que lleva chaleco antibalas. Luego se tiene que recorrer un fabuloso parque ondulante ascendente con cañadas, puentes, estanques, pérgolas y miradores. Los responsables del paisajismo fueron dos personas: el propio López Mena y un ingeniero de jardines de origen nipón que trabajó en el Jardín Japonés de Buenos Aires y ahora hace años que vive en Eladia Isabel.

En la cima del cerro está la casa, que hace dos años fue ampliada por el arquitecto Marcelo Daglio en una obra que incluyó la construcción de una formidable bodega de ladrillo con un estilo que evoca a Eladio Dieste. Ahí López Mena guarda vinos y un nivel más abajo, algunos quesos de Talar, la compañía agroindustrial que adquirió hace unos años, y en la que ha ido incorporando poco a poco tecnología amigable con el medioambiente.

En el exterior de la residencia un grupo de mansos perros labradores dan la bienvenida a los visitantes, sin prestar demasiada atención. A los pocos metros está la entrada de la casa, cuya puerta abre el propio López Mena vestido de jeans, camisa por afuera del pantalón, saco azul y zapatillas, acompañado por su esposa Pilar.

El empresario recibió a galería en su escritorio, un espacio circular con ventanas verticales con una vista de 180 grados, donde el mueble más importante es una enorme biblioteca en la que se destacan libros de Historia, de barcos, la Enciclopedia Británica y fotos familiares de distintas épocas. Con un hablar pausado y sin elevar la voz, López Mena repasó sus orígenes y  habló de política uruguaya y argentina. En un par de ocasiones hizo una pausa para levantar a Isabel, su nieta de 20 meses, que entró corriendo al lugar junto a su abuela.

Juan Carlos López Mena en el escritorio de su casa Eladia Isabel, en la ruta 12 de Punta Ballena.

¿Qué balance le dejó el 2015?Este año va a quedar en la Historia porque hay un cambio ideológico en la gente. En Argentina pasó algo, también en Venezuela. No se puede gobernar despilfarrando el futuro, después se paga muy caro. Los pueblos están entendiendo eso y descreyendo de lo que se llama vulgarmente populismo, que parece que todo lo da, pero eso dura poco.

¿Y a usted personalmente qué le dejó este año?Estoy muy contento porque soy muy optimista. Puedo tener momentos de depresión, porque tener empresas en Uruguay no es fácil, porque el Estado descree de lo que son los emprendedores. Pero creo que eso se va superando, y Uruguay es un hermoso país para vivir. Con sus defectos, como cualquier país del mundo. Habría que mejorar mucho la seguridad. Y hacer escuelas públicas de primer nivel. En Londres después de la Segunda Guerra Mundial se hicieron barrios periféricos muy económicos que servían de habitación para los que se habían quedado sin nada. Con los años empezó a proliferar la droga, la delincuencia juvenil. Ensayaron mil experiencias y todas fracasaron. Un día contrataron al arquitecto Norman Foster, quien se dio cuenta de que había que dar una señal muy fuerte hacia los habitantes. Entonces construyó una escuela pública con una arquitectura hermosa y con buenos comedores escolares. Fue la mejor escuela pública de Londres, y ahí, como por arte de magia empezó a bajar la delincuencia. Después eso se urbanizó. Y los chicos no solamente están bien instruidos, sino que se cuidó su salud preventiva, una buena alimentación. Creo que Uruguay va a tener que ir por ese camino si quiere realmente combatir la delincuencia, porque la delincuencia no solamente se combate con la Policía o con una cárcel.

En Montevideo hay experiencias educativas de instituciones públicas gestionadas por el sector privado y usted también tiene algo aquí. ¿En qué consiste?La escuela estaba, era una escuela rural. Lo que hice fue construir otra escuela al lado. Tiene inglés, computación, huerta orgánica, un sector para preescolares, todo computarizado. Nosotros mantenemos el abastecimiento de comidas, la limpieza, pagamos los sueldos de la profesora de inglés, de una empleada de limpieza y toda la parte edilicia.

Muchas veces se le achacan al Estado los problemas en educación, pero están también los que consideran que el sector empresarial debe dar una mano.Yo creo que sí. Al Estado hay que exigirle dos cosas: que nos pida ayuda pero que administre bien. Muchas veces no es cuestión de mucho dinero, es cuestión de saberlo usar. Creo que el Estado de una de las cosas que adolece, no todo es así, es que maneja muy mal las inversiones. Por ejemplo, si hablamos de Ancap, no puede ser que una proveedora de combustible monopólica pierda 800 millones de dólares.

Hay quienes consideran que las empresas públicas no se comparan con empresas privadas porque no tienen el mismo objetivo.Si el combustible fuera muy barato te diría que pierde plata porque el combustible es barato. Pero es el combustible más caro del mundo, y el otro día bajó el petróleo a 37 dólares. En Chile lo están bajando, en Estados Unidos lo bajan automáticamente, y acá, que es muy caro, que por lo menos les sobre mucho dinero, construya escuelas. Ochocientos millones de dólares para Uruguay es una fortuna.

López Mena era el menor de dos hermanos de una familia de clase media que vivía en el barrio Villa del Parque de Buenos Aires. Siendo un niño, su abuelo —que había sido marino y buzo en España— le regaló un pequeño velero que llevaba a navegar a Parque Patricios, donde se le “despertó el amor por los barcos”. Pasó una infancia “feliz”, donde sus preocupaciones eran “jugar y estudiar”, hasta que, cuando tenía 11 años, su padre —un funcionario del Ministerio de Obras Públicas de Argentina— tuvo un problema de salud que le impidió trabajar. La familia empezó a “vender cosas” para costear el tratamiento. “Ahí llegamos a la pobreza total”, recordó.

Con 13 años fue necesario que el nuevo hombre de la casa empezara a trabajar para ocuparse de su padre, su madre y de su hermana Silvia Ana, tres años mayor que él. Tuvo la posibilidad de ingresar al Banco de Londres gracias a la gestión de un primo de su madre, pero prefirió entrar como cadete en una fábrica de camisas. Asegura que fue su madre quien le dijo que optara por esa alternativa. “En el banco te vas a vestir bien, vas a ganar más y vas a tener el puesto de mi primo. Pero dueño del banco, la veo difícil. Si entrás a la fábrica, seguro vas a terminar de dueño”, dice que le planteó su madre.

Fue así que empezó como cadete y limpiador en la fábrica, en la que fue escalando posiciones hasta que, cuando tenía 23 años, el dueño le ofreció vendérsela. A esa altura había generado algunos ahorros y gracias a las facilidades del propietario se hizo de ella, hasta que la liberalización de las importaciones dispuesta por el ministro de Economía de la dictadura argentina, Alfredo Martínez de Hoz, hizo naufragar la industria textil.  Fue entonces que decidió venderla y comprarle al Estado argentino el “Ciudad de Colonia”, un barco “que estaba para desguazar”. Lo llevó a un astillero para repararlo y poco a poco empezó a hacer viajes entre Colonia y Buenos Aires. Él, su madre, su hermana (que era su mano derecha y falleció cuando tenía 43 años en un accidente) y su primera esposa trabajaban en el buque. López Mena era “el carpintero, el lustrador, el timonel y el amarrador”. El combustible para barcos estaba subsidiado en Argentina, así que por ese lado el costo era bajo. Empezaron a trabajar cada vez más y guardaban con cuidado cada propina. De todo lo que ingresaba intentaban gastar menos de la mitad, una fórmula que le había dado su abuela Francisca siendo niño, para “ser rico”.

En el libro de Fernando Amado sobre millonarios en Uruguay dijo: “No me siento rico, no sé lo que es ser rico”. Si alguien como usted no se siente rico y no sabe lo qué es ser rico, ¿quién puede considerarse rico en Uruguay?Nadie, porque ¿qué es ser rico? Si hay una buena escuela pública mis hijos o mis nietos van a ir a la escuela pública. En Estados Unidos tengo seis nietos a los que mandan a la escuela pública, porque privada es para los que no les gusta estudiar y pagando un poco más los reciben. La pública es mejor que la privada y si te destacás ya te becan en Harvard u otras universidades. Eso es lo que hay que reformar acá, la escuela pública tiene que ser de primera. ¿Entonces qué diferencia hay entre un rico y un pobre? ¿Más pobre que yo, que tuvimos que dormir en el suelo de un departamentito alquilado después de haber tenido una casita modesta con su jardincito y sus gallinas, como era antes? ¿Porque tengas una casa más grande?  Lo que pasa es que cuando hay populismo el Estado rifa el dinero y ni sabe en qué lo rifa. Entonces empieza a haber pobres y ricos. Los que son más rápidos y están mejor preparados resisten ese populismo. ¿Y los pobres? Es terrible. Cuando vine a vivir aquí había diez asentamientos. Ahora hay 42. Eso es marginación. Una cosa es ser pobre, otra es marginado. Si sos pobre, con una buena educación salís. ¿Pero de la marginación cómo salís? Es ahí donde el Estado tiene que invertir. Y no invierte. Y si hace algo lo hace mal, porque improvisa. Ahí está el problema. El Estado es el gran creador de pobres, no el sistema capitalista como dicen. Es un error.

¿Cómo se revierte para usted esa situación?¿Viste lo que es la Argentina? ¿Lo que era y lo que es hoy? Toda gente preparada, joven. Vas a ver lo que va a ser Argentina, si puede gobernar. Yo creo que sí, porque llegó muy abajo todo y uno se da cuenta de que hay que cambiarlo cuando llega a un extremismo. Creo que Uruguay está llegando a eso. Uruguay es un país en el que no tendría que haber un pobre, tendría que haber pobreza cero. Tres millones es poca gente, pero también es mucha gente. Si los tres millones consumieran sería un buen mercado. ¿Cuánta gente puede decir “me gusta esa corbata y me la compro”? ¿O una camisa? Debe haber cien mil uruguayos que hacen eso. No hay mucha gente en Uruguay que pueda darse un gusto porque se le antojó. Ese es el drama de Uruguay: hay que bajar la pobreza. Se lo dije a (José) Mujica cuando era presidente: “Presidente, no hay que sacarles a los ricos, hay que tratar de que no haya pobres”. Porque para que seamos todos pobres se expropia todo y de un día para otro somos todos pobres. Así le pasó a Fidel. Para que no haya pobres en un país necesitás 20 o 30 años trabajando con muchísima inteligencia. No lo podés hacer en un año ni en dos.

Hace unos años, en una nota que se publicó en Búsqueda dijo: “Ya es hora de que la imagen del empresario recobre su prestigio”. Muchos de ellos consideran que es mejor no hablar y tener perfil bajo.Eso es parte del populismo. Los políticos siempre hablaron mal de los empresarios. En general. Como Uruguay siempre fue un sistema estatista —te digo porque yo lo sufro a eso— sigue hoy el Estado odiando al empresario. Porque si hay alguien que no hace nada y hace las cosas mal es el Estado. ¿Te imaginás a Ancap privado? Esos 800 millones de dólares te revolucionarían la educación pública. Podríamos hacer en todo el país escuelas públicas de primera. Acá hace gestión equis funcionario, destruye 800 millones de dólares, que es una fortuna para Uruguay. Tal fortuna es, que podríamos hacer toda la educación pública de primer nivel. Por supuesto, si lo maneja un privado. Si no, 800 millones de dólares los gasta y no hace nada.

¿Un privado manejando la educación pública?Por lo menos con una gestión, no que la maneje un privado. Vos fijate que se dice que hay que capitalizar. Si yo pierdo mucho dinero y me fundo voy hasta preso, de acuerdo a la ley. Porque dejar 1.500 personas en la calle y si no pagué todas las cosas que corresponden, no solamente pierdo todo lo material, sino que pierdo el honor, pierdo todo. Un político hizo perder al país 800 millones de dólares y sigue lo más campante. Es horrible eso. Tendría que ser un delito penal, con cadena de yo que sé, 60 años de prisión al político que le hace perder plata al Estado. ¿Para qué está? A mí me produce escozor. Es tremendo. Donde más habría que poner acento es en el buen manejo.

Usted es muy crítico del populismo. ¿En qué momento lo ubica usted en la región?Acá primero hubo un golpe de Estado. Los militares no le han hecho ningún favor a los pueblos. De alguna manera sacaron a los políticos del medio, no solamente privaron de libertad de expresión sino que atrasaron a los países. Pasó en toda América Latina. O sea que haber interrumpido hizo que los políticos no se actualizaran. Se están actualizando, vamos atrasados. Me acuerdo que le dije al presidente (Julio) Sanguinetti que estaba muy preocupado por el abandono en la escuela pública. Uno muchas veces comete errores, pero creo que la educación pública se quiso recuperar en el gobierno de Sanguinetti. El tema es el sindicalismo, que es parte de ese estatismo y esa quietud. Lo dije en Argentina hace poco tiempo: he visto montones de huelgas en el sector de la educación por aumentos de sueldos, nunca vi una huelga por mejorar la educación. ¿Por qué no hacen una huelga de “queremos una educación modelo”?

Hay empresarios que se quejan de que a veces es complicado lidiar con sindicatos y que la balanza está un poco inclinada hacia ellos. ¿Cómo ha sido su experiencia?En 38 años no hemos tenido nunca una huelga. Salvo en los últimos días que nos ligamos la huelga general, nunca antes nos habían hecho huelga. Creo que los sindicatos —yo tengo muy buenas relaciones con los dirigentes sindicales— están equivocados. Están procediendo con mucho autoritarismo. Piden cosas que por poco dicen: “queremos cobrar el sueldo pero que me lo manden a mi casa, porque no quiero ni venir a trabajar”. Cuando el trabajo es algo hermoso. Mientras el sindicalismo piense que trabajar es un castigo… Trabajar es una bendición. Después, que gane más o menos es otra cosa. Y también limitan la creatividad. Cuando yo era empleado hacía de todo. Si no encontraba qué hacer preguntaba dónde podía hacer algo. Creo que tendría que haber una nueva mentalidad en el sindicalismo también.Muchos empresarios se quejan de lo costoso que es emprender en Uruguay.Hay cosas que habría que cambiarlas.

¿Por ejemplo?Las leyes estas. Uno ve que a Estados Unidos le ha ido tan bien —no hablo de lo militar, para nada, estoy en muchas cosas en desacuerdo con Estados Unidos— hay cosas que hay que copiar. El sindicalismo tiene que aggionarse, y no tiene que ser antipatronal.

¿Nota que hay en Uruguay una cierta tendencia a eso?Sí. Porque adoran el Estado. A ellos les gustaría que Buquebus sea del Estado. Después lo van a fundir. Viste lo que pasó con Pluna. Ahí tenés la prueba. Quebró Pluna, perdió cifras que ni el Estado sabe, pero se calculan 300 y pico de millones de dólares. Y ahora creó otra empresa del Estado.

¿Alas U?Claro.

¿Cómo ve eso?Que va a volar creo que sí. Pero va a perder fortunas, no te quepa la menor duda. Y después inclusive en esas empresas hay robos, porque nadie controla nada, y si pierde plata la pierde el Estado.

Usted mencionó el caso de Pluna. Ahora que pasó un tiempo de todo ese episodio, ¿se sintió traicionado por el gobierno?No. Aunque en su momento el gobierno me invitó a que dejara de volar, que venía una cooperativa y que el gobierno se sentiría más cómodo si BQB no estaba. Y después me hicieron cosas como tener un avión Airbus 319 hecho a nuevo por la fábrica. Lo tuvimos en el Aeropuerto de Carrasco siete meses y tuvimos que devolverlo porque nunca nos dieron autorización. Y tuvimos que indemnizar a 220 personas. ¿Vos te enteraste?

No.¿Viste? No hubo problemas, le pagamos a todo el mundo. No le pedimos nada al Estado, vendí cosas mías.

En el libro de Amado usted dice que en el gobierno “le pidieron un favor” y también en su momento Búsqueda publicó que le pidieron que interviniera para “salvar la situación”. ¿En qué momento las cosas se complicaron?Se complicaron porque es una cosa incomprensible. Porque para mí se quiso tapar, con este vaso de cristal y agua transparente, algo feo. Entonces lo agarraron a Juan Carlos, que es un crédulo —yo soy crédulo, los empresarios somos crédulos, si no, no tendríamos 1.500 empleados— y quisieron tapar algo feo. Muy feo. Que yo no sé qué es, pero sé que hay algo muy feo. Entonces vamos a usarlo a Juan Carlos para distraer. Y se prestó también la prensa. A mí me hirieron profundamente, pero me satisfizo mucho la Justicia. Encontré una jueza proba, un fiscal. Fui citado una vez solamente como testigo y me dijeron “nunca más lo vamos a citar”. Y declaré todo lo que yo sabía, agregué documentación. La Justicia aquí es buena. Es una cosa que hay que mejorar: la Justicia tiene que tener también independencia económica. Si no hay independencia económica tampoco hay independencia política. A pesar de eso, acá de la Justicia se puede hablar bien.¿Siente que su imagen quedó afectada ante la opinión pública después del episodio?Siempre, viste, la prensa... Aunque tuvimos comidas con los dueños y me pidieron disculpas. Les digo, “pero publicaron la tapa”.

¿Se refiere a la foto en la tapa de “El Observador” en la que aparece almorzando en el restaurante Lindolfo con su hijo Juan Patricio, el entonces ministro de Economía, Fernando Lorenzo, el asesor ministerial Gabriel Papa, y el representante de Cosmo, Hernán Calvo?Eso es un invento del periodista y de la prensa. En ese lugar estábamos brindando porque el gobierno quería que quedaran aviones acá para ocupar a la gente de Pluna y yo logré que quedaran parte de los aviones. Entonces estaban contentísimos. Entonces fue un periodista, muy bien, yo inclusive lo quise llamar para explicarle por qué era la reunión. Y hubo un ministro que se volvió loco. Cuando era una cosa... Si no hubiésemos ido a un restaurante. Pero bueno. Y ahí cada uno inventó la historia que más le gustaba. Estaban los sádicos, los hijos de mil putas que inventan cosas para joder. Y algunos dijeron la verdad. Yo me callé la boca porque estaba en el área de la Justicia. Y en la Justicia no hay que opinar. Porque si no es una manera de querer presionar y yo sé que a la Justicia no le gusta la presión.¿Por qué fue Calvo a la subasta y no se presentó usted?Porque yo no tenía nada que ver.

Pero él sí tenía que ver con su empresa.No, fue un exempleado nuestro. Eso es otra historia que se inventaron. Él representaba a Cosmo, que era una empresa que existía realmente, y fue en representación. Y ellos se van cuando empiezan a decir todos los disparates que dijo la prensa. Cuando a vos te dan un crédito en el banco —yo tengo créditos en muchos bancos— cuando firmo hay una letra chiquitita que dice que si el empresario o la empresa entra en riesgo político, te cancelan los créditos, lo que tenés que pagar en ocho años lo tenés que pagar mañana o pasado. Entonces los bancos que apoyaban a esta gente en España, yo no conozco a la empresa esa, nunca hablé. Hablaba con Hernán Calvo que es funcionario y socio de esa empresa.

¿Por qué hablaba con él? ¿En carácter de qué?Porque venía acá. A mí el gobierno me pidió. Me dijo “¿usted López quiere comprar Pluna?”. “No, yo no quiero saber nada de Pluna. Y si entro en Pluna primero entra Price para hacer una auditoría”. Y ahí pasa lo que pasa. “¿Entonces no tiene a alguien que conozca?”. “En realidad no conozco, pero voy a llamar a un exfuncionario nuestro que está en España, que tiene mucha vinculación porque su suegro fue presidente de una cristalería francesa, la más grande del mundo, y tiene mucha relación”. Hablé por teléfono, a los dos días me devolvió la llamada, que había una empresa, Cosmo, que podía tener interés. Punto. La empresa Cosmo se la mandé al Estado y ellos hicieron todas las cosas. Yo no hice nada. Después me obligaron... No voy a contar más cosas, pero es lamentable. Hay un dicho en Grecia, que tiene miles de años, que dice: “cada buena acción tiene su castigo”. Y eso yo lo he vivido, no esta vez, sino muchas. Cada vez que querés ayudar a alguien, al final se complica bastante.

En 2010 dijo a Búsqueda que descubrió que Mujica es “un estadista que está dispuesto a dar todo por el país sin especular si eso le da más o menos votos. Eso es lo que le hace falta a cualquier país que quiera salir del subdesarrollo”. Sin embargo, en el libro de Amado dijo: “Mujica es el hombre que dice cosas y no las cumple”. Fue un cambio radical en cinco años. ¿Qué cambió?Los hechos demostraron que el expresidente Mujica es un hombre que no tenía la estatura que yo creí que tenía y que él me decía en su momento. Aparte, si yo hubiese creído algo malo en ese momento, la verdad es que como empresario tenía que apoyar porque era el presidente. Yo también soy de los que dicen “yo no le pido al Estado lo que puede hacer por mí, sino lo que yo puedo ayudar al Estado”. Eso tiene que ser una norma de todos los empresarios. No pedirle nada al Estado, ser un servidor. Si el país te ha dado oportunidades, por lo menos ayudarlo a que gobierne. No ayudarlo a cambio, las ayudas se dan incondicionalmente. Es más, cuando uno ayuda al Estado uno tiene que estar preparado para no recibir nada por la parte ética. Uno lo que quiere es que el Estado cumpla, no quiere cosas raras.

Usted dijo que Julio Sanguinetti fue el único expresidente que lo llamó en todo este episodio. También habla muy bien de él y dice que le “debe muchísimo”.Le debo muchísimo moralmente. Pero bueno, también (Luis) Lacalle ha sido muy correcto.

¿Y por qué no aceptó el acto de desagravio que le propuso Sanguinetti, según dijo en ese libro?No me sentía agraviado.

Pero dijo que se sentía herido.Pero son cosas que pasan. Me sentía mal porque no podía comprender que alguien que te pide casi de rodillas que lo ayudes, lo ayudás, y encima después te atacan.

¿Cómo está su relación con Tabaré Vázquez?Bien.

¿Tiene un vínculo fluido con él?Para nada. Tuvimos una relación hace poco en un acto en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde fue galardonado y yo también.

“DESCABELLADO”

Usted se opuso a la construcción de un puente entre Colonia y Buenos Aires. Búsqueda publicó que el empresario argentino Ernesto Eurnekián le planteó al presidente Tabaré Vázquez la idea de construir un túnel que una las dos ciudades. ¿Cómo ve esa idea?Me parece tan descabellado como lo otro. Se construyó un puente entre Francia e Inglaterra. Empezó a hacerlo una empresa privada, pensaban en cinco mil millones de dólares, les terminó costando 16 mil. Se fundió la empresa privada, lo tuvieron que terminar los dos Estados y hoy es estatal. Lo que recauda por año no logra el mantenimiento. Es como construir un puente y no mantenerlo: se cae. Los puentes son importantes, pero hoy que tenemos barcos que no contaminan, apostemos a la tecnología. Antes de llegar a un súper puente o a un súper túnel desarrollemos la educación.

LÍNEA LA HABANA-MIAMI

En el libro “Una oveja negra al poder” de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, José Mujica dijo que usted quería tener un ferry entre La Habana y Miami. Ahora que se restablecieron las relaciones entre los dos países, ¿vuelve con esa idea?Sí, sí. Ya el gobierno de Estados Unidos nos adjudicó una de las líneas. Estuve almorzando en la casa del embajador cubano con el ministro de Inversiones cubano en Buenos Aires, que vino para la asunción de Mauricio Macri. Me dijo que nos va a dar la línea, en febrero me espera en La Habana. Y si nos dan la línea empezaremos por ahí.¿Una línea como Colonia-Buenos Aires?Es una línea entre Key West y La Habana. Son 90 millas, 20 millas más cerca que Montevideo-Buenos Aires. Todavía es un proyecto. Los cubanos vienen de un sistema que los ha llevado totalmente a la pobreza. Ellos necesitan desarrollarse rápidamente.¿Pero por el lado de Estados Unidos ya está?No, a ellos les falta que Estados Unidos levante el bloqueo. Pero ¿qué pasa? Ahí no manda solo Obama, está el Congreso.

EL SUEÑO DEL TAMBO PROPIO

Un día del fin de semana, hace casi una década, Juan Carlos López Mena iba caminando con su esposa Pilar por los jardines de su casa Eladia Isabel. “Vamos a hacer un tambito allá abajo, que por lo menos nos pague los gastos de la casa”, le dijo el empresario a su mujer. Tiempo después compró Talar, la compañía láctea de Tarariras, que él trasladó luego a Maldonado. Hoy es un complejo agroindustrial de última tecnología que funciona en la ruta 12, a pocos minutos de la casa de López Mena.De a poco el empresario fue incorporando novedades tecnológicas para mejorar el sistema productivo, poniendo énfasis en el cuidado del ambiente. Él destaca, por ejemplo, la instalación de una máquina que distribuye abono orgánico. “Ahora no usamos más agroquímicos. Los agroquímicos van penetrando la tierra y los cursos de agua subterránea se contaminan. Uno entra en esa mentalidad de conservacionista y requiere todo una inversión. Viste lo que es ahora en el mundo, con lo de (la Cumbre de) París (contra el calentamiento global). Se tomó conciencia de que si seguimos así nos quedan de vida no más de 40 años en la tierra. Veo a mi nieta y pienso que no se puede ser tan cruel de no cuidarlo. Por eso planto tantos árboles y plantas”.La última novedad fue la inauguración de una planta de energía solar donada por el gobierno alemán. Al término de la entrevista con galería, López Mena y su esposa recibieron al embajador de Alemania, Heinz Peters, a los diputados Carlos Varela y Walter Verri, al secretario general de la Intendencia de Maldonado, Diego Echeverría, y a un grupo de periodistas, para ver el funcionamiento de la planta.El empresario explicó que el gobierno alemán colaboró con ese proyecto, como forma de respaldar el cuidado del ambiente que hace Buquebus con el barco “Francisco”. Cuando López Mena estaba explicando el funcionamiento de la planta, un viento intenso y el principio de una lluvia interrumpieron la recorrida.Entonces el empresario dio por terminada la visita a la planta y convocó a los invitados a un cóctel en su casa.