Rafael Viñoly y Giuseppe Cipriani con la maqueta del San Rafael

Para Viñoly requiere “un período de digestión”, pero es necesario para dejar de depender “de la guita negra que viene de Buenos Aires”; la comuna pedirá que quiten el puente que va hacia la playa

La Intendencia de Maldonado impondrá cambios al proyecto del San Rafael pero quiere construirlo; lo comparan con plantas de celulosa

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Nº1972 - al de Junio de 2018
escribe Federico Castillo

“¿Quién se anima a hacer una pregunta?”, desafió el arquitecto Rafael Viñoly después de mostrar la maqueta del Hotel San Rafael y mientras algunos ediles de Maldonado todavía la rodeaban sorprendidos y le sacaban fotos como si fueran turistas japoneses. En la noche del miércoles 30 de mayo, Viñoly y el empresario italiano Giuseppe Cipriani expusieron el proyecto de remodelación del emblemático edificio sobre la rambla de la playa Brava en Punta del Este, un megaemprendimiento que supone una inversión de US$ 420 millones en cuatro etapas y una fuente de empleo permanente con unos mil puestos de trabajo directos.

Pero nada de esto estuvo en el centro del debate, todo quedó en un segundo plano, bajo la sombra del imponente y disruptivo rascacielos de 67 pisos y casi 300 metros de altura en una zona con construcciones bajas. El resto del proyecto fue tapado también por un puente que atravesaría la rambla y conectaría al hotel con la playa. El diseño de Viñoly monopolizó las reacciones del día después y también de la presentación en la Junta Departamental de Maldonado.

“Arquitecto, le voy a hacer una pregunta bien boba. ¿Si yo le digo que 60 pisos es un disparate para Punta del Este, qué me contesta usted?, le preguntó el edil blanco Rodrigo Blas. Viñoly le contestó: “27 pisos también es un disparate para Punta del Este. Es peor 27. Porque se genera esta especie de masa indefinida en que cada edificio trata de pelear por visibilidad porque le ponen una cosa en la sala de máquinas en el techo o luces de noche”.

El arquitecto no habló tanto del tamaño o las características de la torre proyectada sino de un concepto. Para Viñoly, la remodelación del San Rafael es una idea que va más allá de los ladrillos. “No es que venimos a negociar con ustedes una estrategia conocida. Es una estrategia distinta. Si Maldonado espera que el gobierno nacional tome esta bandera, le va a costar muchísimo. Además, porque me parece a mí que este es un problema local. Ustedes son los dueños de este lugar, no la señora que lo vendió. El dilema acá es pensar qué va a pasar. ¿Vamos a seguir viviendo de la guita negra que viene de la Argentina, para decirlo en criollo, o tratamos de replantear esto de otra forma?”, interpeló a los ediles.

En lo que insistió Viñoly es en la posibilidad de pensar el proyecto no como solo un hotel sino como un complejo residencial que atraiga un mercado de turistas y residentes permanentes que no existe hoy en Punta del Este. “Este es un riesgo importante para ustedes, pero también es un riesgo importante para Cipriani”, dijo en la junta.

“Creo que lo que se tiene que desarrollar es una claridad con respecto a por qué se hace. Esto no es un proyecto para la gente que vive en Buenos Aires. Y por eso es que a mí me pareció tan interesante. Si no logramos elevar lo que significa el Uruguay del nivel en el que ya tiene un reconocimiento internacional, es como que se pierde una oportunidad increíble. Esta es una oportunidad que no se va a repetir muchas veces”, enfatizó. “¿Ustedes piensan que podemos vender estas unidades en Buenos Aires? Ese es un riesgo gigante”, advirtió.

Un megaemprendimiento que supone una inversión de US$ 420 millones en cuatro etapas y una fuente de empleo permanente con unos mil puestos de trabajo directos.

Sentado en uno de los escritorios de la junta, con tres pares de lentes sobre su cabeza y otro par colgando en su pecho, el arquitecto que diseñó el Aeropuerto Internacional de Carrasco y que tiene edificios con su firma en las principales ciudades del mundo, tomó aire y lanzó: “Yo entiendo que esto necesita un período de digestión importante”.

El edil frentemplista Andrés de León le preguntó sobre los plazos previstos, sobre cuándo se podría empezar a trabajar una vez que esté aprobado el proyecto. “¿Cómo contesto esta pregunta? ¿Con cinismo?”, bromeó Viñoly. “Es difícil. Yo estuve dos años regalándole al gobierno nacional el puente (el de la laguna Garzón). Estaba todo dibujado y me decían que no se podía construir. Así que no depende tanto de mí como de ustedes. Esto podría empezar ya”, dijo, aunque reconoció que entiende que se “necesita tiempo” y que “no es cualquier excepción” a la normativa la que se tiene que aprobar para comenzar las obras.

“Es esta excepción”, dijo señalando la torre que sobresalía en la maqueta. Y entonces insistió: “Si esto no se pone en el cuadro global de que es una estrategia diferente para cambiar el mercado inmobiliario, es imposible de pensarlo”.

El puente y las plantas de celulosa.

En la Intendencia de Maldonado esperan con los brazos bien abiertos que se concrete esta inyección de aire, dólares y trabajo. Pero por ahora el discurso público es cauto. El director de Planeamiento, Roberto Chiacchio, señaló a Búsqueda que aún no le han hecho una devolución a Viñoly y Cipriani. Y que tienen una “posición abierta” respecto al proyecto presentado: “Ni a favor ni en contra”.

Chiacchio explicó que el rascacielos se aparta de la normativa vigente, que es transitoria, y que fue creada para que los interesados en rescatar al San Rafael pudieran usar “parámetros mejores” que los que indica la ordenanza para los edificios de la zona. Las torres bajas, con unos 70 metros de altura y unos 27 pisos, se ajustan a la normativa. La que se escapa es la torre alta, con 67 pisos. “Si entendemos que se justifica digerir parte de lo que se aparta de la norma, tendremos que pedirle al Legislativo que nos dé anuencia para otorgar esa excepción”, señaló.

No obstante, el jerarca enfatizó que lo que “directamente no es de recibo” es el puente que cruza la rambla y llega hasta la playa. “Ya ha habido antecedentes, donde la intendencia ha negado estas construcciones”, recordó y mencionó una solicitud del Hotel Conrad que no fue admitida. El puente del San Rafael “tiene una propuesta de pisada sobre la playa que es muy grande. No puede crearse un impacto tan grande como el que se plantea con este proyecto, que plantea mucha construcción sobre la arena. Ahí además tiene que intervenir Dinama (Dirección Nacional de Medio Ambiente)”, señaló. “Claramente, eso no lo vemos de recibo”, lanzó.

Las torres bajas, con unos 70 metros de altura y unos 27 pisos, se ajustan a la normativa. La que se escapa es la torre alta, con 67 pisos.

Hay una arista en la que el jerarca municipal se detuvo particularmente y es en la “inversión enorme” que propone el proyecto y en la de “traer un público que no existe en Punta del Este, al que accede la cadena Cipriani, que no es el que llega hoy”. Chiacchio resaltó también la creación de empleos que supone la concreción del San Rafael. “Aun suponiendo que les quito el IVA y no serán mil sino 800, me da lo mismo. Porque yo hago una comparación con las plantas de celulosa, que han hecho un revuelo terrible en el país, que impactan en la caminería, en la plantación de árboles, en un cambio de la matriz productiva, que tienen exoneraciones fiscales eternas y dejan muy poco. Y que ocupan muy poco durante la construcción y después en la operativa a no más de 300 personas”, argumentó.

“Acá tenemos algo a lo que se le va a exonerar muy poco, y que aportará eternamente una contribución inmobiliaria de mucho dinero”. Chiacchio se entusiasmó con la idea. “Para hacerse una idea: lo que puede pagar ese edificio es más de lo que paga todo Pan de Azúcar, Piriápolis y Gregorio Aznárez sumados: ciudades enteras”.

Por otra parte, el director de Planeamiento cuestionó a quienes criticaron el proyecto “sin analizarlo” y le dejó un menaje a la ministra de Turismo, Liliam Kechichian. “La escuché hablando de que estaba fuera de escala. Yo me pregunto qué sabe esta mujer de escala”.

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