La recaudación impositiva y el mercado laboral encienden alerta en vísperas de la Rendición

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Nº1964 - al de Abril de 2018

En momentos en que arranca la elaboración de la próxima Rendición de Cuentas, algunos datos de la economía están surgiendo como un llamado de atención para el gobierno.

El proyecto de Rendición de Cuentas que el Poder Ejecutivo deberá enviar al Parlamento antes de julio es el último del período que podrá proponer cambios tributarios e incrementos presupuestales, ya que la Constitución impide hacerlo en años electorales. El presidente Tabaré Vázquez empezó una ronda de consultas con sus ministros para conocer las prioridades de cada uno, si bien él ya marcó la cancha la semana pasada cuando dijo a Búsqueda que serán la “educación, primero, y seguridad, segundo”.  

Por su parte, el ministro de Economía, Danilo Astori, ha dicho como lineamiento general que la próxima Rendición deberá generar un “impacto fiscal cero”, en el sentido de que el incremento del gasto tendrá que estar financiado, para no elevar un déficit anual que ya ronda el 3,5% del Producto Bruto Interno (PBI).

Pero la información preliminar de recaudación de impuestos correspondiente a marzo que manejan algunos jerarcas resultó peor de lo esperado. Interpretan que fue un mes “malo”, con variación negativa si se descuenta la inflación (en términos reales), dijo a Búsqueda una fuente. La evolución de la recaudación venía siendo ascendente últimamente, por lo que en períodos acumulados (para el trimestre o el último año) habría mantenido un signo positivo.

Si bien el gobierno festejó el descenso de la pobreza y la indigencia en 2017 informado el viernes 6, también debió asimilar datos negativos que surgieron del mercado laboral y la industria.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) comunicó el martes 10 que se estancó la cantidad de empleos disponibles en febrero, y como más gente salió a buscar trabajo, la desocupación subió a 9,3%. Es el mayor registro desde julio de 2007.

Si bien el gobierno festejó el descenso de la pobreza y la indigencia en 2017, también debió asimilar datos negativos que surgieron del mercado laboral y la industria.

Un deterioro en el mercado laboral puede impactar en las finanzas públicas tanto por el lado de los ingresos (menores aportes previsionales e impuestos a la renta del trabajo o del consumo por parte de personas que quedan al margen) como del gasto (si aumentan los beneficiarios del “seguro de paro”).  

Por otro lado, el INE informó el miércoles 11 que la actividad fabril aumentó 9,2% en febrero al comparar con un año atrás (cuando la planta de La Teja comenzó su parada de mantenimiento), pero si se excluye la refinación de petróleo hubo un descenso de 2,1%. En el primer bimestre las variaciones fueron 3,8% y –2,4%, con y sin la actividad de refinación.

Tanto en febrero como en el bimestre el sector industrial operó con una plantilla de personal más reducida que en los mismos períodos de 2017, y además trabajó menos horas.

“Poco espacio”.

Astori reiteró esta semana en Radio Sarandí que la rigidez del gasto público hace difícil abatir el déficit.

La información preliminar de recaudación de impuestos correspondiente a marzo que manejan algunos jerarcas resultó peor de lo esperado.

Mientras, la calificadora de riesgo Fitch afirmó el jueves 5 que ve “improbable que haya un rebote cíclico significativo en los impuestos bajo las proyecciones de crecimiento económico” que realiza para el país, a la vez que un presupuesto “muy rígido deja poco espacio para los recortes”, especialmente en vísperas de las elecciones de 2019.

La agencia —que ratificó ese día la calificación de la deuda pública uruguaya— estima que el déficit fiscal bajará a 3,4% del PBI este año, pero no cree que se logre llevar a 2,5% el próximo, como pretende el gobierno.

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