Foto: Adrián Echeverriaga

Edad: 53 • Ocupación: Directora artística de la Orquesta Filarmónica de Montevideo • Señas particulares: estudió ingeniería, es amante de la fotografía, vive en un hotel

Ligia Amadio

4min
Nº1972 - al de Junio de 2018
Entrevista: Florencia Pujadas

Cuando era pequeña acompañaba a su madre a estudiar canto. ¿Su vínculo con el arte comenzó ahí? En mi familia nunca me inculcaron el arte, pero sí estuve muy influida por mi madre. Ella es una gran cantante y tiene una voz excepcional. Podría haber hecho una carrera de la música, pero no tenía esa impronta. Yo siempre la acompañé a sus clases de canto en el coro de la iglesia. Y ahí fue donde quedé fascinada por el órgano. A los cinco años empecé a estudiar piano.

Pero terminó estudiando Ingeniería. Sí, en mi familia no había profesionales de la música. Mi padre tenía una industria y era como un ingeniero, aunque no había estudiado. Era una persona que sabía de mecánica, construía máquinas y era genial para arreglar cosas. Siempre pensé que quería seguir con su profesión.

¿Por qué decidió cambiar? Cuando empecé a estudiar Ingeniería me di cuenta de que me generaba un vacío. No era mi vocación y me angustié mucho. Encontré mi vocación guiada por las manos de Dios. En la universidad tenía una colega que estudiaba Ingeniería Naval y que vivía cerca de mi casa. Una día me dijo que quería probar entrar a una prueba en el coro de la facultad y yo la acompañé a dar el examen porque era la que manejaba. Para no esperar en el auto, cuando llegué la acompañé al edificio. Entramos y la maestra me preguntó si no quería hacer la prueba. Le dije que no tenía voz, pero ella me contestó que todos la teníamos. Fue una frase que me marcó y que mantengo hasta ahora. Entré al coro y, como tenía conocimiento musical porque tocaba el piano, empecé a ocupar el puesto de directora asistente.

Terminó la carrera de Ingeniería pero no ejerció, para empezar a estudiar música. ¿Cómo reaccionó su familia? Mi madre estaba muy contenta porque sabía que era lo que deseaba, pero mi padre quedó muy preocupado. La ingeniería era su sueño y él sabía que había muchos prejuicios con la música. Hace 30 años cuando una mujer quería ser bailarina o música tenía que enfrentarse a la sociedad. Se puso un poco aprensivo, pero después le gustó e iba a los conciertos.

Desde que se convirtió en directora de orquesta no dejó de viajar. ¿Es difícil encontrar su lugar cuando está siempre de viaje? Es muy, muy difícil. Tengo una profesión muy exigente en lo personal. Paso gran parte del año fuera de mi casa, entonces extraño estar con mi familia en Brasil. Me gusta llegar para estar con mi marido, con mi perro y cuidar de mi jardín. Extraño mis cositas, pero tengo poco tiempo para volver.

Vive en una suite del Radisson. ¿Cómo es la vida de hotel? Vivir acá es un lujo porque estoy en una suite maravillosa. Antes me cansaba porque tenía que estar en la misma habitación por todo un mes, y necesito un poco de espacio. Con el tiempo lo fueron entendiendo y me pusieron en un lugar que tiene baño, un living y una cocina. Al vivir acá también estoy acompañada. En la recepción siempre saltan arriba del mueble para besarme cuando llego, también me abrazan y me gritan “maestra”. Sería muy triste si no estuviera acompañada por ellos. Es mucha soledad. Una cosa es estar fuera de casa una semana, pero otra es irse por dos meses. Ellos son mi familia.

También vivió unos meses en Ciudad Vieja. ¿Cómo encuentra Montevideo? Viví en Ciudad Vieja y recorrí algunos barrios con la orquesta. Me encanta la ciudad porque yo vengo de un país que tiene una realidad muy distinta. Las diferencias sociales son más intensas que acá, hay mucha riqueza pero también mucha miseria. En Uruguay hay una sociedad más democrática y que no está tan polarizada como Brasil. En Río de Janeiro o San Pablo, por ejemplo, ves que al lado de una mansión con autos blindados hay una favela. Acá es todo más armónico.

¿Cuáles son los mayores desafíos con los que se encontró en la orquesta? Los mayores problemas que tenemos son estructurales, son cosas que me anteceden en muchos años y que espero que no me ultrapasen. Sucede, por ejemplo, con la cuestión de los músicos que trabajan en las dos orquestas. Tenemos que administrarnos, pero es un desafío logístico porque cuando vamos a organizar un concierto no pueden coincidir con los ensayos de ellos, y frena un poco nuestro trabajo. Tampoco tenemos un lugar de ensayo solo para la orquesta. Para esta temporada tenemos más de 70 conciertos que se van a dar entre el Teatro Solís y distintos barrios de la ciudad. Queremos acercanos a la gente y que puedan conocer el talento de los músicos.

También le gusta la fotografía. ¿Qué imágenes prefiere capturar? Me encanta la fotografía, pero no soy nadie. Siempre me gustó el ser humano y sacar la foto de la potencialidad que tenemos. Cuando un músico toca, su expresividad y su expresión son increíbles. También me parecen maravillosos los paisajes, pero no tengo equipo todavía para sacarlos. El ser humano es diferente. Con una compañera nos dividimos para sacar las fotos de los músicos y capturarlos mientras tocan en la orquesta porque queremos dejar un registro audiovisual. Además estoy estudiando para trabajar en cine, no quiero actuar como actriz pero sí trabajar en el área de las artes plásticas. Me interesa poder documentar la labor de los artistas.

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