“Un monstruo viene a verme”, de J.A. Bayona, sobre un niño obligado a madurar demasiado pronto, se estrena este jueves 16 y vuelve sobre un género que tuvo su época dorada en los 80: el coming-of-age; a propósito de este estreno, repasamos algunos de nuestros propios encuentros con este cine

Los niños contra el tiempo

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Nº1910 - al de Marzo de 2017

“¿Cómo empieza esta historia? Con un muchacho demasiado viejo para ser un niño, y demasiado joven para ser un hombre”. En ese punto de la vida está Conor (Lewis MacDougall), el protagonista de “Un monstruo viene a verme” (“A Monster Calls”, 2016), y allí mismo, en ese limbo vital, suelen estar los personajes destinados a crecer y madurar abruptamente —o no tanto— en esas películas en las que, más tarde o más temprano en nuestra infancia o adolescencia, nos hemos visto reflejados. Una muerte cercana, un cambio de colegio, la separación de los padres, un amor no correspondido, una circunstancia inadecuada, un engaño, un descubrimiento, un dolor muy fuerte o una sucesión de eventos implacables también llamada adolescencia los empuja a la siguiente etapa sin preguntarles si están listos.Al protagonista de las películas que engloba el género coming-of-age no le queda más remedio que crecer por dentro, madurar a golpes. Según la definición más dura del género, que aplica al cine y a la literatura, el coming-of-age contempla las historias centradas en el pasaje del protagonista de la infancia a la adolescencia; o de la adolescencia a la adultez; o de la niñez a la adultez, sin piedad y sin escalas. La pérdida de la inocencia, punto.

El género no es nuevo. Desde “Rebelde sin causa” (1955) en cine hasta “El guardián entre el centeno” (1951) en literatura, pueden encontrarse ejemplos de estas historias convertidas en clásicos. El coming-of-age, que tuvo su auge en los 80 con películas como “ET: El extraterrestre”, “Karate kid”, “Volver al futuro”, “Quisiera ser grande”, “Cuenta conmigo” y “La historia sin fin” —entre muchísimas más— tiene entre sus mejores ejemplares de los últimos tiempos a “Casi famosos” (2000) y “Las ventajas de ser invisible” (2012). “Caminé sobre la colina donde solíamos ir a deslizarnos. Había muchos niños. Los miraba volar. Hacer saltos y carreras. Y pensé que todos esos niños van a crecer algún día. Y que todos esos niños van a hacer las cosas que hacemos nosotros. Y todos besarán a alguien algún día. Pero por ahora, deslizarse es suficiente. Creo que sería maravilloso si deslizarse fuera suficiente siempre, pero no lo es”, dice Charlie, el protagonista de “Las ventajas de ser invisible”, la película basada en el libro de Stephen Chbosky, que también escribió el guion y dirigió la cinta.

Uno de los ejemplos más reciente del coming-of-age es “Boyhood”, nominada al Oscar a Mejor película en 2015, en la que Richard Linklater registró el crecimiento de un niño hasta que entra a la universidad, mostrando la evolución del vínculo con su madre, su padre y las chicas.

Si las historias, para que funcionen, tienen que impulsar a sus personajes a crecer y transformarse, estas películas suelen acompañar a las personas en sus propios procesos de maduración. Por eso, se ven más de una vez, se tienen en VHS o DVD y se guardan en el corazón y en la memoria.

Conversaciones con el monstruo. J.A. Bayona cerró con esta película una trilogía que empezó con “El orfanato” (2007) y siguió con “Lo imposible” (2012), que tenía como tema en común las relaciones madre-hijo y la muerte. Esta vez, el protagonista es Conor, un niño tímido que lidia con la enfermedad terminal de su madre y con unos compañeros de escuela que un día lo acosan y otro lo ignoran. “Había una vez un hombre invisible que se había cansado de que nadie lo viera. No es que fuera invisible de verdad, era solo que la gente se había acostumbrado a no verlo. Un día, el hombre invisible no pudo soportarlo más. (…) Si nadie te ve, ¿estás realmente ahí?”, le dice el monstruo. Ha venido en respuesta al llamado silencioso de Conor. Es un viejo árbol, de ramas y raíces inmensas, que cobra vida para venir a contarle tres historias. La cuarta, le dice el árbol-monstruo, deberá contársela el niño a él.

“Miré alrededor y pensé: ‘Somos demasiado sobreprotectores con nuestros niños’. Hay una soledad que ellos atraviesan, pero como adultos escondemos esa idea, como si nuestros hijos no fueran a atravesarla. Pero ¿por qué? Los niños no se están escondiendo de ella. ¿Por qué deberíamos hacerlo nosotros? Creo que deberíamos encontrar una forma de contar todas las historias de niños que siempre estuvimos demasiado asustados para contar”, dijo el director en una entrevista.

Por eso se volcó a trabajar en esta película, una adaptación de la novela homónima de Patrick Ness (que también escribió el guion): “El retrato que hace de la psicología de un niño pasando por un momento muy duro de su vida me parecía extraordinario”, dijo Bayona, sorprendido también por la seriedad con que Ness se toma “el mundo de los niños”. En “Un monstruo viene a verme” (que se estrena este jueves 16), Bayona dio vuelta las historias de buenos y malos, explicando a los supuestos villanos, cuestionando a los aparentemente bondadosos. “Creo que en las contradicciones, en la incertidumbre, en todo lo que escapa de la perfección, es donde se muestra lo humano. (…) Yo reivindico las historias que nos ayudan a entendernos a nosotros mismos y a los demás”, dijo.