Mario Barletta. Foto: Nicolás Der Agopián

“No sé si está clara la orientación que está tomando la región. (…) Hay situaciones cambiantes, hay interrogantes de qué va a pasar en Brasil, en Uruguay”, opina el nuevo embajador argentino

“Me hubiese encantado” que Uruguay no demorara “tanto” en condenar a Venezuela, pero pesaron las “diferencias internas”

7min
Nº1960 - al de Marzo de 2018
entrevista de Guillermo Draper

Mario Barletta dudó en aceptar el cargo que le ofrecía el presidente argentino Mauricio Macri. Temía que ser diplomático fuera una pérdida de tiempo. Sin embargo, después de analizarlo un poco más y ver las distintas aristas de las relaciones bilaterales entre su país y Uruguay, decidió ser embajador en Montevideo.

Barletta es ingeniero y fue rector de la Universidad Nacional del Litoral entre 2000 y 2007. Ingresó ese año a la arena política, primero como intendente de Santa Fe, luego como presidente de la Unión Cívica Radical y más tarde como diputado. Hoy jueves 8 mantendrá su primera reunión protocolar en calidad de embajador con el presidente Tabaré Vázquez.

El diplomático dijo a Búsqueda que una de sus prioridades será revertir el “descenso importante del volumen de comercio” bilateral, un proceso generado por las “no muy buenas relaciones que existieron” durante los gobiernos kirchneristas. Para lograrlo, ambos países deben llevar adelante una discusión sobre las trabas arancelarias que dificultan las exportaciones. Barletta dijo que preferiría que desapareciera la tasa consular que aplica Uruguay a las importaciones, pero que entiende que el gobierno de Vázquez necesita “platita” por sus problemas con el déficit fiscal. Además, sostuvo que la tasa que hoy se le aplica únicamente sobre los productos argentinos importados —una represalia de algunas “salvajadas” del kirchnerismo— le “suena feo” ahora que las relaciones mejoraron.

El nuevo embajador argentino destacó que las buenas relaciones entre los dos gobiernos se dan pese a que pareciera que están en polos opuestos en lo ideológico. Consultado acerca de si hay un nuevo signo político en la región, dijo que “no está tan clara la orientación” de ese cambio y que todavía hay “interrogantes” sobre el futuro electoral en varios países, entre ellos Uruguay.

Barletta valoró la decisión de la administración de Vázquez de rectificar su curso sobre Venezuela, tras anunciar que no reconocerá los resultados de las elecciones que prepara el gobierno de Nicolás Maduro. Añadió que hubiese preferido que ese cambio no demorara “tanto”, pero que era entendible dadas las “diferencias internas importantes” en el Frente Amplio.

—¿Qué temas prioritarios tiene en su agenda?

—Uno de los temas prioritarios es el de las cuestiones comerciales, donde estamos buscando estrategias para revertir lo que está pasando entre Uruguay y Argentina, que es un descenso importante del volumen de comercio que existe entre los dos países: bajaron mucho las exportaciones argentinas, bajaron las exportaciones uruguayas. Esto tiene muchas causas; una de ellas es, o podría ser, la influencia de las no muy buenas relaciones que existieron entre Argentina y Uruguay en las administraciones anteriores. Si bien a veces el comercio se rige por el “gano o pierdo”, las malas relaciones lo enfrían de manera importante. Está todo el tema de la discusión arancelaria, ahí hay cuestiones que están en la carpeta y que tenemos que seguir analizando, debatiendo, mejorando.

—Usted hablaba de negociar temas arancelarios. Uruguay aumentó en la última ley de Rendición de Cuentas la tasa consular que aplica a los productos que ingresan de dentro y fuera del Mercosur. ¿Ese tema está en discusión?

—Ahí hubo una buena y una mala, digamos. La mala es que aumentó la tasa consular; la buena es que hay un compromiso de irla disminuyendo, en los próximos años, para que desaparezca. Si me preguntás qué hubiese sido lo ideal, bueno, que desaparezca de una. Pero uno tiene que entender que ambos países tenemos problemas de déficit fiscal y esa platita que entra, de la noche a la mañana no podés perderla. Tienen que mejorar ambas economías y si lo hacen, necesitarán menos de estar generando tasas y aranceles.

Hay otro elemento que vamos a intentar incorporar y que no ha tenido una estrategia sistémica para trabajarse en el pasado. Ambos países nos hemos ido quedando un poco en lo que es la economía del conocimiento. Seguimos siendo dos países que dependemos excesivamente de la producción de commodities, de materias primarias, cuando el mundo entendió que lo más valioso que tiene una nación es el conocimiento, entendió que hay que incorporarles esa inteligencia a los productos primarios para venderlos mejor. Los dos países producimos carne, soja, leche y otros productos, tenemos que ver en qué temas podemos trabajar en forma conjunta, reuniendo capacidades y equipos académicos y de investigación junto con el sector productivo.

—¿Le sorprende que los dos países hayan mejorado sus relaciones cuando algunos dirigentes del oficialismo uruguayo creen que había más afinidad ideológica con el kirchnerismo que con Mauricio Macri?

—Sí, sí. Todo hacía suponer que un gobierno argentino como el anterior, por esas cuestiones ideológicas —si bien esa palabra nos llevaría tres entrevistas más— iba a tener relaciones más fluidas con un gobierno del Frente Amplio. Y, por el contrario, por el posicionamiento político, ideológico y demás de Uruguay, que parece la antítesis del posicionamiento del gobierno de Macri, deberían andar mal. Sin embargo, las cosas fueron al revés.

—¿Por qué?        

—Porque el gobierno anterior de la Argentina no colocaba la inserción en el mundo como un hecho importante. Fue una política más de aislamiento que de integración. La política del gobierno anterior en Argentina no tenía, más allá de las ideologías, el apego al funcionamiento de los fundamentos democráticos y republicanos que se sustentan en el diálogo, en el respeto a las diferencias. En Argentina se produjo un gran cambio. Y las palabras del presidente argentino en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso son un clarísimo reflejo de la búsqueda a ultranza del republicanismo. El republicanismo, que en Uruguay es más fuerte, es la separación de poderes, es lo que te garantiza la paz, la seguridad, la búsqueda de igualdad, el respeto. En la medida en que quienes piensen diferente pongan al diálogo y el respeto a las diferencias como cuestiones centrales, naturalmente se van dando mejores relaciones.

—El gobierno de Vázquez sostiene que el Mercosur debe reformularse porque hoy le genera muchos problemas a Uruguay. ¿Qué opina?

—Nadie duda que el Mercosur sigue siendo una gran herramienta para el beneficio de la región. Hay coincidencia en que hay avances importantes, pero que todavía no ha dado lo que debería dar en el crecimiento regional. Uruguay y Argentina tienen que ser quienes pongan espalda contra espalda para ir logrando que ese Mercosur cubra las expectativas que tiene que cubrir. Hay que seguir resolviendo problemas, yo no digo que esto sea sencillo, a veces los intereses de los países se contraponen. Hay que ir tomando tema por tema, tener voluntad política y estar convencidos de que el trabajo puesto desde la óptica regional es lo que necesitamos.

—En parte del gobierno y la oposición se dice que el Mercosur termina siendo una tranca para el país en la medida en que no le permite negociar acuerdos comerciales con otros países.

—Repito, puede haber posiciones y discursos, pero creo que el Mercosur no es una traba para Uruguay, sino todo lo contrario. Esos temas que Uruguay puede pensar que le son inconvenientes, hay que ponerlos arriba y dialogarlos. Nadie puede estar pensando que, si a Uruguay le va bien, esto no es bueno para Argentina. Tampoco quiero decir con esto que es fácil, que es una pavada y que se arregla de la noche a la mañana, porque además no es sencillo porque cada país tiene sus complicaciones internas. Creo que hay que seguir insistiendo. Mirá la lucha en nuestro país, el cambio que se está dando culturalmente, avanzando realmente hacia una idea de república; entre lo que vivimos hace unos años y lo que vivimos ahora, creo que ni nosotros mismos nos imaginábamos que podíamos avanzar en ese sentido.

—¿Qué expectativas tiene el gobierno argentino sobre las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur?

—Muchísimas, muchísimas.

—¿Pero tiene posibilidades reales de concretarse?

—Nunca habíamos estado tan cerca. Tienen que convencerlo a Macrón, que se comprometió muy fuerte con los productores ganaderos de que en Francia no se iba a vender carne con no sé qué diablos. En una entrevista anterior dije que me jugaba la vida a que en marzo se cerraba, todavía tengo chances, pero estaba un poco más confiado antes que ahora. Creo que sería muy importante.

—Algunos hablan de un giro ideológico en la región. ¿Comparte ese análisis?

—No sé si está clara la orientación que está tomando la región. Mirá lo que pasa en México, lo que pasa en Colombia, donde hay muchas dudas. Hay situaciones cambiantes, hay interrogantes de qué va a pasar en Brasil, en Uruguay. Por supuesto que si hablás con gente del Frente Amplio, están confiados y todavía mantienen, según las encuestas, una predilección de la ciudadanía, pero la oposición no está tan, tan lejos, ¿no? Y lo mismo con nuestro país, donde cada elección es pareja y con final abierto, aunque confío en que Macri va a ganar la reelección si se postula. Entonces, regionalmente habría que analizar. Chile sí ha dado un vuelco.

No tenemos que olvidarnos que las democracias republicanas de América Latina son muy jóvenes, y están en proceso de aprendizaje permanente. Obvio que no es lineal ese proceso y esa mejora, sino que tiene altibajos, pero creo que la tendencia es ascendente. Bueno, tenemos situaciones todavía como la de Venezuela, que no nos vamos a poner a hablar porque…

—La posición de los gobiernos…

—Cambió ahora. Uruguay votó para que se suspendan las elecciones. Cambio importante a mi modo de ver. No sé si un cambio, una rectificación. Y también es una cosa que hay que entenderla desde otros países, no hay que condenar porque se tomen posiciones diferentes. Uno tiene que entender que no es lo mismo gobernar un país desde un espacio como el Frente Amplio, con algunas diferencias internas importantes. Esas diferencias internas se traducen después en las políticas hacia fuera. De todas formas, uno tiene que sacarse el sombrero, porque pese a las diferencias internas, llevan tres períodos de gobierno y saben tratarlas hacia el interior.

—¿Tienen buena capacidad para manejar esos disensos?

—Si ves en Argentina ahora, de alguna manera, con algunas diferencias, pasa lo mismo. A ver, vos me preguntabas 10 años atrás si alguna vez, como radical, iba a estar junto al PRO, y yo te iba responder: “¿Te tomaste una botella de whisky, hermano? ¿Cómo voy a ir yo con el PRO?”. Y después las circunstancias hacen que el radicalismo entienda que ahí lo importante era ganar las elecciones, que después nos pondremos a discutir sobre algunos temas que nos diferencian y que no son pocos, pero dejémoslos para después. El kirchnerismo llevaba a la Argentina a una Venezuela por 10. Además, estos tipos no tenían empacho en enriquecerse con los recursos del Estado.

—En Uruguay hay dirigentes políticos que cuestionan al gobierno porque consideran que demoró demasiado en tomar una posición crítica sobre Venezuela y las elecciones que promueve Maduro. El grupo de Lima, por ejemplo, sacó un comunicado crítico de las elecciones y Uruguay no lo firmó.

—Si vos me lo preguntás a mí, por supuesto te voy a decir: “Sí, me hubiese encantado que no hubiesen demorado tanto”. Pero por otro lado, también te tengo que decir que hay que entender que hay una situación interna dentro del gobierno uruguayo que es la que explica esa demora. Tengo posición tomada y creo que todo el mundo se la imagina porque estoy donde estoy en el gobierno argentino, pero tengo que ser respetuoso como embajador de decir: “Bueno, ustedes resuélvanlo y yo no soy nadie para decirles hagan tal cosa o hagan tal otra”.

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