Foto: Leo Barizzoni

El actor uruguayo que ganó fama en Argentina por su papel en la serie "El marginal", protagoniza "Porno para principiantes", la película de Cali Ameglio que en estos días se filma en Montevideo

Nicolás Furtado: “Yo me ocupo de formarme y de hacer mi trabajo bien; lo otro sé que se va a ir dando”

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Nº1947 - al de Diciembre de 2017
Patricia Mántaras

Hace cinco años, Nicolás Furtado se instaló en Buenos Aires. Acababa de filmar en Uruguay la película Relocos y repasados y un productor argentino le ofreció trabajo en la televisión. Empezó con participaciones pequeñas en las tiras diarias Dulce amor y Somos familia, pero su verdadero destape fue un tiempo después con El marginal (que puede verse en Netflix), la serie escrita por —el también uruguayo— Adrián Caetano y dirigida por Luis Ortega. Decidido a obtener el papel, Furtado se presentó al casting caracterizado como el personaje —Diosito, un drogadicto preso por narcotráfico con pelo oxigenado y dentadura deteriorada— y habiendo pasado la noche anterior a la intemperie. Se hizo del papel y después se ganó al público con el carisma de este respetado presidiario. El boom de El marginal se superpuso con Educando a Nina, otro éxito de la televisión que duplicó la exposición de Furtado, que ya se maneja con el profesionalismo de una celebridad. Un agente en Argentina coordina sus entrevistas y él se asegura de chequear en el momento cómo sale cada foto que le toman.

Por estos días, el actor de 29 años volvió a cruzar el charco para filmar Porno para principiantes, la película de Cali Ameglio (La cáscara, El hombre de Walter) que lo hizo reír desde la primera lectura del guion. En la ficción Furtado es Aníbal, un empleado algo delirante de un videoclub. Su amigo Víctor (Martín Piroyansky) es un director de cine esperando su gran oportunidad. El jefe de Aníbal, Boris (Daniel Aráoz), tiene un proyecto de película en carpeta y necesita un director. Aníbal los pone en contacto y una especie de malentendido hace que Víctor termine aceptando dirigir una película porno.

En su breve e intermitente estadía en Montevideo para filmar Porno…, Furtado conversó con galería sobre esta película, la carrera que está consolidando en Argentina y la fama.

Nicolás Furtado en el set.

¿Cómo llegó la propuesta de esta película?

Me llegó hace como cinco meses, en junio. Me escribió Mariana (Secco, productora) y me habló de la película, me dijo que tanto ella como Cali (Ameglio) tenían ganas de volver a trabajar conmigo. Nosotros habíamos hecho juntos Relocos y repasados (2013), que fue el último trabajo que hice en Uruguay antes de irme a Argentina. No hablamos de un personaje puntual, porque ellos también querían ver qué tiempos tenía yo. Yo estaba grabando una tira y al terminarla tenía una peli, o una posible peli, entonces eran realmente muy difíciles las fechas. Al principio me ofrecieron un personaje u otro, según cuántos días disponibles tuviera yo. Había uno que con cinco días lo hacía, y después estaba este, que es el que finalmente estoy haciendo, que es Aníbal, que era el que yo quería y el que mi representante no, porque era un quilombo coordinar al ser muchos más días de rodaje. De hecho, arranqué a filmar acá, me fui una semana a España, después me fui a Argentina, también por otro trabajo, y tanto el equipo de producción de Salado como los asistentes de dirección hicieron malabares para que pudiera interpretar a este personaje. Nos arriesgamos y viene todo muy bien.

¿Qué lo atrajo del proyecto?

Me divierte que sea en los años 80, y esa temática de dos pibes que intentan filmar una película porno, pero todo eso igual es anecdótico. Lo realmente bueno para mí es el humor que tiene la película. A eso no hay con qué darle, porque en el set después con el director, con los actores, le sumás cosas, pero ya de pique venían escenas muy graciosas.

¿Cómo describiría a su personaje?

Aníbal creo que no razona todo lo que hace ni lo que dice. Se maneja por impulsos que andá a saber de dónde salen, porque es un poco incoherente. No tiene mucho que ver con su amigo Víctor (Piroyansky), que es un tipo mucho más calmo y más pensante y más con los pies en la tierra. Aníbal es, en cierta forma, el disparador de toda la aventura que después se conoce a lo largo de la peli; es el que le propone toda esta idea loca a su amigo a través de su jefe, Boris (Aráoz), que es otro desquiciado. Es un universo muy raro, muy absurdo también.

¿Le toca interpretar alguna escena más subida de tono?

No, no. Son bizarras, sí, son ridículas, son desopilantes, pero subidas de tono no, porque no va por ahí la peli.

Furtado con el director del filme, Cali Ameglio.

Ha pasado por cambios de look bastante extremos para interpretar determinados personajes. ¿Lo ayuda a ponerse en la piel del personaje?

Sí, está buenísimo porque eso te separa de lo que sos vos. Es un buen punto de partida, y he tenido la suerte… Ya no es suerte, creo que la gente que me contrata ya sabe que no tengo historia con cambiarme el look y ya vienen con una propuesta así. No es que yo lo pida. Sí, me divierte y saben que yo estoy afín, pero también son ellos los que proponen cambios tan radicales.

No ha interpretado muchos papeles con su verdadera apariencia…

Poca cosa. El mes pasado terminé de filmar una peli en Argentina que se estrena el año que viene, Perdida (con Luisana Lopilato). Es una coproducción argentino-española. Ese te diría que de lo nuevo es el primer trabajo que hago con mi look normal: pelo cortito y afeitado.

¿Cómo elige sus proyectos?

La mayoría de las veces trato de elegir proyectos que sean un desafío actoral. Algunas veces he participado en proyectos donde lo que me suma es otra cosa, pero en los últimos y en los que voy a elegir para el año que viene busco un poco eso. Historias que yo quiera contar como actor, desde esas historias o desde los personajes que me ofrezcan. Y, en lo posible, que sean desafíos y cosas nuevas, distintas.

¿A cuándo se remonta su interés por la actuación?

Tendría 15 o 16 años. Me puse a hacer publicidades y a partir de ahí dije: “Me gusta esto, voy a hacer teatro”. Ahí empecé con talleres de teatro tranqui, nada importante, no era algo formal. En paralelo tampoco me gustaba ninguna de las carreras convencionales que había para hacer en aquel momento. Mi futuro no iba por ninguna de esas, o yo no quería que así fuese. Y ahí entré a una escuela más formal de actuación, la Escuela del Actor en Montevideo, y ahí sí ya me lo tomé más en serio y dije: “Es esto”. 

¿Tuvo el apoyo de su familia?

Sí, siempre. De hecho, mi vieja es docente de Secundaria y yo me fui para otro lado que nada tenía que ver con el estudio, pero siempre me apoyaron con mis clases, mis talleres. Todo lo que se me ocurría hacer relacionado con el teatro y con el arte, ellos siempre estaban ahí, apoyándome.

Foto: Leo Barizzoni

¿Cuál fue su primer proyecto como actor, fuera de las publicidades, en Uruguay?

Fue el documental La sociedad de la nieve, creo, o la película de Beatriz Flores Silva Polvo nuestro que estás en los cielos; una de esas dos. Y después ya obras de teatro. Cuando terminé la escuela de actuación entré al Teatro Alianza como parte de un elenco estable y ahí hacíamos dos o tres obras por año, ya profesionalmente. 

¿Cómo decidió instalarse en Argentina y cuáles fueron sus primeros pasos allá?

Siempre pensé en irme, desde que estaba terminando los estudios acá, tenía muchas ganas de viajar y hacer esto, lo que a mí me gusta. Quería dedicarme de lleno a esto y acá en Uruguay había y hay mucho teatro y muy bueno, pero tal vez no tantas producciones audiovisuales, y eso era un poco lo que a mí me iba a dejar vivir de esto. Tal vez no tenía pensado irme directo a Argentina, podía ser España, México o Colombia, manejaba esas opciones, pero un productor que vino a Uruguay me conoció laburando y me ofreció una participación en un programa argentino. Eso fue lo que me impulsó a irme en el primer momento. No me pagaban ni pasaje ni estadía ni nada, era como un lugar para entrar. De ese trabajo salió otro y después me quedé haciendo bastante teatro.

¿Todo fluyó? ¿No tuvo que lucharla?

Te diría que después de los trabajos que hice, que fueron dos tiras diarias, una con un personaje más chiquito y ya el otro con un contrato y un personaje más estable, que fueron hace cinco años, sí tuve un bache, un bache en que dije: “¿A dónde voy?”. Ahí tuve un parate en el que no sabía qué hacer, entonces me puse a estudiar teatro. Generalmente, cuando no estoy trabajando, estudio, hago talleres y me entreno con algún maestro para estar constantemente en movimiento. Ese año estudié, al otro año tampoco salía laburo; hice como cinco obras de teatro en ese año pero seguía sin tener laburo (en audiovisual) hasta final de ese año, que me llegó el casting de El marginal. Quedé en ese casting, y a partir de ahí no dejé de laburar hasta hoy. 

¿Ese personaje, Diosito, fue el mayor mojón de su carrera, el que marcó un antes y un después?

Sí, porque después de que terminé de grabarlo, si bien no había salido al aire, ya me conocían en la productora y me convocaron para su siguiente tira, que era una tira diaria, Educando a Nina. Ese año se estrenaron las dos al mismo tiempo, y ahí fue todo un revuelo grande y lindo para mí. Eso fue el año pasado, y este me llamaron para protagonizar otra tira de Telefé también, con la misma productora, Underground. También con ellos me queda por hacer la segunda temporada de El marginal

Cali Ameglio da indicaciones a Daniel Aráoz, Martín Piroyansky y Nicolás Furtado.

¿Le cambió la vida con esto de la fama?

Sí, cambió bastante porque te reconocen en los lugares públicos, en los shoppings, las plazas. No sé si me cambió la vida, pero sí me pasan cosas que antes no me pasaban.

¿Lo limita en algún punto?

No, creo que no.

¿Extraña el anonimato?

Sí, obvio. En Argentina la gente se anima a acercarse, y últimamente en Uruguay también está pasando que la gente se anima a pedirte una foto, a hablarte, saludarte, y siempre es con buena onda. No es algo malo, todo lo contrario. Siempre viene gente con buena energía, con buena onda, por lo menos a mí me pasa así. Es acostumbrarse.

¿Y accede a la selfie si le piden?

Sí, claro.

¿Qué rasgo de su carácter cree que lo ayudó más a que su carrera despegara?

Lo inquieto que soy, lo curioso.

¿Es de golpear puertas, de insistir?

Sí, pero también dejo que todo llegue; lo manejo con energías. Yo me ocupo de hacer lo que a mí me corresponde; lo demás que se dé o que no se dé. Yo me ocupo de formarme, de hacer mi trabajo bien, de ser profesional; lo otro sé que se va a ir dando. Puede sonar trillado, pero creo un montón en eso de querer algo realmente y en la ley de atracción. Lo que pasa es que siempre se habla de eso como que te comprás un cuadrito y tiene esa frase, y uno no le da tanta bola, pero yo llevo esa bandera.

Escena de "Porno para principiantes".

¿Cómo proyecta su carrera a futuro? ¿Hacia el lado del cine?

Sí, cine y series te diría, que es lo que más me gusta. La televisión es más desgastante, en la tira diaria se trabaja con otros tiempos y con otra calidad. Me dio mucho entrenamiento, mucha experiencia, pero si tengo que elegir prefiero mucho más cine, o series, que se trabaja con otra profundidad y me resultan más interesantes lo personajes que me llegan.

¿Qué tipo de entrenamiento le dieron las tiras diarias? 

Las escenas de repente ni se repiten. Nosotros ayer (en el rodaje de Porno…) estuvimos todo el día para filmar una escena, y cuando hacés tira diaria en un día se filman como 25 escenas, capaz. No quiere decir que como actor hagas 25, de repente a vos te toca hacer 10, 15, pero compará la calidad de esas 15 con la calidad de una escena de cine, que te tomaste todo el día para hacer.

¿Las tiras ejercitan también la memoria para retener los parlamentos?

Sí, eso no me cuesta nada y me lo dio la tele. Aprendés la letra en el momento, porque no es que estudiás toda la letra el día anterior en tu casa, porque grabás 10 horas, llegás, te bañás, comés, estás cansado, te acostás y al otro día lo mismo. La letra de la tira me la aprendo en el momento, ahí, en el set. Todo es como más espontáneo, más rápido. En cine se maneja distinto.

Escenas de "Porno para principiantes".

¿Viene seguido a Uruguay?

Cada tres o cuatro meses. Mi familia y amigos también van mucho a visitarme. Todos los meses tengo a alguien en casa.

¿Qué hace cuando viene?

No tengo mucho tiempo, porque por lo general vengo el fin de semana. El día que llego probablemente a la noche ceno con mis viejos y mi hermana, al otro día voy a visitar a mi abuelo, a mi prima, mis tíos, mis sobrinos, y a la noche asado con mis amigos. Ahí meto a todos mis amigos en el mismo asado, porque somos como 15 y es la forma de verlos a todos. Al otro día, domingo, tal vez ya me tenga que volver. O sea que es muy concreto.

Escenas de Porno para principiantes.

¿Ahora ya se queda para las Fiestas?

Sí, casi seguro que pase acá. No sé si las dos Fiestas, pero una seguro.

¿Piensa volver a instalarse en Uruguay o se ve viviendo en Argentina?

En ningún lado en particular. Sí me gustaría seguir viniendo acá por proyectos puntuales. Estoy instalado en Argentina porque me salen más proyectos allá, si me salieran más acá estaría acá. O si me salieran en otro lado, me iría a otro lado. No lo veo por países sino por trabajos.

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