No dispersarse nunca

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Nº1947 - al de Diciembre de 2017
por Pau Delgado Iglesias

Más de 2.000 mujeres se reunieron en Montevideo el 23, 24 y 25 de noviembre durante el 14º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (Eflac) bajo el nombre Diversas pero no Dispersas. El primer Eflac tuvo lugar en Bogotá hace 36 años, y esta es la primera vez que se organiza en Uruguay. Es difícil imaginar, desde afuera, lo que sucede durante un encuentro feminista, entender en qué consiste exactamente. Las jornadas estaban organizadas en forma clara: los dos primeros días, por la mañana, se hacían las asambleas, y por la tarde las actividades autogestionadas (organizadas por las propias mujeres que asistían al encuentro); el último día estaba dedicado a la plenaria, para poner en común las principales propuestas surgidas en las asambleas los días anteriores. Eran 10 asambleas simultáneas divididas por ejes temáticos: cuerpos, racismo, violencias urbanas, economía feminista, democracia y Estado laico, diversidad de feminismos, guerras y resistencias, violencias de género, autonomía y poder, y autocuidado y protección. Por las tardes, las actividades autogestionadas presentaban más de 150 propuestas entre los dos días, con temas como: mujeres rurales, mujeres trans, feminismo y discapacidad, vejez, juventud indígena, trabajo sexual, espiritualidad, tecnología, fundamentalismos religiosos, naturaleza, academia, periodismo, así como también presentaciones audiovisuales, exposiciones de fotos, música, danza y teatro.

Las mujeres que llegaron eran realmente diversas: en edades, en etnias, en nacionalidades, en creencias religiosas, en orientación sexual, en trabajo, en profesiones. En un corte de datos por edad, sabemos que se inscribieron 460 mujeres menores de 29 años, 572 entre 30 y 39 años, 394 entre 40 y 49, 339 entre 50 y 59, 222 entre 60 y 69 años y 71 mayores de 70 años. Había mujeres de 29 países (Alemania, Argentina, Bélgica, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Haití, Holanda , Honduras, Inglaterra, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Suecia, Trinidad y Tobago, Venezuela y Uruguay). Llegaron en avión, en ómnibus, en auto, se alojaron en hoteles, en hostels, en casas de amigas o en casas de otras feministas que las recibieron sin conocerlas. El costo de la inscripción (50 dólares sin alojamiento) cubría el almuerzo de los tres días y las meriendas. La organización estuvo a cargo de decenas de feministas que trabajaron en forma voluntaria durante más de un año, y de las organizaciones Cotidiano Mujer y Plenario de Mujeres del Uruguay.

El objetivo era, precisamente, “encontrarse”: para entender las diferencias y las similitudes, para escuchar las necesidades de las demás y compartir las propias, para pensar en conjunto, para proponer ejes de acción sobre los principales problemas a los que nos enfrentamos, cotidianamente, las mujeres de la región. Las asambleas eran participativas, no expositivas; se planteaban preguntas iniciales disparadoras con la idea de que todas las presentes participaran en el debate, cada una desde su experiencia. Así, se iban entrelazando las distintas realidades para lograr entender un mismo fenómeno en toda su complejidad: las violencias urbanas que vive, por ejemplo, una mujer joven en Paraguay, no son las mismas que sufre una señora mayor salvadoreña, ni las que experimenta una compañera indígena en Ciudad de México. La problemática se va tejiendo a partir de los saberes de cada una y de cada historia compartida, hasta que se tiene una visión global del tema y se pueden empezar a plantear líneas de acción —que abarcan desde acciones ciudadanas hasta propuestas de política—. Escucharse y pensar críticamente y desde las diversidades es un ejercicio enormemente enriquecedor, a nivel político pero sobre todo a nivel humano.

El último día del Eflac coincide siempre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) y el encuentro termina con una marcha, que, en Uruguay, se coordinó para confluir con la marcha que hacen cada año las Mujeres de Negro. Miles de mujeres se encontraron el sábado por la tarde en la explanada de la Intendencia de Montevideo: esta vez, el dolor atravesaba más fuerte por la tremenda noticia del asesinato de Brissa González, de 12 años, sumado al de Valentina Walter, de 9, tan solo algunos días antes. La tristeza infinita solo reforzaba todavía más el mensaje del encuentro: no dispersarse nunca, mantener unidos los feminismos a pesar de las diversidades, para seguir trabajando desde todos los frentes y sin descanso por los derechos de mujeres y niñas a lo largo y ancho de la región.

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