Fabián Canaveris, referente de la selección nacional de fútbol playa e impulsor en Uruguay de modalidades como el futvoley, preside desde abril la Federación Internacional de Fútbol 7, una organización que en diez años pretende formar parte del repertorio de la FIFA

Otro idioma del fútbol

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Nº1926 - al de Julio de 2017
Luisina Ríos

Cuatro segundos y Uruguay hace historia. Cuatro segundos y da vuelta un partido épico contra la selección argentina en un estadio repleto en la costa de Copacabana. Cuatro segundos y elimina a su clásico rival en el Mundial de Fútbol Playa 2006. Una falta técnica, un pique inesperado en la arena, el gol más gritado del torneo, y el equipo uruguayo se clasifica a semifinales para, después, también ganarle a Francia, disputar la final con Brasil y terminar con el título de vicecampeón.

En una época en que Uruguay acostumbraba a no participar o a perder en fase de grupos en mundiales de fútbol 11, la selección de playa llegó a uno de los puntos más altos de su historia (en su siguiente participación mundial, en 2007, también se clasificó a semis y se quedó con el tercer puesto). A partir de ahí, los partidos internacionales disputados en Montevideo, en el Arenas del Plata, se llenaban de aficionados que seguían a la selección. Había hinchada, cantos y banderas. En ese entonces, Fabián Canaveris era uno de los referentes del plantel y se convirtió también en uno de los principales impulsores de la práctica del deporte en el país.

Canaveris se crió en Buceo y pasó gran parte de su infancia practicando en el equipo de baby fútbol de Uruguay Buceo, en las canchas aledañas al cementerio donde ahora existe un complejo de viviendas en el que, casualmente, vive con su esposa y sus dos hijos. De ahí pasó a las formativas de Central Español y después a El Tanque Sisley y a Huracán Buceo, donde jugó en segunda división, con un paso previo por la Liga Universitaria. A principios del 2000 entró al Instituto Superior de Educación Física (ISEF) y a la selección de fútbol playa. Con Uruguay, siempre en estadios costeros y de piso de arena, disputó 200 partidos y ocho mundiales. En el repertorio de clubes a los que defendió figuran al menos tres internacionales: Lusitanos, Corinthians y Atlético Paranaense, de Brasil.

La historia deportiva de Canaveris podría sintetizarse con un encadenamiento de modalidades futbolísticas. El fútbol 11 lo transportó al fútbol playa, y por el fútbol playa conoció otras dos variantes: el futvoley —que lo practicó y fundó una escuela en Uruguay— y el fútbol 7, al que llegó hace unos cinco años y que, desde abril de este año, en esta modalidad, además, fue nombrado presidente de la flamante Federación Internacional, la FIF7.

El fútbol 7 es, básicamente, una versión reducida del fútbol 11. Se juega en una cancha de 50 por 30 metros (un poco más chica que la de baby fútbol y más grande que la de 5), con piso de césped sintético y arcos de 5 por 2,20 metros. La pelota es más pequeña que la de 11 y tiene una bolsa interna que mata el pique para que sea más controlado. El actual presidente de la FIF7 señala que actualmente hay un auge de la disciplina en la región —en México, por ejemplo, la reconocieron como deporte oficial— y que Uruguay acompaña con el surgimiento de muchas ligas amateurs que incluyen campeonatos masculinos y femeninos.

Uno de sus principales objetivos al frente de la FIF7, además de popularizar el deporte y lograr un nivel de elite dentro del amateurismo, es que en una década el fútbol 7 integre el repertorio FIFA, explicó Canaveris a galería.

¿Hay una explosión de la práctica de fútbol en modalidades menos tradicionales en Uruguay?

Totalmente. Es impresionante lo que ha crecido el fútbol amateur en general, y en modalidades alternativas en particular. En los últimos años surgieron ligas por todos lados y se llenaron de jugadores. Creo que en parte es porque no tienen requisitos como los de la Liga Universitaria, que es la más grande del país pero no habilita a jugar a cualquiera, tenés que estar estudiando o haber rendido exámenes en un determinado tiempo. En estas nuevas ligas por lo general puede jugar cualquiera e incluyen otras modalidades más allá del fútbol 11, el 5 y el sala.

Si bien inició su carrera en el fútbol 11, se especializó en la modalidad de fútbol playa. ¿Formó parte de los inicios de este deporte en el país?

No, el fútbol playa surgió en 1995 y yo llegué cinco años después. En realidad es un formato que creó la Globo en Brasil para jugar con exfutbolistas y hacer partidos de exhibición con estrellas de diferentes países. Entonces en Uruguay jugaban, por ejemplo, Rodolfo Rodríguez o Venancio Ramos, que recién se habían retirado del profesionalismo. Durante esos años, en las playas de Brasil los estadios se llenaban de aficionados para ver fútbol playa. Yo empecé a jugar en el 2000. Recuerdo que me perdí el primer viaje de la selección a Brasil porque me coincidía con la prueba de ingreso al ISEF. Entré a la selección en medio de un proceso en el que el deporte se empezaba a desarrollar con más fuerza y se daba una transición en la que los exfutbolistas dejaban de competir porque había otro ritmo de juego con deportistas más jóvenes. Jugué hasta 2012.

¿Cuáles son los momentos que más lo marcaron de esos 12 años en la selección de fútbol playa?

Hay dos años que los tengo muy marcados. En 2006 fuimos vicecampeones del mundo y en 2007 salimos terceros. Los campeonatos fueron televisados en Fox y ESPN, y mucha gente que se arrimó a ver o practicar.

En esa época acá no existían equipos, solo se formaba la selección.

Acá se dio el proceso inverso al que podría suponerse: a partir de la selección se expandió el deporte y surgieron equipos que competían a escala local, aunque sin demasiada estructura.

¿Qué pasa ahora?

Si bien hace unos años volvió a tomar un poco de fuerza y hay un torneo uruguayo que viene creciendo, que se juega en el estadio Arenas del Plata y en otros departamentos, no hay una estructura fuerte, un proyecto. Y mirá que luchamos desde hace mucho tiempo.

A pesar de que no encontró el apoyo que pretendía, usted trajo a Uruguay otras variantes del fútbol, como el futvoley.

Más que traerlo con un fin puntual empezamos a emplearlo en las prácticas de la selección de fútbol playa y vimos que la gente se colgaba muchísimo. Es un deporte divino, muy técnico y estético. Se originó como una especie de protesta y alternativa ante la prohibición de jugar fútbol en algunas playas brasileñas, como la de Copacabana. Ahí no se podía jugar fútbol pero sí voleibol, entonces empezaron a jugar voleibol con los pies. En el 2000, con “Pampero” (Sarandí Sobral, amigo y compañero de la selección), pensamos en formar una escuelita de futvoley en Uruguay, que se consolidó en 2004. Estuvimos dos años en la playa del puertito del Buceo y después nos mudamos a Malvín.

¿Actualmente hay clubes que compitan en futvoley?

No, es gente que se cuelga a practicar. Hemos hecho torneos nacionales, partidos de exhibición, y hemos traído duplas de Brasil y Paraguay para fomentar la práctica. Este último año fueron 200 jugadores que pasaron por la escuelita, entre hombres, mujeres y niños. En 2010 empezamos a trabajar para que haya una federación de futvoley, porque necesitamos un respaldo para presentar proyectos a la Intendencia o donde sea. Es muy difícil conseguir una estructura fija para practicar. Ahora el proyecto de la federación está en el MEC en el proceso final de aprobación.

¿Fue a raíz de estos proyectos que se vinculó al fútbol 7?

Está todo vinculado y surge más o menos por lo mismo. En 2011, Coach Tavares —una empresa brasileña de desarrollo deportivo— ideó un proyecto para que en el estadio de Copacabana, después de la eliminatoria de fútbol playa, se jugara un mundial de exhibición de fútbol 7 con el fin de internacionalizar esta modalidad. Entonces por encima de la arena pusieron un sobrepiso de césped sintético y compitieron 12 selecciones, entre las que estaban Canadá, Perú, México, Alemania, Italia, Brasil, Argentina y Uruguay. Como requisito pedían que cada equipo llevara a un exjugador profesional conocido. Nosotros fuimos con Marcelo Tejera. Los partidos fueron televisados para toda Latinoamérica. El estadio, para 8.000 personas, estaba repleto. En ese torneo salimos cuartos. A partir de ahí nos propusimos traer el deporte, o popularizarlo, a Uruguay. También para sumarnos a una tendencia: el fútbol 7 se está expandiendo en el mundo.

¿Qué particularidad tiene el fútbol 7 en cuanto al juego?

El fútbol 7 delimita un espacio reducido del fútbol tradicional, y por eso creo que tiene muchísimos más beneficios, por ejemplo, para el aprendizaje de los niños. En el fútbol 7 todos los jugadores tienen más contacto con la pelota, porque juegan como atacantes y defensores al mismo tiempo y siempre, de alguna manera, participan en la jugada. Si bien las distancias se reducen, tampoco lo hacen al nivel del fútbol 5 o  el sala, que te llevan más al uno contra uno. A su vez, al ser el arco de cinco metros hay más posibilidad de remate. Es muy sencillo agarrarle la mano.

El futvoley, en cambio, es supertécnico y necesitás una base previa para jugarlo con fluidez. Y el fútbol playa es un deporte absolutamente diferente, se llama fútbol pero las características de la arena blanda hacen que sea un deporte aparte. Para jugarlo debés tener muy desarrollada la potencia y la técnica, y muy instrumentada la táctica para no fundirte a los pocos minutos. Requiere de un proceso de adaptación mucho más intenso.

¿Cómo evalúa la adhesión al fútbol 7 en Uruguay en estos últimos cinco años?

Rapidísima. Al principio lo trajimos, empezamos a jugar nosotros mismos, organizábamos campeonatos reducidos, pero en Uruguay no había demasiados lugares donde jugarlo. Con los años se hicieron canchas específicas y otras que combinan, por ejemplo, tres canchas de fútbol 5 para formar una de 7; y aunque la mayoría son de césped natural, respetan las medidas oficiales. Hace un par de años han explotado los torneos tanto de hombres como de mujeres, y generalmente se trata de ligas que tenían fútbol 11 y encontraron otra variante en el 7. La Liga Uy, por mencionar una, tiene más de 40 equipos (ver recuadro).

Entonces, no es un deporte que practiquen principalmente exjugadores profesionales.

No. Hay algunos que juegan pero no te encontrás constantemente con exjugadores. Las diferentes ligas tienen distintos niveles. Hay lugar para todos. Además, al ser equipos de menos jugadores es más sencillo reunir gente.

¿Cómo llegó a presidente de la FIF7?

Después de ese hito en la expansión del fútbol 7 que se dio en Brasil en 2011 con el primer mundial, fui uno de los que quedaron como responsables de Uruguay. Siempre fuimos un grupo de referentes de cada país que estamos en contacto para trabajar juntos, y de a poco empezamos a crecer. Fueron tantos los países que se sumaron que sentimos la necesidad de desarrollar una federación, aunque la empresa siga vinculada a nosotros porque tercerizamos en ella la organización de los eventos. Así nació la Federación Internacional de Fútbol 7 y los referentes nos pusimos de acuerdo con que en esta primera etapa de cuatro años yo sea el presidente.

¿Cuál es su trabajo?

Es un trabajo de sinergia y de cowork. Marcamos parámetros de cómo deben ser los estadios, cuánta gente debe entrar, la categoría de los jueces. Ahora nos vamos a reunir en Buenos Aires porque se viene la Liga de las Américas. Estamos en contacto permanente. Después cada uno se dedica en su país a desarrollar la estructura nacional, que a su vez esté vinculada con la estructura internacional.

¿Pulir las estructuras nacionales es el principal objetivo?

Es parte del objetivo. Queremos masificar el fútbol 7 y llevar este deporte amateur a un nivel de elite. Tenemos una proyección de que en 10 o 15 años sea un deporte FIFA. Pero eso lleva todo un proceso. Tenés que generar una estructura muy sólida que una a todos los continentes para que la FIFA analice incorporarlo a su repertorio. Si bien venimos trabajando desde 2011, la FIF7 nació este año. La idea es que el mundial de clubes, en diciembre en Curitiba, le dé formalidad oficial.

¿Cuáles son los focos mundiales en la práctica de fútbol 7?

En Europa hay organizaciones sólidas y muy buena infraestructura. En la región los países más fuertes son Brasil, Perú y, sobre todo, México. Ahí el fútbol 7 es el deporte más practicado y, además, la federación mexicana fue la primera en reconocer esta modalidad en su estructura oficial. Es como si acá la AUF nos reconociera como deporte oficial dentro del departamento de fútbol amateur.

¿Internacionalmente es un deporte profesional?

Diría semiprofesional. En Brasil todos los equipos conocidos tienen fútbol 7 y pagan, aunque los jugadores no viven de eso. En México también, y en Perú cobran algunos.

En marzo de este año se jugó la Copa América de Fútbol 7 en Miraflores, en Lima, y Uruguay llegó a semifinales. ¿Cómo se formó la selección?

Pretendemos lograr lo mismo que sucedió con el fútbol playa: que a raíz de la selección, de forma piramidal, se desarrolle el deporte a escala nacional. Hay un complejo en Paysandú, tenemos gente que trabaja en Mercedes y Tacuarembó, y la idea es que cada estructura departamental nos nutra de jugadores. También queremos establecer centros regionales para hacer un tornero nacional de equipos y otro de selecciones departamentales. Particularmente, a la última selección fueron jugadores de Durazno, Canelones, Paysandú y Montevideo.

DE A SIETE

En los últimos cinco años, acompañado por el empuje del fútbol amateur y femenino en el mundo, en Uruguay surgieron muchas ligas que diversificaron la práctica del deporte en otras variantes que se suman a las populares como fútbol 11, 5 y sala. La Liga Uy es una de ellas. Fundada por Camilo Otero en 2012, actualmente reúne a más de 190 equipos y 3.000 jugadores, entre mujeres (muchas también participan en su escuela de fútbol) y hombres, que compiten en distintas modalidades.

A partir de este año, a su repertorio de campeonatos de 11 y 5, incorporó la categoría fútbol 7 masculino, y en tan solo tres meses logró reunir cerca de 50 planteles y 600 deportistas. Cada fin de semana, el calendario de partidos se divide en siete complejos: Gonzalo de los Santos, Microsules, Santa Rita, Battros Field, San Juan, La Chacra y El Galpón; la mayoría están en zonas cercanas al Aeropuerto de Carrasco.

El torneo de 7 que organiza La Liga Uy es clasificatorio a competencias internacionales. A mediados de este mes los mejores equipos competirán en Buenos Aires; sobre fin de año será en Curitiba.

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Agradecemos al Club Malvín por su colaboración en la producción gráfica de este artículo.