Julio Fernández Techera, rector de la Universidad Católica del Uruguay

Para el rector de la Universidad Católica, quienes agreden a la Iglesia son “grupúsculos” radicales que se dicen feministas

5min
Nº1960 - al de Marzo de 2018

Especial Día Internacional de la Mujer

Al padre Julio Fernández Techera no le gustan “los días de…”, de ningún tipo. Ni siquiera los de algunas conmemoraciones religiosas, confiesa. Y así explica el rector de la Universidad Católica del Uruguay (UCU) que el Día Internacional de la Mujer lo tenga sin cuidado.

Es lunes 5 y la UCU cumple 33 años. El sacerdote recibe a Búsqueda en su despacho como suele mostrarse, de negro, enérgico, sonriente. Invita a pasar, ofrece café, señala los sillones que dan a la ventana y se larga a hablar: que el cardenal Daniel Sturla genera “inquietud” y “resistencia” en sectores con “resabios anticlericales”, que existe una “hipocresía brutal” en la sociedad, reflejada en las redes y respaldada por autoridades públicas, en temas como el de la “ideología de género”.

Lo que sigue es un resumen del diálogo del rector Fernández Techera con Búsqueda.

—¿Cómo ve la educación en Uruguay?

—A veces decimos que en Uruguay no pasa nada, que la educación es un desastre y todo lo demás —y yo estoy básicamente de acuerdo—, pero también es cierto que en los últimos 15 años ha habido innovación educativa, y que la mayoría de las iniciativas han salido de la sociedad civil. Hablo del Liceo Jubilar, del Impulso, del Providencia, de la Fundación Sophia —impulsada por Sturla—, del Don Bosco, de Los Pinos... Pero también del liceo de San Luis y de otras instituciones públicas. La UCU busca aportar a ese proceso. Ahora creó dos centros: el IthaKa, de innovación y emprendedurismo y el Ludus, de entrenamiento pedagógico; en mayo organizará un simposio de innovación educativa con figuras locales y mundiales.

—¿Qué universidades sobrevivirán a la tecnología?

—Aquellas que retomen su sentido original de centro para crecer humanamente, como el modelo anglosajón, que difiere del profesionalista francés, a donde uno va para salir abogado, médico o ingeniero. Eso lo hace hoy Internet, los tutoriales en general son mejores que los profesores. Pero la universidad es la convivencia académica para el crecimiento humano e intelectual. La universidad como simple dadora de información y conocimientos no va a sobrevivir.

—¿Cómo se adapta a eso una universidad que hoy cumple 33 años de “modelo francés”?

—Al primer rector de la universidad, monseñor Luis del Castillo, le gustaba decir que esta no era “otra universidad”, sino “una universidad otra”. Hablaba de un modelo distinto. Después el modelo tradicional francés, que recibimos a través de la Udelar, primó, y al crecer la universidad las facultades se fueron aislando. Ese espíritu de chacras está muy metido. Hoy retomamos la intuición de monseñor Del Castillo para generar ese ethos universitario con un ambiente académico y humano atractivo. Yo aspiro a que los estudiantes digan: “Yo quiero ir a la Católica”, aun antes de saber qué quieren estudiar.

—¿La religión aporta o restringe ese objetivo en un país laico?

—La Iglesia planteó a esta universidad como una “casa de todos”. Por eso tenemos una Cátedra de Judaísmo y otra de Islam y Mundo Árabe. Por otro lado, creemos que es un ámbito para llevar el diálogo entre fe y razón. Aquí todos dan su opinión y discuten en libertad. A veces hemos entendido la laicidad como la negación del hecho y no como el compartir. Históricamente la laicidad en Uruguay fue una imposición o una negación de lo religioso.

—¿Cómo convive el laicismo con esa “antirreligiosidad”?

—Las palabras van adquiriendo significado según las épocas. Hoy se entiende a la laicidad como pluralidad. No es lo que se entendía hace 120 años: la negación de lo religioso. Hay un famoso discurso del presidente Vázquez en su primera presidencia (2005), en la Gran Logia Masónica del Uruguay, donde habla de esta nueva laicidad como la expresión y el diálogo de lo propio. Pero eso es cada vez más difícil. Hoy no se puede dialogar casi de ningún tema, por lo políticamente correcto.

—¿Eso coarta la libertad de decir?

—Sí, coarta. Y hay dos peligros: uno es el de la hipocresía. La gente dice lo que no piensa. A veces uno escucha y lee a autoridades públicas y… sabe que dicen lo que no piensan. La hipocresía es brutal y se alimenta de lo políticamente correcto. Después la gente se indigna porque uno piense distinto… Impresionan los insultos y la falta de razonamiento en las redes. Y eso no es nada bueno para la sociedad, porque genera represión o autocensura, y más hipocresía.

—¿Son nuevas formas de atacar a la Iglesia?

—O de resistirla. Hay grupos con resabios anticlericales. No digo que Uruguay sea anticlerical, pero hay gente que tiene como un resorte y que le salta el anticlericalismo. No quieren que la Iglesia tome vuelo, porque creen que tiene una afán de reconquista. Sea por la coyuntura, la presión o porque el cardenal Sturla les genera inquietud.

—¿El cardenal Sturla genera “inquietud”?

—Tiene un perfil alto y dice lo que piensa; genera mucha atracción, es simpático, no es un ogro. Es un hombre provocador, carismático. Si no lo fuera, generaría menos resistencia.

—Sturla dijo a El País que las feministas deberían defender la instalación de la imagen de la Virgen María...

—No, no dijo eso. ¡No lo dice! No es lo mismo responder que sí (a una pregunta) que decirlo con todas las letras. La Virgen María tiene una fuerza extraordinaria en la historia de Occidente en los últimos 2.000 años. En la Edad Media todas las catedrales de Francia estaban dedicadas a la Virgen... Entonces, no se puede decir que no existía la mujer para esa sociedad. No voy a decir que no hubiese inequidad e injusticia. Pero no puede decirse que se ignoraba a la mujer. ¡Eso no!

—Este jueves 8 es el Día Internacional de la Mujer, ¿cómo lo vive ?

—Soy sincero: no me gustan nada las conmemoraciones, “los días de...”, de ningún tipo. A veces me pasa en la Iglesia. Me dicen: “Hoy es el día de los catequistas...”, y estamos todo el tiempo con eso. Tampoco es que tenga una cuestión particular por el Día de la Mujer...

—¿Cómo observa las agresiones contra la Iglesia en manifestaciones feministas?

—Son grupúsculos. No se puede asignar esa agresión a todo un movimiento. Hay gente que se relaciona con agresión hacia el otro, aun cuando se le tiende la mano. Sturla ha dialogado con mujeres a las que ni se les ocurre agredir. Esas son actitudes de grupúsculos que no entienden la convivencia con respeto y se manifiestan así.

—Pero que se definen feministas...

—Como quienes se definen católicos y en la historia han hecho unas barbaridades terribles, como los musulmanes fanáticos del Estado Islámico. Nada de eso está bien. Pero no se puede definir el todo por la parte.

—¿Por qué pierde pie misionero la Iglesia en los barrios pobres?

—La Iglesia tiene que hacer autocrítica, porque en las últimas décadas perdió celo apostólico. Nos replegamos, privilegiamos la ayuda social a la evangelización. En zonas como Casavalle la presencia de la Iglesia es enorme en obras sociales (educación, salud, servicios), pero a misa van poquísimos. La Iglesia también debe tener un lenguaje más llano. A veces la gente no nos entiende. No digo que haya que empobrecer el lenguaje, pero sí explicarse mejor, porque a veces parece que habláramos como...

—Economistas.

—Y sí… (Se ríe)  

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.