Ramón Díaz al presentar su libro “Moral y Economía” en el año 1986

Ramón Díaz

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Nº1901 - al de Enero de 2017

Ramón Díaz ha muerto.

¿Qué decir? Del amigo, del notable intelectual, del peleador incansable. Qué decir del periodista que abrió tantas ventanas que permitieron ver un mundo diferente. Un mundo desconocido y que, por tanto, los asustó y, en consecuencia, lo combatieron. Un mundo en el que hoy todos estamos inmersos. Algunos no lo reconocen, la gran mayoría lo ignora. Ignoran que ya lo había dicho antes, que ya lo había vaticinado Ramón Díaz. Eso sí, con vehemencia, dispuesto al debate. Un debate que mucho ayudó al Uruguay, a un Uruguay al que Ramón Díaz, como gran predicador del liberalismo, le obligó y le enseñó a debatir. ¿Quién puede negarlo? Ni el más miserable. Y lo hizo no con el ánimo de imponer su verdad —por cuanto liberal, no admitía únicas verdades—, sino con el propósito de, juntos, buscar esa verdad. Para ello fundó Búsqueda.

Qué mejor entonces, para hablar de Ramón Díaz, sin que el dolor nos nuble el equilibrio y la estima y el sentimiento nos afecte la elocuencia, que una breve historia de cómo nació y creció Búsqueda. Es una forma de contar que había una vez un hombre que peleaba, que se jugó por las ideas liberales y que acaba de morir.

Esta publicación, inicialmente cuadernillo, luego revista y finalmente semanario, le debe la vida. Hoy se entristece por su desaparición física.

En 1970, el Dr. Díaz fue director de Planeamiento y Presupuesto en el gobierno de Jorge Pacheco Areco. Su nombramiento no resultó de su filiación política o partidaria, sino de una de aquellas designaciones de “tecnócratas independientes”. Tras su alejamiento intempestivo del cargo, fruto de una reestructura del gabinete ministerial, considerando que los escasos meses en funciones no le habían permitido llevar a la práctica sus ideas filosóficas y económicas, empezó a masticar la idea de “sacar una publicación”.

Todo el año 1971 lo pasó rodeado de los pocos amigos que creían que aquella quijotada era factible, tratando de convencer a más gente de que una publicación que defendiera y promoviera las ideas liberales, en su más amplio sentido y alcance, serviría para abrirles los ojos a los adormilados uruguayos, aplastados por un Leviatán que no hacía sino engordar y arrastrarse, llevándonos a todos a un precipicio inexorable.

Ramón Díaz fue abogado y profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho. Pero antes de iniciar un posgrado en Economía, estudió durante cinco años matemáticas, porque así podía comprender mejor la materia que quería enseñarles a sus alumnos. Siguiendo esa misma filosofía, además de las reuniones de captación de adeptos, leyó y resumió libros, artículos, cualquier tipo de publicaciones sobre política, filosofía, economía e historia, para poder acometer la tarea de periodista. Escribía con una claridad conceptual y un aplomo filosófico y práctico que transformaban a sus editoriales en verdaderas piezas literarias al alcance de todos, que eran, a la vez, alegatos contundentes a favor de las ideas liberales, a favor de la libertad en todos sus alcances y en todos los campos.

Ramón Díaz fue un escritor y en su cabeza bullía la concreción de publicar algo escrito que promoviera esas ideas y esas convicciones que lo alentaban con un fuego que siempre fue pasión y determinación.

Ramón Díaz junto a Ramiro Rodríguez Villamil y Danilo Arbilla en el festejo del ejemplar Nº 500 de Búsqueda en el año 1989
Ramón Díaz junto a Ramiro Rodríguez Villamil y Danilo Arbilla en el festejo del ejemplar Nº 500 de Búsqueda en el año 1989

Búsqueda se llamó en esa etapa embrionaria “El Intransigente” (lo cual definía bastante claramente el espíritu que alentaba a su propulsor), aunque en determinado momento, y hablando con algunos de aquellos amigos que lo alentaban en el proyecto, reconoció que era mejor mostrar la intención que la posición y fue persuadido, aceptándolo de inmediato y con entusiasmo, a llamarle Búsqueda al proyecto en gestación, subtitulándolo con la frase de Platón que aún hoy acompaña nuestra publicación y que en su versión completa dice “lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros la verdad”.

Fue entonces que un grupo de empresarios, profesionales y amigos de esta causa liberal fundó una entidad llamada Cuees (Centro Uruguayo de Estudios Económicos y Sociales), con el fin de publicar un cuaderno bimensual que difundiera en su más amplio sentido las ideas liberales y cuyo director sería Ramón Díaz.

Este formato se mantuvo, con altibajos, hasta 1974. Ello fue fruto de la escasa formación periodística de sus redactores, la difícil colocación por suscripción de una publicación que no solo no tenía publicidad, sino que renegaba de ella para que nadie pudiera acusarla de estar financiada por intereses particulares, y la subsidiariedad de la tarea, que era complementaria del trabajo que, como profesionales liberales, tenían sus dos redactores, (Ramón Díaz y Ramiro Rodríguez-Villamil), para ganarse la vida.

El primer ejemplar de Búsqueda se publicó en enero de 1972, con el formato de un cuaderno cuadrangular. Tenía 25 páginas y en su portada anunciaba claramente su propósito: “Hacia una nueva doctrina socio económica uruguaya”. Ramón Díaz explicitó en el primer editorial la idea que lo alentaba: “Los objetivos de nuestra búsqueda van delineándose. Entrevemos una nueva idea de Estado: más fuerte pero menos invasor de la esfera de libertad del individuo. Más compacto, más eficaz, más acorde con las necesidades del siglo. Pero esta idea de Estado es incompatible con la doctrina económico-
social que predomina entre nosotros. Por lo que tendremos que lanzarnos en pos de una nueva doctrina que oriente la marcha de la nación en ese campo”.

Ese mismo editorial, que es mucho más extenso, resume con energía y determinación la lucha que la nueva publicación acometería, estimulada por su timonel: “Compréndase entonces la necesidad de una nueva doctrina socio-económica, una nueva idea de Estado, un sistema para la libertad, la prosperidad y la justicia; salir en su búsqueda, partiendo del inconformismo respecto del sistema paternalista dominante, tal el desafío que impulsa los primeros pasos de nuestra publicación”.

En aquel formato primigenio, no había demasiado espacio para la información, sino que la temática dominante era la promoción de las ideas liberales a través de la crítica pura y dura a la situación socio-política del país: se reclamaba la rebaja del costo del Estado, se abogaba por reglas justas para la competencia y la libre empresa, se promovía la desmonopolización de los servicios públicos, se pedía por pluralidad en la oferta educativa en el sector terciario.

Ramón Díaz tituló un editorial de julio de 1972 como “Sobre nuestro buscar”, en el que destacaba todos estos reclamos. Un lector lo criticó aludiendo a que todos quienes escribían en Búsqueda ya tenían posición tomada, y no buscaban nada. Eran todos unos liberales convencidos.

La respuesta definió aún más la posición de la nueva publicación, que intentaba abrirse camino entre los enredados caminos de la libertad amenazada: “Nuestra búsqueda no es la búsqueda de una ideología. No porque ya poseamos una, sino porque preferimos no tener ninguna. La búsqueda de una ideología es una búsqueda a término. Se está en una actitud abierta mientras no se ha hecho la elección. Y luego se pasa a tener una actitud cerrada. Ése no es nuestro buscar. El nuestro es el de aquellos que conocen que el alcanzar un saber definitivo no está dentro de las posibilidades del intelecto humano. Y que están dispuestos a emprender, en pos de la verdad, un viaje que dura toda la vida”.

Entre 1972 y 1974 se publicaron 22 ejemplares del cuaderno cuadrado, vendido exclusivamente por suscripción, habiéndose llegado en ese período a 900 suscriptores.

Luego de unos meses de ausencia, fruto de un proceso de reestructura interno, en enero de 1975 Búsqueda cerró aquella dura y pionera etapa de su tímida y limitada entrada en el mercado, para volverse una revista mensual de opinión, con otro formato y otros contenidos.

La iniciativa de este cambio determinante en la vida de esta publicación estuvo en Manfredo Cikato y Pablo Fossati, abogados también y amigos de Ramón Díaz. Lo convencieron de que los esfuerzos que se habían hecho hasta ahora debían dar paso a una etapa más profesional, que consistiera en consolidar la publicación, ampliar su número de lectores, vender publicidad para fortalecerla económicamente y, sobre todo, profesionalizarla periodísticamente. Y para ello Búsqueda incorporó a Danilo Arbilla como jefe de redacción.

Ramón Díaz figuró entonces como director responsable de la publicación, Arbilla como jefe de redacción, y se creó un Consejo de Administración, integrado por Ramón Díaz, Danilo Arbilla, Manfredo Cikato, Pablo Fossati y Ramiro Rodríguez-Villamil. Este órgano pasaría después a llamarse “Consejo Editorial”.

En el Editorial del primer número de esta nueva etapa, aparecido en enero de 1975, Ramón Díaz advirtió al lector sobre los cambios, que en modo alguno implicaban renunciar a la promoción, difusión y defensa de las ideas liberales. El Editorial se tituló “La nueva Búsqueda, la Búsqueda de siempre”, y entre otras cosas, Ramón Díaz escribió que “si tuviéramos que decir de una manera apretada cómo querríamos que fuera la nueva Búsqueda, diríamos lo siguiente: querríamos que fuera una de esas publicaciones que sabe uno dónde puede comprar o que sabe aproximadamente cuándo va a recibir. Una publicación confiable. Así querríamos ser y así nos proponemos serlo”. Evidenciaba aquí el redactor las principales carencias que había tenido Búsqueda en su etapa inicial y ese editorial implicó el alivio que él sintió en aquel momento, de haber logrado, con el apoyo de sus amigos y la incorporación de un profesional del periodismo, dar un paso trascendental en el futuro de la publicación.

Tiempo después, Ramón Díaz contaba que una de las mayores emociones que había sentido en su vida había sido ir caminando por la Peatonal Sarandí y escuchar a un canillita voceando Búsqueda.

Las suscripciones pronto se duplicaron, pero Búsqueda también se vendía en los quioscos. La publicidad ingresó de manera notoria, consolidando económicamente a la revista, que multiplicó columnistas y secciones, ampliando su oferta periodística con corresponsales locales y del exterior, bajo la mano tan enérgica como experta de su jefe de redacción.

En este nuevo contexto, Ramón Díaz siguió pautando la línea tradicional de Búsqueda con sus editoriales y sus columnas firmadas, pero la publicación ganó en el abanico de opiniones en diversos campos aparecidas en sus páginas, por más que se la presentaba como “revista de economía”.

Con dos personalidades fuertes como la del director y la del jefe de redacción, no faltaron en aquella época algunas confrontaciones memorables, que contraponían, de un lado, la idea del director, severo guardián de la ortodoxia liberal, y la del jefe de redacción, que profesionalizaba la publicación como opción prioritaria, más allá de su adhesión y respeto a las mismas ideas. Las confrontaciones fueron cediendo, siempre resueltas en un clima de respeto y compañerismo, pero no fueron pocas las veces que los demás miembros del Consejo Editorial tuvieron que limar asperezas en “misiones de paz”, que no hacían otra cosa que ratificar el valor de la dialéctica y la contraposición de posiciones entre dos caracteres tan fuertes como convencidos de sus actitudes y sus ideas.

Ramón Díaz escribió bajo más de una firma. La suya propia y la de dos seudónimos: Nomar Zaid y Adán Pérez.

En estos dos curiosos casos, el de su nombre escrito al revés y el de Adán Pérez, ya que él decía que así se habría escrito Adam Smith en español, porque Pérez y Smith son dos apellidos comunes en sus respectivas lenguas, Ramón Díaz escribía en tono de humor columnas de economía, procurando explicar por la vía sencilla y satírica algunas situaciones económicas y realidades nacionales que lo inquietaban.

A lo largo de este segundo período de Búsqueda, entre el cuadernillo primigenio y el semanario que hoy está en sus manos, Búsqueda fue una revista de opinión. Opinaba sobre lo que creía bueno y malo, con total prescindencia de quién tomaba las decisiones.

No debe omitirse que se trataba de años en los que había un gobierno de facto, muchos de cuyos actos Búsqueda criticó, pagando duramente por ello. Ramón Díaz estuvo preso en dos oportunidades como consecuencia de sus dichos. Pero también algunas medidas del gobierno de facto fueron aprobadas por Búsqueda, como por ejemplo la designación de Alejandro Végh Villegas como ministro de Economía, la ulterior reforma económica que significó la liberación del tipo de cambio y la reforma de simplificación fiscal promovidas por Végh Villegas, las cuales habían sido largamente reclamadas por Ramón Díaz desde hacía años.

No obstante, la relación entre la publicación y el gobierno militar fue más de tensión y desconfianza, lo cual motivó clausuras, confiscaciones de la revista y prisión arbitraria de su director.

Había entonces severas restricciones a la prensa, hubo clausuras de periódicos, persecuciones y exilios de periodistas, y alcaldadas tales como la que le costó a Ramón Díaz su primera visita a un calabozo.

Acababa de aprobarse una ley vergonzosa llamada “de ilícitos económicos”, que establecía una serie de controles sobre precios y operaciones comerciales. Ramón Díaz tituló su columna “Ilícitos económicos: una ley subversiva”, en la que sostenía que la ley subvertía el orden natural de las cosas, de los negocios y de las operaciones entre particulares. Algún mequetrefe con más peso en su uniforme que en su cerebro, mandó detener a Ramón Díaz, haciéndolo desaparecer por varios días, en los que estuvo en un calabozo del cuartel que está frente al Cementerio del Norte. Lo humillaron lo suficiente como para hacerlo dormir en el suelo y darle una ración en un plato de metal, sin cubiertos. No lo torturaron como a otros, pero quisieron doblegarlo y no lo lograron.

No obstante, Ramón Díaz minimizaba aquella anécdota y decía que, en realidad, había sido una venganza por un suelto que él había publicado en esa misma revista, en la misma página en la que aparecía un aviso de Pluna, que decía: “Hay muchas maneras de ayudar al Uruguay: Pluna lo hace volando”. Y el suelto de Ramón Díaz decía que también había otras maneras de ayudar al Uruguay, y “una sería cerrando a la empresa Pluna”. Genio y figura.

La otra vez que le tocó ir preso, en 1977, esta vez a la Cárcel Central, donde le asignaron la limpieza de los baños, fue por un artículo sobre el Acto Institucional Nº 8, que le quitaba a la Justicia la condición de Poder del Estado, haciéndola depender del Poder Ejecutivo.

La columna de Ramón Díaz decía, entre otras cosas, que “el único mérito que le vemos a este Acto Institucional es que nos pone de manera dramática por delante el problema de la Justicia. En muchas dolencias, la mejoría tiene que ser precedida por una crisis. Pues bien, ésta podría ser al menos la cáscara de la crisis”, agregando que el documento estaba “detestablemente redactado, trasuntando un estilo pedante y verboso, carente de nervio y de vigor, decididamente decadente”.

El gobierno militar no sólo mandó encarcelar al redactor de aquella columna, sino que decidió la clausura de Búsqueda por dos meses.

En el número del retorno, el editorial de Ramón Díaz dijo lo siguiente: “Volvemos hoy, luego de un silencio forzoso de dos meses, a retomar contacto con nuestros lectores. Pero de esa sanción no nos ocuparemos. Pertenece al pasado y ya no interesa”. Esa era su mirada, por encima de los problemas y de las injusticias, sin rencor, oteando el horizonte, tras haber tenido que baldear las letrinas de una cárcel por escribir una columna que no era del gusto de los mandamases de turno.

En aquellos tiempos, Búsqueda convivió con más de una decena de publicaciones partidarias, que, cada una en su estilo, combatían o criticaban la situación imperante. Búsqueda mantuvo a lo largo de aquellos años su perfil independiente, lejos de cualquier consideración o adhesión partidaria, asegurando de tal manera su continuidad, a pesar de estos “tropiezos” que le costaron caro a la publicación y le llevaron a vivir duros momentos a su director.

Búsqueda consolidó así un perfil creíble e independiente, sin dejar de afianzar su situación económica, ya que los avisadores apreciaban aquella postura alejada de cualquier polarización política.

La etapa siguiente en la vida de Búsqueda consistió en su transformación en tres aspectos: el cambio de formato, de revista a tabloide, la frecuencia, de mensual a semanal, y el contenido, de ser una publicación de opinión, a una de opinión e información.

Esto implicó cambios internos importantes, como el de que Ramón Díaz pasó a ser director responsable y Danilo Arbilla pasó a ser el editor. Ramón Díaz continuaría como redactor de los editoriales y de las columnas con su firma, y Arbilla dirigiría toda la parte informativa del semanario.

Búsqueda creció en todo sentido. Tenía más periodistas, más información, noticias, primicias, además de la opinión que siempre la había caracterizado.

En esta etapa se consolidó la gestión de los dos potentes motores que propulsaron a la publicación: Ramón Díaz con la línea editorial y la filosofía liberal de la publicación y Danilo Arbilla marcando la concepción periodística del nuevo semanario.

En el editorial de despedida de la versión mensual de la revista, anunciando la transformación en semanario, Ramón Díaz explicitó que Búsqueda no perdería por ello sus características. (“¿Otro semanario? Pues bien, en otro sentido, decididamente no. Búsqueda. Igual que siempre. Sólo que distinta. Nueva, pero lo mismo”).

Y agregó: “Ante nosotros se abría una opción: o quedarnos con una élite influyente, que seguiría de todos modos interesada en nuestros comentarios, o acercarnos a usted y competir por su atención. Ya ve usted lo que hemos resuelto: vamos a luchar por ella. Creemos en la libertad, estamos dispuestos a jugarnos por ella. Queremos que usted defienda la suya y que esté en condiciones de hacerlo. Para ello, que se halle informado. Creemos en su derecho a tener información objetiva, exenta de todo sesgo deliberado. Nos proponemos brindársela, de una manera que nuestra mensual periodicidad tornaba imposible”.

El cambio de mensuario a semanario implicó además algunas modificaciones internas en la publicación, que tendrían implicancia directa en el destino de Ramón Díaz en Búsqueda.

La desvinculación del Cuees y la creación de Editorial Ágora fueron paralelas al establecimiento de un reglamento interno muy preciso y casuístico, que, entre otras cosas, establece que ningún integrante del Consejo Editorial puede seguir perteneciendo a la publicación si acepta un cargo público.

En 1990, el presidente Lacalle le ofreció a Ramón Díaz la Presidencia del Banco Central, y Díaz la aceptó.

Eso implicó que, tras 18 años como director y redactor editorial y de columnas, debiera apartarse absolutamente de toda participación en la vida de Búsqueda, salvo la asistencia a la asamblea anual de accionistas.

Entre las consideraciones fruto de este alejamiento, Búsqueda dijo que “a partir de esta entrega, ya no aparecerán sus artículos. Sabemos que en adelante no será fácil comunicar al público la opinión del semanario con la precisión, la lógica, la contundencia, el respaldo intelectual y la claridad y elegancia de estilo que Ramón Díaz lograba imprimir a los editoriales de Búsqueda. Sus columnas sencillamente son insustituibles. Cualquiera fuera el asunto que abordara, en todas ellas trasuntaba un dominio del tema que revelaba la autoridad de la firma sobre las ciencias económicas y jurídicas y sus profundos conocimientos sobre la ciencia y la filosofía política”.

Búsqueda prosiguió su camino alejada de la mano del padre fundador, pero nunca lo olvidó, ni dejó de reconocer las grandes virtudes que lo motivaron, entre ellas la persistencia y la obstinación en la defensa de las ideas liberales, por las que luchó dentro y fuera de esta publicación.

Despertó en todos los uruguayos el interés por temas que antes estaban ocultos, escondidos, poco tratados, y mucho menos discutidos. Polemista sanguíneo, sacudió a la opinión pública con sus posiciones firmes e intransigentes, siempre convencido de que lo alentaba el fuego de la razón.

Tras aquel silencio de Búsqueda por la clausura por dos meses en 1977, unidos a su injusta detención, Ramón Díaz escribió un editorial del cual extraemos su último párrafo, porque estimamos que define lo que ha sido su vida, que acaba de extinguirse: “Si confundimos el respeto debido con la obsecuencia y el servilismo, estamos perdidos. El Milton de la Areopagítica es nuestro. No menos nuestro es el Sócrates de la Apología, que declaraba a los jueces que acababan de condenarlo: prefiero morir habiendo hablado a mi manera, que hablar a la vuestra y vivir (…). La dificultad no está en evitar la muerte, sino en evitar la indignidad”.

Su sabia lección queda en todos nosotros.