Redes que avanzan

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Nº1971 - al de 2018
por Pau Delgado Iglesias

Entre abril y mayo se hicieron públicos, en Bélgica y Uruguay, distintos documentos que dan cuenta del avance global de grupos religiosos ultraconservadores, que tienen como objetivo revertir lo alcanzado en términos de derechos humanos. Estos grupos operan en alianza con el sistema político y presentan estrategias muy similares a escala internacional. Conocer estos documentos nos permite comprender un poco mejor cómo funcionan estas redes, que cobran cada vez más fuerza en el mundo y también en Uruguay.

Por un lado, un estudio realizado por Neil Datta (director del Foro Parlamentario Europeo sobre Población y Desarrollo), publicado en Bruselas el 20 de abril, dejó al descubierto una red que trabaja para revertir los derechos de salud sexual y reproductiva en Europa. Según explica Datta, lo que en 2013 comenzó siendo una reunión secreta de 20 activistas estadounidenses y europeos, hoy se transformó en un grupo de más de 100 organizaciones antiderechos de más de 30 países europeos, con el nombre Agenda Europe. El grupo se reúne anualmente en forma confidencial y está compuesto por extremistas religiosos con conexiones que ascienden hasta la Comisión Europea y el Vaticano. Una serie de documentos a los que Datta tuvo acceso, revelan una estrategia detallada llamada Restoring the Natural Order: an Agenda for Europe (Restaurando el orden natural: una agenda para Europa), cuyos objetivos son principalmente revertir leyes como el derecho al divorcio o el derecho al aborto, impedir el acceso a métodos anticonceptivos y a tecnologías de reproducción asistida, así como revertir leyes relativas a la igualdad para personas LGBTI.

Según el estudio, se trata de una red política altamente organizada y respaldada por “instituciones y donantes de alto rango”, que está produciendo resultados concretos en el continente europeo (como el proyecto de ley polaco de 2016 para prohibir el aborto, la prohibición del matrimonio igualitario en varios países de Europa central y más de una docena de actos similares a escala nacional y en instituciones europeas). Datta afirma que Agenda Europe se beneficia del crecimiento de la extrema derecha y de los movimientos populistas en Europa, conformando una tríada que se refuerza entre sí. “La extrema derecha proporciona la infraestructura, al tiempo que se beneficia de la capacidad de los grupos religiosos para hacer parecer las políticas más aceptables moralmente”, explica Datta. Estos dos grupos, a su vez, aprovechan la ola creciente de populismo e insatisfacción con los partidos políticos establecidos en muchos países europeos.

Por otra parte, y del otro lado del mundo, también en abril, el investigador uruguayo Nicolás Iglesias entrevistó en un avión a Christian Rosas (fundador del movimiento Con Mis Hijos No Te Metas surgido hace dos años en Perú), mientras este viajaba a Uruguay para dar una capacitación intensiva sobre “identidad de género” a un grupo de “líderes cristianos y algunos políticos”. Iglesias, que investiga temas vinculados a cristianismo y política, y es él mismo cristiano, logra una confianza en Rosas que hace que la entrevista sea de una franqueza aterradora. Al escucharla, se pueden observar estrategias muy similares a las desarrolladas por Agenda Europe.

“El colectivo tiene como objetivo la erradicación de la ideología de género del Perú, del continente y del mundo”, afirma Rosas, y explica que en estos dos años han obtenido resultados concretos en Perú, como la derogación de nueve leyes que incluían la palabra “género” en su texto. Según Rosas, algunos de sus aliados en Uruguay son los diputados nacionalistas Álvaro Dastugue y Gerardo Amarilla, así como el pastor Jorge Márquez, el cardenal Sturla y el obispo de Minas, Jaime Fuentes. Cuenta que la primera acción formal del movimiento en Uruguay con este nombre fue durante la marcha del 8 de marzo, y consistió en pararse en una esquina de 18 de Julio con carteles en contra de las demandas feministas, para provocar una “reacción”; esta búsqueda de “confrontación” es parte de su metodología. De algún modo, esto se vincula con la estrategia que Agenda Europe desarrolla en su manifiesto: demostrar a la audiencia que “nuestros oponentes no son víctimas, sino opresores”, colocándose así en el lugar de las víctimas.

Otra estrategia explícita es la de apropiarse de un lenguaje de “derechos” y un lenguaje científico, alejándose del lenguaje religioso. Rosas explica que el éxito de la “metodología” de Con Mis Hijos No Te Metas, fue haber adoptado un enfoque cívico, político, donde “lo religioso es secundario”. Por su parte, Agenda Europe, que afirma no basarse en creencias religiosas sino en la “ley natural”, establece explícitamente: “Algunas veces podemos, al igual que nuestros oponentes, enmarcar nuestros problemas en términos de ‘derechos’”, y ponen ejemplos como “el derecho de los padres de ser los primeros educadores de sus hijos”, o “el derecho de los niños a recibir información correcta, no propaganda”.

Otro aspecto en común de estos movimientos es una suerte de “funcionamiento clandestino”: hasta la publicación del estudio, no existía información disponible acerca de cómo se organizaba, cómo se financiaba o cómo ejercía influencia política la red conservadora Agenda Europe. Por su parte, Rosas explica que “No institucionalizarse” es el requisito para “exportar” el movimiento Con Mis Hijos No Te Metas: “no se puede derrotar a lo que no se puede definir, por lo tanto la primera condición es no definirse”. La propuesta es mantener siempre el movimiento como algo ambiguo, “no existir” formalmente, que no se pueda asociar el grupo con ningún nombre concreto que luego pueda ser relacionado con “cuentas bancarias”. Así, lo que prevalece es el argumento, explica Rosas, en tanto que “los voceros son descartables”.

Tal vez, 10 años atrás hubiéramos creído imposible que este tipo de estrategias pudieran suceder en Uruguay: un país democrático, con un Estado laico desde 1918 y leyes de divorcio desde 1913. Hoy somos un país con diputados que consideran que la “ley de Dios está por encima de la República”, senadores que proponen la presencia de militares en las calles, y un gran porcentaje de la población que rechaza “todo lo que tenga la palabra género”. Tengamos cuidado, que mientras las redes avanzan, podemos perder lo único que creíamos haber sabido construir.

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