“¡Si tendrás Mundiales por delante!”

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Nº1972 - al de Junio de 2018
por Amadeo Ottati

En los días previos al sábado pasado, las especulaciones acerca de cuáles serían los futbolistas finalmente desafectados del núcleo celeste estaban en boca de todos los aficionados; aunque —curiosamente— centradas en apenas tres o cuatro nombres. Es que la insólita perdurabilidad del “proceso Tabárez” hace que el probable equipo titular en el debut pueda hoy recitarse de memoria, al igual que sus suplentes naturales (un lujo que, ciertamente, casi ninguna otra selección puede darse a apenas unos pocos días del comienzo del Mundial).

Sin embargo, no bien conocida la lista definitiva, el eje de la discusión pasó a ser el acierto o el error del técnico en la elección de los jugadores que han quedado fuera de aquella; polémica inocua si las hay, pues siendo el maestro el exclusivo responsable de definir la estrategia a emplear ante los adversarios de turno, es claro que solo él puede conocer cuáles son los futbolistas más aptos para llevarla a cabo, prescindiendo de aquellos otros que —por distintas razones— no le ofrecen la misma certeza. No tardó en dejarlo en claro el mismo Tabárez, en la conferencia de prensa celebrada un par de días después, cuando le llegó la inevitable pregunta a ese respecto. Si bien aceptó que existieran opiniones discrepantes con su decisión, señaló enfáticamente: “Puede haber alguien que sepa más de fútbol, pero nadie tiene más información que yo. ¡Nadie!”. Y se limitó a agregar que su decisión se había basado en criterios que “ya estaban establecidos”, entre los que mencionó los antecedentes de los futbolistas, las comparaciones con otros, y las muchas opciones con que —felizmente— cuenta en el plantel definitivo.

No es casual que, en esta ocasión, los excluidos se desempeñen en el medio campo. Es que es justamente este sector en donde periodistas y aficionados le reclamaban al técnico una renovación de figuras y de procedimientos para dotarlo de una mejor línea futbolística en sustitución de aquella —mayormente destructiva— que venía mostrando desde un buen tiempo atrás, y que parece que, por fin, ha llegado. Ya no están aquellos encomiables “tractores” de otras épocas (Diego Pérez, Gargano, Arévalo Ríos y Álvaro González), y en esta fase de recambio aparece una serie de futbolistas de “buen pie” (Vecino, Bentancur, Laxalt, De Arrascaeta o el propio Urretaviscaya), otros que pueden aunar perfectamente la marca y la creación (Cristian Rodríguez, Sánchez y Nández), y un solitario pero eficiente “todoterreno” (el bisoño Lucas Torreira, debutante absoluto en la selección).

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Sin menospreciar la penosa situación que Nicolás Lodeiro y Gastón Ramírez han de estar viviendo por estas horas, es evidente que la desafectación del juvenil Federico Valverde ha calado hondo en el sentimiento de los aficionados, tanto por lo que había significado su fulgurante aparición en el tramo final de las últimas Eliminatorias, como por la incidencia que esta frustración puede llegar a tener en su incipiente y prometedora carrera.

Aún se recuerda el elogio de Tabárez tras su soñado debut, cuando estaba harto comprometida la clasificación para el Mundial: “Lo puse convencidísimo, pese a su falta de experiencia y falta de conocimiento del grupo”. Por eso la pregunta: ¿por qué si en aquel especial momento estaba pronto para estar en la selección, no lo estaba ahora ante este nuevo desafío? La respuesta es clara, al menos en la especial óptica del técnico: a diferencia de lo que ocurrió con Rodrigo Bentancur (otra grata y casi coincidente aparición juvenil, de muy promisorias condiciones), que ha tenido luego una enriquecedora participación en un equipo “clase A” de Italia, como el Juventus, Valverde, en cambio —por distintas razones, entre ellas una lesión— jugó muy poco en el modesto equipo español en que milita. Y fue esa relativa inactividad la que interrumpió su esperado ciclo evolutivo, y a la postre lo ha dejado afuera del Mundial.

Se le preguntó a Tabárez, en la ya citada conferencia de prensa, si le costó elegir a los tres jugadores finalmente desafectados; lo que no desmintió, aunque aclarando que “lo mismo que si los jugadores hubieran sido otros”. Es que ¡no debe haber sido un momento fácil para nadie! Ni para quien tomó la decisión, ni para los futbolistas desafectados, ni tampoco para quienes, superada esa instancia definitoria, quedaron integrando el plantel definitivo que nos representará en el próximo Mundial de Rusia. Uno debe ponerse en el lugar del técnico, diciéndole, por ejemplo, a Valverde, que no iba a quedar en el plantel, cuando —pocos meses atrás y ante la sorpresa de casi todos— le había confiado la titularidad en la selección en un momento particularmente complicado de las Eliminatorias, y había salvado el difícil y repentino examen con la más alta calificación.

No ha trascendido (quizás nunca se sepa de su propia boca) con qué palabras o de qué modo el maestro le explicó al juvenil tan dura decisión. Quizás lo consoló con las mismas palabras que pronunciara tras aquel debut soñado en Asunción: “Valverde tiene para muchos años en la selección”. O también pudo haberle dicho que nada menos que Diego Maradona —por aquel entonces, un pibe de solo 17 años, pero del que ya se hablaban maravillas— quedó, a último momento, fuera del plantel de Argentina en el Mundial de 1978 —que luego se ganó— porque el técnico César Luis Menotti, entendió que no era aún el momento adecuado para ello. Tengo bien presentes sus palabras de entonces, negándose a explicar esa resistida decisión: “Tenía 25 jugadores y debía inscribir a 22. Había que excluir a tres. De nada hubieran valido los discursos. ¿Qué ganaban ellos si yo les decía que eran unos fenómenos, pero que los tenía que sacar?”.

Cuentan que aquella tarde, Maradona se quedó llorando bajo un árbol, y cuando alguien se paró para consolarlo, su respuesta entrecortada fue: “¿Cómo se lo digo a mi papá?”. Pero el tiempo pasó, fue la máxima figura de la selección de su país por varios años, y el mejor jugador del mundo; se sacó el gusto de participar en varias Copas del Mundo, y de ganarla en 1986.

Por eso, si lo tuviera a mano, le diría a Federico lo mismo que Enrique Omar Sívori —otrora brillante futbolista argentino— le escribió al pibe de Argentinos Jr. ante esa situación similar: “Capaz que alguien, para consolarte, se te acerque para hablar mal del que te sacó del plantel, pero el técnico debe estar sufriendo tanto como vos. Quedate tranquilo, porque no fracasaste. Si estuviste hasta el último momento, es porque él creía y aún cree en vos. No bajés los brazos y seguí confiando en lo que hacés. Escuchame, pibe: tenés solo 17 años: ¡Mirá si tendrás Mundiales por delante!”.

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