Charles Darwin, Luis Suárez y personajes en origami protagonizan nuevos libros infantiles

Tres mundos dados vuelta

6min
Nº1972 - al de Junio de 2018
Silvana Tanzi
Charles Darwin por Pantana

En el panorama editorial uruguayo, los libros destinados a niños y jóvenes son los que más han crecido en propuestas, autores e ilustradores desde hace 20 años. Basta recorrer la 18ª Feria del Libro Infantil y Juvenil, que se está desarrollando en la Intendencia de Montevideo hasta el domingo 10, para comprobar la calidad y creatividad que ofrecen sus publicaciones.

En esa variada oferta, una de las novedades de los últimos años es la difusión científica para niños. Especialmente + Cerca Ediciones con Banda Oriental han publicado libros en los que participan investigadores e ilustradores para transmitir temas de estudio académico (paleontología, arqueología o biología) con un estilo accesible para el público infantil y juvenil.

El último de sus libros se llama El viaje que cambió la ciencia. Las aventuras de Darwin en el Río de la Plata, y en él participó un equipo de lujo integrado por Sebastián Santana (Pantana) y Renzo Vayra en la ilustración, Marcelo Casacuberta en fotografía, Anita Aisenberg, bióloga encargada de la investigación, y Silvia Soler, editora y redactora. Este equipo recibió financiación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, y el asesoramiento de otros investigadores. Como resultado surgió un libro de información rigurosa y especialmente seleccionada que se presenta en una bellísima y cuidada edición. Un libro objeto para mirar, aprender y disfrutar.

“El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida y ha determinado toda mi carrera”, escribió Darwin sobre la travesía que realizó a bordo del Beagle. Lo habían invitado a dar la vuelta al mundo como naturalista cuando tenía 22 años y estuvo casi cinco años navegando. Antes había sido un pésimo estudiante porque odiaba estar encerrado; por el contrario, le atraía observar los pájaros, coleccionar escarabajos y estar en la naturaleza. Y la curiosidad lo convirtió en un investigador.

El libro cuenta detalles de su infancia y juventud que van acompañados por las simpáticas ilustraciones de Santana, que lo representa en todas sus etapas como un aventurero tan movedizo que sus sombreros raramente están en su cabeza. Y Santana dibuja una colección variada de sombreros.

Lo central del relato está en el viaje que lo trajo desde Plymouth, Inglaterra, al Río de la Plata en el Beagle, barco que Vayra ilustró con todos sus detalles en un enorme y espectacular dibujo de doble página. La ilustración es tan perfecta que el barco parece estar navegando en el libro sobre aguas oscuras.

Darwin descendió en Montevideo en 1832. Entre varias curiosidades, descubrió en sus cercanías al carpincho, el roedor más grande del mundo. Viajó también a Maldonado y Minas, subió a la sierra de las Ánimas y encontró en las alturas construcciones de piedras similares a las de su país, los cairnes, que atribuyó, como otros viajeros, a enterramientos indígenas.

El diario de Darwin es un tesoro que guarda sus observaciones. Algunas de ellas se intercalan en el libro, como la que hizo sobre el olor de los venados en época de reproducción: “El hecho más curioso que debo advertir, acerca de este animal, es el olor fuerte y desagradable que exhala el macho. Es imposible describir este olor: diéronme náuseas y estuve a punto de desmayarme”.

Otro capítulo está destinado a un sapito negro con manchas amarillas y rojas que recorre los arenales y por el que Darwin se sintió especialmente atraído. Hoy ese sapito lleva su nombre, y en el libro nos enteramos de que actualmente es una especie en peligro de extinción. También hay una zona en Punta Gorda, Colonia, que se llama Rincón de Darwin en honor al naturalista, pues allí, donde el río Uruguay desemboca en el Río de la Plata, las barrancas le ofrecieron un terreno rico en fósiles y capas geológicas para investigar.

En su pasaje por nuestras tierras, el naturalista recogió información valiosa que luego alimentaría sus teorías sobre el origen de las especies y el origen del hombre según la selección sexual. Pero no solo la naturaleza le dio material para el estudio, también la observación de las conductas humanas, como las de algunos criollos que conoció en la campaña. Así registró la poca “virtud de la laboriosidad”: “... hay una multitud de días festivos; y, como si esto fuera poco, se cree que nada puede salir bien si no se empieza estando la Luna en cuarto creciente; de modo que la mitad del mes se pierde por estas dos causas”.

Este es un libro para aprender sobre el viaje que cambió la ciencia, y también sobre nosotros. Hacia el final, aparecen dos preguntas dirigidas a los lectores: “¿Te atreverías a dar la vuelta al mundo? ¿Y a darlo vuelta?”. Están escritas sobre una preciosa fotografía que muestra un cielo estrellado, seguramente similar al que alguna vez miró Darwin desde la cubierta del Beagle, mientras soñaba con sacudir el mundo para darlo vuelta.

El Luis.

Otra novedad que llega justo en época de Mundial: Quiero ser Suárez (Topito Ediciones, 2018). El autor es Manuel Soriano, también escritor de libros para adultos (¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, Variaciones de Koch, Nueve formas de caer). Soriano está radicado en Uruguay, donde dirige Topito Ediciones, editorial de libros infantiles. Ahora, con dibujos de Federico Murro, escribió una historia con dos protagonistas: uno es un niño llamado Coco Bandini; el otro es el mismísimo Luis Suárez.

Coco es fanático del fútbol, de esos niños que mientras juegan en el campito se imaginan que son Suárez y van relatando los pases que les hacen a otros jugadores famosos, hasta que oyen la voz de su madre que los llama a comer y desinfla su fantasía.

Un día, el padre de Coco le regala un juego de Play, tan viejo que los jugadores tienen grandes bigotes y shorts largos. Enfurecido por su lentitud, el niño le pega una patada al grito de “¡Quiero ser Suárez!”. Entonces ocurre algo ines­perado. “Coco se pasa la lengua por los dientes y siente algo extraño. Se toca las paletas con las yemas de los dedos. Apaga el televisor y su cara aparece en el reflejo oscuro de la pantalla. Es Suárez”.

De allí en adelante, el niño vive en el cuerpo de Luis, y Luis en el cuerpo de Coco, lo que les trae a los dos ciertas ventajas y varias complicaciones de las que surge el humor. Coco termina tomando mate con Messi­, y Luis jugando como los dioses en el campito donde, obviamente, nadie le cree cuando dice que es Suárez. La historia es graciosa y apela tanto a la fantasía de los niños como a su inteligencia para captar los equívocos. Los dibujos de Murro son muy expresivos, sobre todo por los ojos y rulos de Coco y, claro está, por los dientes de Suárez.

Mundo plegable.

El origami es un arte casero que requiere de gran habilidad manual y de gran talento para crear pequeñas esculturas de papel, sin usar ningún instrumento. ¿Qué pasaría si los personajes de origami cobraran vida y tuvieran su propia ciudad? Una posible respuesta está en La ventana de papel (Fin de siglo, 2018), primera novela de Virginia Mórtola (Montevideo, 1975), también ilustrada por Murro.

Con una exquisita sensibilidad, la escritora elabora una historia en dos mundos. En uno hay una niña llamada Tati que va de visita a casa de sus abuelos en Lagomar, donde puede jugar con lo que más le gusta: la tierra, las hormigas y los caracoles. Pero muy pronto encontrará otra diversión que está a pocas cuadras. En la casa de una vecina conoce a José, un anciano de más de 90 años que en el fondo de la casa tiene un taller en el que fabrica figuras en origami. Enseguida la niña y el anciano se hacen amigos.

El otro mundo transcurre al traspasar una ventana de papel que lleva a una tierra muy loca donde los personajes plegables se transforman. Allí reside Petit, un hombrecito que hace maravillas con objetos encontrados en la basura.

La novela está inspirada en el francés Pierre Avezard, conocido como Petit Pierre, un hombre que sufría desde nacimiento deformidad en su cuerpo, además de poca visión y audición. Desde niño, Petit comenzó a recolectar materiales en vertederos, y durante 40 años fue construyendo un enorme carrusel movido con un motor eléctrico, al que le agregó figuras, monumentos y objetos. Una verdadera ciudad giratoria que fue motivo de visitas, alguna obra de teatro y un documental.

La ventana de papel retoma el espíritu y el cariño que aquel inventor volcó en sus criaturas. Además tiene reminiscencias de Alicia en el País de las Maravillas por el mundo absurdo que surge cuando Tati y José atraviesan la ventana, a la vez que remite a otros absurdos en el mundo real, como la soledad en la vejez o la muerte de los más queridos. Todo narrado sin golpes bajos, con humor y mucha aventura.

Tres libros sobre mundos que se dan vuelta y conquistan nuevos lectores. Vale la pena aventurarse en ellos.

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