Tristeza de la perdición

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Nº1947 - al de Diciembre de 2017
por Antonio Pippo

Eduardo Arolas fue su mejor amigo, quizás porque ya venía por la senda —eterna, no solo de aquellos lejanos tiempos— que arrastra a la perdición sin remedio. Y fue Arolas quien dedicó su bellísimo tango Lágrimas a la madre de ese amigo, cuando este ya se le iba yendo: no es casual que la cubierta del disco muestre a una llorosa mujer recibiendo de madrugada a su hijo, que llega en penoso estado arrastrando un violín.

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