Un impuesto a los sueños del uruguayo

4min 9
Nº1922 - al de Junio de 2017
por Darwin Desbocatti

Según el ministro Astori, la Rendición de Cuentas trae un aumento del gasto de U$S 172 millones (esa cifra es el principio, ahora viene el momento en el que quedan todos calientes y hay que subir hasta 200 millones, por lo menos, para calmar un poco las aguas). El presidente del FA, Javier Miranda, había dicho el día anterior en conferencia de prensa algo parecido, con unos números que no sé si son exactamente los mismos, creo recordar que eran 112 millones de aumento en el gasto (más 60 millones en 24 h es un poco fuerte, aunque Miranda puede haber leído un “1” por un “7” gracias a su optimismo prepotente, que es lo que le permite aguantar como presidente del FA), pero no estoy seguro. Bien Astori en poner a hablar a Miranda, tiene esa cualidad especial, casi un don, de que las palabras dichas por él no quedan mucho tiempo registradas en la memoria de nadie, a las horas se borran solas. Michelini genera el mismo efecto pero en minutos, es como un microondas del olvido.

Parte del aumento en el gasto es para la educación, en cumplimiento de la promesa electoral de “tender al 6%” (un hallazgo de promesa electoral, sin dudas), el Número Mágico Universal establecido por la Unesco para que el Dios de la Educación nos favorezca en futuras cosechas de niños (leer columna de la semana anterior). Y otra parte se va en jubilaciones, dirigidas al único recurso inagotable que tiene este país: los viejos. ¿De dónde salen esos 172 millones que serán 200 antes de las vacaciones de Julio? He ahí el arte del presupuesto, la parte creativa y entretenida, más allá de que indefectiblemente deja a todo el mundo caliente. ¿Cuáles son los rubros de los que va a morder el gobierno para emparchar sus cuentas? A grandes rasgos: juegos de azar e importaciones. Parece que el ministro fue por la ventaja moral, y no lo culpo, vivimos en el mundo dominado por la moda moral, la gente es loca por el juicio de valor. Es incómodo protestar por impuestos al juego y a las importaciones, sobre todo en el entendido popular (erróneo pero qué importa, si importa bienes, que vaya poniendo el billete) de que las importaciones matan la industria nacional, algo que es un poco menos lineal de lo que nos gusta pensar —pero lo que importa es lo que nos gusta pensar y no lo que es—, y que además es como matar al indio Charoná: imposible, dado que no existe ni existió jamás. A su vez, el gobierno podrá decirles a los importadores: “No te gusta el aumento en la tasa consular, pero no me decís nada de que te mantengo planchado el dólar, ¿eh?, importador ingrato”. El único problema es que si llega a haber un exportador escuchando, le salta a la yugular: “¡Entonces había atraso cambiario! ¡Dejen subir el dólar!”. Y así hasta dejar a todo el mundo caliente.

Pero yo quiero centrar mi diatriba en el aumento del impuesto a los juegos de azar. Me gusta el desafío. Es muy fácil meterle la mano en el bolsillo a Rodríguez Tabeira, al Favorito Miguel Ángel Tuana, o a los niños cantores. Todos pertenecientes al Uruguay de antes que ya no se escucha. ¿No le da vergüenza, ministro Astori, sacarles la comida de la boca a los niños cantores? Es un colectivo muy querido por nuestra sociedad. La gente confía plenamente en los niños cantores, como cantores y como niños (que con algunos no es tan fácil confiar, porque ya les está cambiando la voz y tienen la pelusa esa asquerosa en el bigote, y cuando dicen el número te das cuenta de que tienen aliento a tabaco porque Rodríguez Tabeira cierra los ojitos). Son decenas de familias que viven de las bolas que cantan los niños. Y esta medida va a provocar que por algún lado tenga que ajustar la Agencia de Loterías y Quinielas, seguro que es por el lado de los niños cantores (la verdad es que mucho no se precisan, uno ve el número de la bola saliendo). Además de que seguramente suba el precio del boleto de la Tómbola y el 5 de Oro. Es terrible, porque esa es la última esperanza del uruguayo humilde que quiere progresar pero en el fondo sabe que es uruguayo y mucha chance no tiene, y decide jugar unos pesitos y su entera fe al Dios del Azar. Ponerle impuestos al azar es como ponerles impuestos a los sueños del uruguayo, falta que les pongan impuestos a las reposeras (que van a subir porque seguramente son importadas) y a las quemaduras con agua hirviendo en el tramo de la mano que está entre el pulgar y el índice para destruir nuestro modo de vida. Pero fundamentalmente, el impuesto a los juegos de azar ataca al viejo uruguayo. La timba es el sistema de entretenimiento del viejo uruguayo que todavía vive en el Uruguay de antes, por excelencia. Y ahí está lo circular, y hasta poético, de la cuestión: se ponen impuestos a los juegos de azar para, entre otras cosas, pagar los aumentos en las jubilaciones. Lo que es casi como darle por un lado y sacarle por el otro al viejo uruguayo. En el fondo es genial, hay que admitirlo. Pero tengo otra solución: no hay que subir las jubilaciones, hay que bajar las expectativas. Ese es el verdadero drama de nuestra sociedad: las expectativas. Antes, el viejo uruguayo no tenía muchas y por eso le alcanzaba con la jubilación que le daba el país, pero ahora hay mucha propaganda en la tele que te lo ceba al viejo con una vida plena, del tipo Corega, o las jaleas esas nutritivas que pegan para arriba, y el viejo ve en los reclames a otros viejos felices, con amigos que hacen deporte, con nietos que los van a visitar o perros que los saludan sin írseles encima y tirarlos en la calle, y ese tipo de fantasía maliciosa consumista. Ahí le generan expectativas al viejo, y después hay que subirle la jubilación.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.