Con 80 habitantes en invierno y cerca de 150 en verano, Villa Las Estrellas, ubicada en la isla Rey Jorge, es uno de los dos poblados civiles de la Antártida

Vivir en el continente blanco

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Nº1910 - al de Marzo de 2017

Gino y Macarena ofrecen café y abren la intimidad de su hogar en la Antártida, mientras su hija Sofía, de dos años, se esconde en el pasillo sin querer saludar. A medida que avanza la conversación, Sofía irá asomando la naricita. Más que timidez, juega al escondite, curiosea, llama a su madre, provoca con la mirada y se escapa para volver en busca de sus galletas. Es la más pequeña de Villa Las Estrellas, que junto a la base argentina Esperanza son los únicos poblados civiles de la Antártida. Es el lugar más cosmopolita de todo el continente blanco, punto de partida de los recorridos turísticos (llegan cruceros, barcos y aviones con turistas de todo el mundo) y expediciones científicas. Ubicada en la isla Rey Jorge, la mayor de las Shetland del Sur, 950 kilómetros al sudeste de Puerto Williams (Chile), en este pueblo viven 80 personas, aunque pueden llegar a ser 150 en verano.

El comandante de la Fuerza Aérea Chilena (FACH) Gino Palavecinos, su esposa, la periodista Macarena Villarreal y sus hijos Bruno y Sofía son habitantes permanentes de Villa Las Estrellas

Una isla estratégica. Aunque la Antártida es un territorio internacional sin fronteras ni aduanas, sometido al Tratado Antártico, los dos países más cercanos, Chile y Argentina, apenas separados por los mil kilómetros del Paso Drake, mantienen en el limbo sus reclamaciones territoriales (el Reino Unido también la reclama).

La isla Rey Jorge (para los argentinos la isla 25 de Mayo) queda fuera de los meridianos chilenos (las Shetland están justo al sur de las Malvinas), y en línea recta es el punto antártico más cercano a Tierra del Fuego. Fue descubierta por el marino inglés William Smith en 1819, y tiene nueve bases internacionales: Escudero y Frei (Chile), Gran Muralla (China), Artigas (Uruguay), Bellingshausen (Rusia), King Sejong (Corea), Arctowski (Polonia), Carlini (Argentina) y Comandante Ferraz (Brasil). Las nueve bases de esta isla estratégica se encuentran apiñadas en la costa sur, la más protegida, a la que se accede por el Estrecho de Bransfield, por donde circulan los buques.

La familia Palavecinos en su hogar en Villa Las Estrellas

Noches de casi 24 horas. El comandante de la Fuerza Aérea Chilena (FACH) Gino Palavecinos y su esposa, la periodista Macarena Villarreal, abren las puertas de su hogar, tan acogedor que sorprende. Es una cálida casa, de las 14 que hay en el pueblo, decorada y amueblada con enseres traídos desde Santiago de Chile. Los niños, Bruno y Sofía, se esconden por los pasillos. “Venir a la Antártida nos pareció una gran oportunidad de estar en familia, y salir del estrés de la ciudad”, dice Macarena. “Gino tenía un horario terrible, de 6 de la mañana a 11 de la noche, nunca comía en casa, apenas podíamos vernos durante la semana. Esto es el paraíso: no hay autos, no hay ruidos, solo se escucha el viento. Aquí hacemos vida familiar de verdad. Dicen que aquí las parejas o rompen o salen fortalecidas para siempre”, asegura entre risas.

No es para menos, tienen que aguantar la invernada: días enteros sin salir de casa, vientos glaciales, mucha nieve que cubre toda la isla, y los días prácticamente no existen, las jornadas se cuentan por noches de casi 24 horas. El día más corto es el 23 de junio, cuando el sol sale a las 9:30 de la mañana y se oculta a las 2:30 de la tarde. Es fácil imaginar de dónde surge el nombre de la villa, pues ver el cielo nocturno en un día despejado debe ser una experiencia que corta la respiración. El clima polar hace que la temperatura media a lo largo del año oscile entre 0,3 y -5,3ºC, aunque la máxima en verano puede alcanzar los 13ºC y en invierno la mínima puede llegar a -40ºC.

La iglesia que hay en Villa Las Estrellas es de libre culto.

En este medio hostil, extremo, Macarena y Gino se ven felices, animados, como pingüinos emperador preparando su noche polar, dispuestos a afrontar juntos la crianza de los polluelos: Bruno, de seis años, y la risueña Sofía, que ya ha accedido a compartir una galleta de chocolate. Bruno quiere mostrar su cuarto de juegos, presidido por un muñeco de Super Mario. La casa es uno de los 18 módulos que forman la villa, con una superficie de entre 70 y 90 metros cuadrados. “De momento no han echado en falta nada”, comentan los padres. “Nunca habían visto la nieve y es para ellos la gran novedad, están encantados. En cuanto salimos a dar una vuelta, Bruno se zambulle en la nieve, feliz”.

Todos parecen contentos en Villa Las Estrellas, habitada por familias de funcionarios de la Fuerza Aérea de Chile, de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), científicos y profesores, que permanecen allí entre uno y dos años. Además de las 14 viviendas confortables, hay un pequeño supermercado para necesidades básicas, una tienda de recuerdos, una oficina de correos (en verano atendida por un funcionario y en invierno por el comandante de la base), un banco (Banco de Crédito e Inversiones (BCI), cuya sucursal atendida por un funcionario cumplió 30 años en 2015), una cancha polideportiva (el Domo), un hospital (con un médico y un enfermero), una iglesia de libre culto (en la isla también hay una iglesia ortodoxa en la base rusa), una biblioteca y una escuela en la que dos profesores atienden a los cerca de 15 niños de Villa Las Estrellas.

Las clases abarcan todos los niveles de educación primaria, con el horario y el programa curricular normales, y cuentan con modernos equipos de computación con conexión a Internet. También hay una estación de radio, y reciben en directo la señal de los principales canales de televisión chilena. Además, una hostería recibe a los turistas, que no se van sin visitar uno de los puntos de atracción de la villa, la oficina de correo, para enviar postales y cartas con el matasellos de la Antártida.

Gino y Macarena piensan que si la noche antártica fuese muy dura, el sacrificio quedará compensado por los ahorros que van a conseguir: una cantidad de dinero suficiente para asegurar la educación de Bruno y Sofía, y tal vez un refugio en la playa. Se los ve dispuestos a resistir noches de casi 24 horas, que fuera de este contexto austral causarían angustia a cualquiera. Los niños juegan despreocupados, seguros en su nido de pingüinos palavecinos, la nueva especie que mejora la biodiversidad en la Antártida, y que solo puede encontrarse en Villa Las Estrellas.

En base a EFE y otras fuentes