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Tras el duro golpe que significó el desplome de los rendimientos de los cultivos de soja, los empresarios del sector agrícola se movieron con rapidez en dos frentes: que los bancos les den un plazo de respiro para pagar sus deudas, sin dejar de acceder a nuevo financiamiento, y que los proveedores de insumos no les cortaran el abastecimiento y confiaran en una mejora de los resultados en las próximas zafras.
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Con el avance logrado en esas gestiones hoy el productor está concentrado en la siembra de los cultivos de invierno, principalmente de trigo, que en los últimos meses registró un repunte del precio internacional en el mercado de Chicago.
En Dolores y su entorno, lo que es conocido como el corazón agrícola del litoral oeste del territorio, las sembradoras no paran de trabajar y casi que no queda espacio sin plantar el cereal. En un contexto de desinterés por la falta de rentabilidad y algunos problemas climáticos y sanitarios, en los años recientes los agricultores dejaron de lado el trigo y el área sembrada de ese grano entró en una tendencia bajista. De casi 600.000 hectáreas plantadas en la zafra 2011-2012 la superficie triguera cayó a 193.000 hectáreas en la campaña 2017-2018, según datos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias.
Indican que la cebada llegó a ocupar unas 190.000 hectáreas en la zafra 2016-2017, luego de estar varios años por debajo de las 100.000 hectáreas.
En tanto que la colza, un cultivo poco significativo en el grueso de la agricultura, se duplicó al pasar de 26.000 hectáreas en 2016-2017 a 52.000 hectáreas en la siguiente zafra, debido a la demanda para la producción de biodiesel impulsada por la empresa estatal Alcoholes del Uruguay.
Este año el área de trigo seguramente quiebre la tendencia al achique y registre un incremento, mientras que la cebada cervecera también tendrá una mejora, cubriendo toda la superficie que comprende la demanda de las malterías que operan en el mercado local, dijo a Búsqueda el vicepresidente de la Asociación Agropecuaria de Dolores, Andrés Alayón.
Comentó que ahora ya no hay tiempo para seguir plantando colza, porque lo habitual es realizar la siembra entre abril y mayo, por lo que las tareas están dedicadas a plantar trigo, al menos en lo que se refiere a los campos doloreños.
El factor precio es clave en la decisión de los productores, ya que el valor que cotiza el cereal en Chicago, algo por debajo de los US$ 200 por tonelada, resulta atractivo a la hora de hacer la ecuación entre costos e ingresos. Sobre el comportamiento de los precios de los insumos, Alayón señaló que están casi todos igual, solamente hubo alguna baja en el valor de las semillas de trigo.
Lo importante es que las empresas proveedoras, los productores, los prestadores de servicios y otros actores de la cadena agrícola decidieron apostar a la producción, como una manera de seguir en actividad y poder recuperar el dinero invertido en la actividad.“Todos saben que es la única forma de cobrar”, destacó ese productor.
Valoró la decisión adoptada por el Banco República al otorgar la posibilidad de que los clientes del agro puedan acceder a una reestructuración de sus deudas en plazos de hasta cuatro años, mediante el estudio de caso a caso. Una alternativa parecida fue planteada por la banca privada para atender la situación de cada productor.
Otros empresarios del sector resaltaron la importancia que tiene el factor climático en el resultado de la producción, especialmente en lo que puede significar al cierre del año, cuando se tengan los números definitivos de la cosecha de los cultivos de invierno, como el trigo y la cebada. Es que si el verano pasado, que estuvo caracterizado por un déficit hídrico, derivó en una caída de los rendimientos de la soja, de 3.000 kilos por hectárea a poco más de 1.000 kilos, entonces lo que pase con el clima durante el invierno será crucial para el futuro agrícola.
Por ahora los agricultores sueñan con ver sus campos llenos de espigas doradas, que les resulten en una cosecha generosa y adecuada para recomponer las cuentas
Cobertura
Ante la incertidumbre que reina en las chacras uruguayas por los altibajos de los precios de los granos y lo impredecible de las lluvias, los agricultores resolvieron estudiar alternativas de seguros para cubrir sus cultivos y pensar en nuevas herramientas de financiamiento. Alayón se mostró optimista en lograr que en la próxima siembra de cultivos de verano, principalmente de soja, haya una mejor cobertura de seguros.
Con ese objetivo es que empresarios, técnicos agrícolas y asesores privados mantienen reuniones de trabajo, con el apoyo de agrónomos vinculados a instituciones del gobierno. Recientemente, técnicos de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria presentaron a los empresarios agrícolas un análisis de las alternativas de financiación y las dificultades que podría suponer la conformación de un fondo sojero, considerando las características de la cadena en cuestión y el mecanismo operativo de otros fondos vigentes, como el lechero y el arrocero. Y a modo de recomendación esa repartición ministerial planteó la necesidad de fortalecer la herramienta de los seguros.
Es que el impacto negativo de los fenómenos climáticos extremos, que en ciertas circunstancias se conjuga con precios decaídos o problemas de endeudamiento, termina generando un efecto perjudicial que supera a la agropecuaria y les pega a otras actividades de la economía uruguaya.
Algunas estimaciones preliminares, como la realizada por la Asociación Rural, muestran que la sequía pasada provocó pérdidas de US$ 924 millones en la agricultura de secano (sin riego), de US$ 15 millones en el cultivo de arroz, de US$ 26 millones en la ganadería, a lo que suman US$ 42 millones por los mejoramientos perdidos en las pasturas, dando un resultado de US$ 1.007 millones.