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    Democracia problemática

    La victoria de Trump en EEUU ha desatado una ola internacional de críticas y protestas. La prensa muestra una actitud de compacto escepticismo y notable infantilismo hacia el nuevo mandatario, siendo escasos los análisis profundos y de largo alcance.

    Uno de esos raros textos fue escrito por José Ignacio Torreblanca, jefe de la sección Opinión del diario español El País. El análisis de Torreblanca apunta a un dato de gran interés, resumible en la siguiente frase: “EEUU y Reino Unido, creadores del orden internacional actual y mayores beneficiarios de la globalización, renuncian unilateralmente al liderazgo y dejan la vía expedita para que China y otros articulen un nuevo escenario mundial”.

    Como señala el autor, estamos frente al quiebre de una tendencia con más de 200 años a cuestas, marcada por el notable dominio mundial ejercido sin cesar por el elemento anglosajón. Inglaterra primero (del fin de Napoleón en 1815 a la I Guerra Mundial) y EEUU después, en alianza con su Madre Patria, impusieron en buena parte del planeta la democracia política, la economía de mercado, el liberalismo y el libre comercio, además del lenguaje y un inmenso andamiaje tecnológico.

    Sin embargo, en el lapso de pocos meses, con el Brexit y la victoria de Trump, estas dos potencias hegemónicas han decidido abandonar su poder mundial (no en vano la nota se titula El suicidio anglosajón) y aislarse, para practicar el proteccionismo político y económico y una política xenófoba en lo cultural. Se rompen alianzas y se levantan muros. La aparición de la dictadura china como nuevo paladín del libre comercio da una pauta del cambio de paradigma en el cual estamos inmersos.

    En pocas palabras: los anglosajones construyeron el mundo actual y ahora no quieren saber más de él. Largan la toalla y se encierran en sí mismos.

    Con este análisis como punto de partida se pueden transitar varias vías. ¿Estamos asistiendo al fin (un fin voluntario, además) de uno de los mayores imperios (es decir: dominios) de la historia? ¿Qué sigue a continuación? ¿Qué pasará si la ola nacionalista y proteccionista arrasa también en países como Francia dentro de un par de meses?

    Mudando un poco el foco nos podemos preguntar qué tan mal les irá a los países productores de materias primas frente al proteccionismo de las potencias occidentales.

    El texto de Torreblanca adelanta que EEUU y el Reino Unido han decidido replegarse como consecuencia de una decisión de sus elites políticas, económicas y culturales. Y aquí es menester prestar atención, me parece, pues lo que está sucediendo no es el resultado de una decisión más o menos coordinada y planificada por parte de las elites anglosajonas, sino que es una consecuencia directa de resultados electorales obtenidos a pesar de la cerrada oposición de esas elites, o de una parte mayoritaria de las mismas.

    Estamos, en pocas palabras, frente a una decisión “del soberano”, como le gusta decir a Mujica. Es decir, la famosa voluntad popular. Entonces, a quien hay que poner en la picota es al “pueblo”, es decir, al electorado, y no a las elites. Así volvemos a una de las cuestiones que más escepticismo despertó hace más de cien años la introducción del sistema democrático. Me refiero a la certeza, por parte de las elites tradicionales, de que un electorado inculto y políticamente analfabeto, no sabría gobernar.

    Según los escépticos, una clase dirigente del llano sin títulos de nobleza ni riquezas propias ni educación académica y profesional, sería fácil presa de las tentaciones y caería muy pronto bajo las garras de la corrupción. Al mismo tiempo, un electorado sin conocimientos mínimos para la administración de algo tan complicado como el Estado sería llevado de un lado al otro por la demagogia de la nueva clase política.

    Se puede opinar ancho y tendido sobre la incertidumbre y el escepticismo que la democracia política, traducida en la fórmula “un hombre, un voto”, despertaba en las viejas elites. El hecho innegable es que ambas predicciones han resultado válidas. A más de un siglo de distancia, la clase política chapucea en el barro de la corrupción y la ciudadanía sigue siendo políticamente tan analfabeta como lo era en los albores del sistema.

    La pregunta que realmente importa, pues, no es, me parece, qué hacer con Trump, sino qué hacer con la democracia…

    Vida Cultural
    2017-02-16T00:00:00