—¿Por qué el Partido Colorado necesita de un espacio batllista?
—Si el Partido Colorado se queda sin Batllismo, desde mi punto de vista, pierde su esencia. Que esa corriente crezca es muy importante. El Partido Colorado tuvo siempre dos corrientes, porque cuando esas dos corrientes están fuertes, el partido está fuerte. Nosotros sentimos responsabilidad por hacer crecer y fortalecer la corriente batllista en el Partido Colorado. Yo no digo que no haya en otros sectores políticos gente que se sienta batllista, pero la responsabilidad de mantener vivo al Batllismo es nuestra.
—¿Usted en la otra “corriente” del Partido Colorado ve algo conservador?
—No digo conservador, pero a Pedro cuando le preguntan cómo se define él, dice que es pragmático. No dice que es batllista, dice que no es ni de izquierda ni de derecha.
—Usted habla de que la esencia colorada es batllista. ¿Qué pasó para que esa esencia batllista sea hoy minoritaria dentro del partido?
—La gente no vio claramente al Batllismo en el Partido Colorado. Nosotros cometimos muchos errores. El más grande fue alejarnos de la gente. El Batllismo estuvo siempre entre la gente, fue enormemente popular. Y de alguna manera, las dificultades —el último gobierno fue espantosamente difícil— hizo que nos alejáramos de la gente y la gente no lo cobró.
—¿El Batllismo puede captar más votos de los que se fueron del Partido Colorado?
—Esos votos que se fueron al Frente Amplio van a volver por esta corriente. Y más temprano que tarde esta corriente va a ser enormemente fuerte en el Partido Colorado. Y si no es ahora, será un poco más adelante.
—Dice que en toda la sociedad hay batllistas. ¿Qué pasa que eso no termina en votos hacia su grupo?
—Tenemos que explicar qué es lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer. Creo que el Batllismo fue una corriente fundamental en Uruguay que tiene muchas características. Por supuesto que demócrata, republicano, liberal, preocupado por los temas sociales, pero sobre todo el Batllismo fue ese grupo de uruguayos liderado por Batlle y Ordóñez que hicieron la gran transformación del Uruguay hace 100 años. El problema en Uruguay es que la gente tiene temor al cambio, y entonces cualquier cambio que se plantee es “¿te parece?” y “¿se podrá?”. La sociedad no tiene esa voluntad de hacer cambios que son absolutamente imprescindibles. Es éticamente imperioso el cambio en educación. Hoy la educación no da igualdad para todos. Depende del lugar de nacimiento de la persona la calidad de educación que va a tener y eso es lo más triste. Frente a eso tenemos que rebelarnos y hacer cambios. Lo peor es que la gente sabe cuáles son los cambios que hay que hacer.
—Pero no se animan...
—Claro. “¿Qué te va a decir el sindicato?”, “se podrán hacer los cambios?”. Y cómo no se van a poder hacer los cambios, si el esquema político, si uno ve lo que dice Fernando Filgueira, Pablo da Silveira, o Renato Opertti y todos piensan parecido, ¿por qué no se van a poder hacer los cambios? Acá hay que sumar gente de todos los partidos políticos, sumar las mejores cabezas, plantear una reforma a cinco y diez años y hacerla. Si se puede sumar a los sindicatos, me parece bien. Si se convence a los sindicatos, va a ser más fácil. Ahora, si no se suman y uno tiene que optar entre los niños y jóvenes uruguayos o estar en buena relación con el sindicato, bueno, la opción es clara. Ahí está el tema de los roles en la sociedad. El problema en la cabeza de la gente es que no se puede hacer nada. Yo quiero terminar con el IRPF en un período razonable de tiempo y me dicen que no se puede, pero si es un impuesto injusto, si es claro que impide la movilidad social, que impide el crecimiento en base al esfuerzo de la gente. No: se puede hacer, en un periodo de gobierno o un poco más.
—¿Qué espacios de discusión se tienen que dar si se confirma lo que hoy dicen las encuestas en cuanto a que habrá segunda vuelta y el Frente Amplio no tendrá mayoría?
—Yo creo que el Frente Amplio no va a votar tan bien. Creo que va a ser la minoría mayor, pero va a votar por debajo de lo que dicen las encuestas. La elección se va a definir en el ballotage y ahí habrá una definición que puede ser pareja. Gane quien gane, no habrá mayorías parlamentarias y por lo tanto serán necesarios los acuerdos políticos. Yo creo que la primera tarea que tiene quien sea electo presidente es llamar al resto de los partidos políticos para transformar la educación pública. Si a mí me llaman desde el Frente Amplio si ganara —creo que es bien probable que no ganen— para hacer un acuerdo y transformar la educación pública y queda claro lo que queremos, no tengo ningún problema en trabajar porque en esas cosas hay que intentar políticas de Estado.
—¿En qué otro tema estaría dispuesto a acordar?
—Ese es el tema más importante. Después hay temas en los que pensamos distinto. Tabaré Vázquez dice que el IRPF es un impuesto extraordinariamente bueno y yo creo que no, que es malo. Si Tabaré Vázquez dice que hay que terminar con el IRPF a las horas extras, bueno, que lo haga ahora, lo puede hacer. En ese aspecto no quiere cambiar nada.
—¿Pero estaría dispuesto a sentarse a negociar?
—Estoy dispuesto a votar todas las cosas que sean buenas para el país sin duda. Tenemos que mejorar el sistema de salud, tenemos que planificar cómo mejoramos la infraestructura que se hizo puré en 10 años de ineficaz manejo del Frente Amplio.
—Si el Frente Amplio no tiene mayoría, los votos de sus legisladores serían importantes...
—Nosotros vamos a votar las cosas que creemos que son buenas para el país. Y si hay una reforma de la educación voy a apoyar. Veremos caso a caso.
—¿Hay que reeditar un acuerdo con el Partido Nacional para esa segunda vuelta, si es que se confirma?
—Sí. No sé quién va a ir a una segunda vuelta, pero vaya quien vaya, creo que para presentarse al balotaje tiene que haber un acuerdo previo. Es necesario que la gente cuando vota sepa cuáles son los temas en los que se ponen de acuerdo los partidos para intentar gobernar. Para nosotros el acuerdo con el Partido Nacional sería el acuerdo más probable, por algo muy sencillo, porque el doctor Vázquez ha demostrado hasta el cansancio que tiene enormes dificultades para llegar a acuerdos.
—Otro caso es que gane alguno de los partidos fundacionales, desde el Partido Nacional ya se anuncia que si llegan al gobierno van a derogar algunas leyes aprobadas por el Frente Amplio, como por ejemplo la ley sobre marihuana. ¿Piensa igual en este sentido?
—Creo que la ley de marihuana es muy mala y que hay que modificar algunos artículos. Yo no diría derogarla totalmente. Examinarla y terminar con que se pueda vender en la farmacia y pedir cédula y domicilio que me parece ridículo. Por supuesto que el Estado plante directamente o a través de licencias marihuana, me parece absurdo, mucho más que estén en un predio del Ejército para evitar que las roben. Hay algunas normas que son positivas, como por ejemplo que en las escuelas y liceos se explique el daño que hace la droga. Estoy dispuesto a ver y discutir los beneficios que puede tener el autocultivo en el sentido de hacer un combate al narcotráfico. Pero esta ley es un verdadero desastre y hay que derogar una buen aparte de sus artículos.
—¿Qué otra cosa modificaría?
—Modificaría alguna otra, pero pienso en lo que hay que hacer para adelante, no en una restauración.
—Eso es lo que dice el Frente Amplio, que con blancos y colorados hay una restauración...
—Esto no es una restauración previa. Esto sí puede ser una restauración de valores. Cuando quiero terminar con el IRPF, quiero elevar el valor trabajo. Ahora, terminar con todas las leyes que hizo el Frente Amplio para volver al 2004, no me parece razonable.
—La educación es su caballo de batalla en esta campaña. ¿Cuáles son las ideas que se necesitan ahora?
—Formación docente. Me parece interesante que tengan formación universitaria y para ello tienen que tener ingresos acordes. Segundo, creo que esa educación pensada en primaria y secundaria como dos compartimientos estancos no ha funcionado. Tercero, hay que potenciar los bachilleratos tecnológicos, es donde aumentó más la matrícula y la deserción es menor.