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    Justificación de los tupamaros

    Sr. Director:

    Como se ha defendido hasta por demás la dictadura de Pacheco Areco, siempre para decir que los tupamaros se alzaron en armas contra un gobierno democrático, hay que volver a escribir los hechos que demuestran que la dictadura comenzó en nuestro país en 1969.

    Apoyándose en la reforma constitucional presidencialista (1967) el presidente Pacheco Areco se lanzó a una verdadera orgía de autoritarismo, con un apoyo cada vez más claro del Ejército y en beneficio de las clases dominantes.

    Fue muy clara su devoción por los banqueros. Nadie parece recordar que el Dr. Jorge Peirano Facio, que hoy suena a escándalo por las maniobras fraudulentas del Banco Montevideo (año 2002) y antes del Banco Mercantil (quebrado en 1971), fue ministro en aquella época.

    En poco más de un año, y por la vía de Medidas Prontas de Seguridad, que solo en el papel concordaron con el inciso Nº 17 del art. 168 de la Constitución, el presidente prohibió toda propaganda oral o escrita en apoyo de huelgas de funcionarios públicos y reuniones gremiales, clausuró locales sindicales, autorizó a los Ministerios del Interior y de Defensa Nacional a requisas (13 de junio de 1968).

    Unos días después, el 24 de junio, por decreto 403/1968, militarizó a los funcionarios del Banco Central y del Banco de la República; el 1º de julio militarizó a los funcionarios de Ancap, OSE, UTE y Dirección de Telecomunicaciones. Restablecida la “calma”, mayormente perturbada por las medidas del gobierno y la áspera represión policial, el 15 de marzo de 1969, por decreto 287/1969, el presidente disolvió el partido legal Partido Obrero Revolucionario (trotskista) y clausuró la publicación “Frente Obrero”; el 17 de junio clausuró el diario “Extra”, que vuelve a clausurar el 25 de junio; el 8 de julio se clausuran el semanario “Democracia” y el diario “Acción”; el 11 de julio, clausura “Izquierda”; y el 17 de julio “Los Principios”.

    El 26 de julio de 1969, por decreto 354/69, pasó todos los límites y dispuso la militarización de los funcionarios de los bancos privados: hay que creer que unos estudiantes agitados y unos bancarios de paro por la aplicación de un convenio sobre salarios son un caso grave e imprevisto de “conmoción interior”.

    Las “medidas prontas de seguridad” fueron levantadas por la Asamblea General, pero fueron reimplantadas de inmediato por un presidente en abierto menosprecio de la Constitución. Cierta astenia dentro de los partidos políticos impidió que se promoviera el necesario juicio político para destituirlo, y este fracaso suscitó o alentó la idea de que se estaba llegando a un límite en que podía y hasta debía ejercerse, aun por la fuerza de las armas, el “derecho de resistencia a la opresión” que la Constitución uruguaya incluye en la enumeración genérica de su artículo 72.

    Muchos se convencieron de la legitimidad de volver a ejercer esa pasión por la libertad que tanto admiró Hudson en uno de los últimos capítulos de “La tierra purpúrea”, página que es el más hermoso canto del amor al Uruguay que se haya escrito y que ningún uruguayo lee.

    Los tupamaros, que en 1967 estaban en plena derrota por la acción de las fuerzas policiales, recibieron de manos de Pacheco Areco la bandera de la libertad. “Nosotros”, dice Eleuterio Fernández Huidobro, “estábamos muy golpeados. Se ha dicho que la Policía era ineficiente: mentira. Yo tengo que hacer justicia con mis enemigos… nosotros como organización estábamos casi en la lona”. (Citado por Lessa, “Estado de Guerra”, pág. 201). Con razón dijo el mismo Fernández Huidobro que “Pacheco es el hombre que más reclutó para la izquierda uruguaya ¡por lejos! En forma abrumadora y que además generó la mística de la izquierda” (Id., pág. 203).

    Dr. Jorge Arias

    CI 461.327-7