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    jueves 18 de julio de 2024

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    La medicina, el paciente, el médico

    Sr. Director:

    La Medicina, entendida como una mezcla de arte y ciencia, pretende descifrar el desempeño de cada componente del ser humano, sus funciones y alteraciones, en todo momento de la vida a fin de solucionar problemas. Siendo su razón de existir los pacientes, a quienes los médicos nos debemos, porque sin ellos no existe la Medicina.

    Durante el ejercicio profesional se aprende a conocer a las personas en diferentes escenarios, mas allá de las circunstancias y condiciones que el médico debe enfrentar, guardando siempre el compromiso con la existencia. Las coyunturas templan el alma: la vida se debate y pide acciones vitales, decisiones que pueden ser determinantes de la vida.

    El accionar en la relación médico-paciente-familia es crucial en todo momento mediante una comunicación clara, a fin de, con conocimiento, emitir diagnósticos, manejo y pronóstico, en un diálogo sincero que el profesional debe abordar con eficiencia. El saber decir no sé, no estoy informado, abandonando la soberbia, es un camino que debe aprender. No escudarse en protocolos, o medios para esquivar los problemas: es parte de la buena relación entre seres humanos sumergidos en circunstancias de variada entidad y de la cual nadie está libre. Es el deseo, porque somos iguales y expuestos a las mismas contingencias, donde esperamos lo mejor. ¡Qué bueno si fuese así!

    La mala atención, su mercantilización y debacle técnica se debe a múltiples factores. Entre ellos emerge la vorágine de la vida actual, las mutaciones infligidas a la enseñanza y la formación en sus más diversos órdenes; sumados a la premura y ambición, entre ellas de dinero y la pérdida de los valores de las personas. Como resultado, el doliente se transforma en un número o adjetivo, una cama de hospital, sin identidad propia. El doctor frustró su lugar en el mundo, es ahora un producto más de la organización, si se puede llamar así: pierde responsabilidad o delega a un responsable virtual: la entidad donde se desempeña.

    Dispone de escasos minutos de atención/paciente, similar a una línea de montaje: maquinita maléfica que expone al error. Ello se implementó desandando el camino, socializando, según términos de moda, más bien comunizando. Así llegan algunos sujetos, quienes apoyando este aparato les transfiere dinero de forma ágil, sin dedicación, perdiendo las cualidades de señor y de doctor. Esta estructura logró que los facultativos-empresarios, algunos emparentados ideológicamente a los gobernantes y a los dueños de la enseñanza, hagan uso de las circunstancias, del médico y, lo peor, de los pacientes.

    Cuando algo se sale de curso y se hace público, inmediatamente surgen los defensores, llámense sindicatos u otras variedades de salvaguardias, protegiendo a los mal llamados doctores que no curan sino que se visten de méritos derivados del presente irracional y el clásico autobombo del sistema que digitaliza quiénes son buenos y malos, porque no existe el reconocimiento al trabajo ni experiencia que valga.

    ¿En qué termina? Médicos acusados, médicos agredidos, e inmediatamente surgen los protocolos de actuación. ¿Por qué? ¡Hay que tapar los agujeros del desastre! Y, ¿antes, qué pasaba? Simplemente, no sucedía porque el galeno era persona respetada y responsable. Esa reverencia se perdió, prevaleció el deterioro social, académico, técnico y pasó a ser una mera pieza descartable del proceso impuesto. Con el apoyo cómplice de pobres señores abrazados a implantes de izquierda con $ de derecha es la razón de este accionar con el mismo fin, $, y seguir sin futuro. Ratificado en los medios periodísticos al ofrecer la opción de soluciones fuera de fronteras: confesión del fallo del modelo.

    Ocurre que no existe un debido control organizativo, científico, apolítico calificado sobre la actividad médica en toda su escala técnica, su desempeño, su calidad, ni actualización.

    Necesitamos un modelo organizativo científico-técnico, apolítico, que controle el comportamiento del facultativo, lo juzgue, proteja o sancione cuando corresponda en los terrenos que le incumbe. Por supuesto que no escapan los demás integrantes del elenco estructurado de atención y el sistema en sí.

    El pueblo no se toma más la pastilla pues mantiene la orga, cara e ineficiente con una respuesta a la vista: cambio. Desarmar la maraña, terminar con el sistema donde mandan los votos e ideologías en lugar de entendidos, con la primera premisa, cumplir los objetivos.

    Final de la parodia.

    No más funcionarios, sino calificados y comprometidos. Fin de los méritos de papel, las puestas a dedo con genuflexión incluida a viejas y gastadas entelequias, quienes no nos representan. Cánceres de la nación.

    El camino transitado da las señales de cómo hacerlo, pero con gente decidida a progresar y apoyo de la población para restituir la eficiencia.

    Solo se necesita saber y querer copiar bien el modelo aplicable a tan pequeño país, cambiando el “aquí no se puede” por aquí se puede, si se cumple con respeto a la nación y su Constitución.

    Carlos Sarroca

    Médico

    CI 1.790.459-8

    Cartas al director
    2017-08-24T00:00:00